El jueves 28 de enero de 2016 no será un día más para la Justicia ordinaria de Salta. Esa jornada el Tribunal de Juicio de la Sala III, integrado por los jueces Pablo Farah (presidente), Carolina Sanguedolce (vocal) y Ángel Longarte (vocal), condenó a José Javier Aramayo a 16 años de prisión efectiva por ser considerado autor material y penalmente responsable del delito de homicidio en contra de Marcela Mamaní, hecho que ocurrió el 16 de febrero del 2012. Por primera en Salta se llevó adelante una causa por homicidio sin contar con el cuerpo de la víctima. Al respecto, profesionales del Derecho dialogaron con El Tribuno.
"No es lo mismo el cuerpo del delito que el cuerpo de la víctima", señalaron los abogados Pablo Paz , quien ofició como fiscal, y Pedro Arancibia, la parte querellante en la causa, quienes tuvieron que fundamentar por qué el Indio Aramayo debía ser condenado pese a la ausencia de una prueba fundamental: el cadáver de la víctima, una joven salteña de 25 años. Varias horas más tarde los jueces tuvieron la responsabilidad de emitir el fallo.
En el país son ocho los casos en los que se juzgaron homicidios sin tener el cuerpo de la víctima. Uno de los más trascendentes fue el de Miguel Bru, el estudiante de La Plata desaparecido y asesinado por efectivos de esa ciudad en 1993. En este tipo de hechos los homicidas intentan planificar el crimen de manera tal que la desaparición del cuerpo de la víctima termine jugando a su favor. Sin embargo, hoy la Justicia moderna tiene la potestad de accionar en pos de la verdad más allá de una prueba tan importante como es el cuerpo de la víctima.
"Lo que se castiga en el delito de homicidio es el acto de matar, una de las pruebas más contundentes de ese acto es encontrar el cuerpo de la víctima. Hoy en día la criminalística avanzó tanto que existen distintas maneras de probar que se cometió un acto de matar, sin la necesidad de haber encontrado el cuerpo", expresó el abogado penalista Juan Casabella Dávalos, y agregó: "Prácticamente en todo el mundo rige lo que se conoce como el sistema de la sana crítica racional, según autores españoles. Ello significa que en el proceso penal puede arribarse a una conclusión en función de las reglas de la lógica, la psicología y la experiencia común".
Los penalistas reconocen que una condena por homicidio sin que se haya encontrado el cuerpo de la víctima es muy importante. En ese sentido, emitir una opinión respecto a la condena que sus pares aplicaron sobre una persona tiene un grado de meticulosidad extrema. No todos se animaron a expresar su punto de vista. Para interpretar el razonamiento que se aplica en este tipo de condenas, leer los expedientes y los fundamentos de la condena es esencial.
Casos de lesa humanidad
"Si bien son situaciones y casos diferentes, los crímenes de lesa humanidad, donde se juzgó a los represores sin que los cuerpos de las víctimas hayan aparecido, sirven como antecedentes. Me parece que juzgar este tipo de hechos, donde el cuerpo de la víctima no aparece, sin condena crearía una situación de impunidad preocupante". apuntó la doctora Tania Kiriaco.
"Aun con la ausencia del cuerpo, en los casos de lesa humanidad se estaba en condiciones de condenar por homicidio por el nivel de responsabilidad y el poder que detentaban los represores. En Argentina se llevó a cabo un plan sistemático de desaparición de personas con responsabilidad de los genocidas".
Independencia de los jueces
"Cada Tribunal, cada juez es independiente en las decisiones que deben tomar, tienen sus criterios y sus improntas para interpretar determinados casos", expresó el juez federal Miguel Medina. El doctor también indicó que se aplica lo que se llama "la sana crítica racional, es decir no hace falta el cuerpo para condenar. El tribunal bien puede considerar probado que el hecho existió aun sin contar con el cuerpo, para eso hay que ver los medios y las pruebas que el tribunal analizó y valoró para llegar a la conclusión de emitir un fallo. Evidentemente consideró que las pruebas son suficientes para condenar, hay que ver cuáles son y si hubo una valoración racional de las mismas".

Los casos precedentes
En todo el país, hasta el miércoles, eran siete los fallos por homicidio sin el cuerpo de la víctima.
Miguel Bru 17/8/1993 (La Plata)
El estudiante de la Facultad de Periodismo de La Plata desapareció en 1993, tras denunciar a policías de la comisaría 9ª por un allanamiento ilegal en su casa. Desde ese momento Miguel Bru fue hostigado por efectivos. Seis años después se llevó a cabo el juicio donde el testimonio de varios detenidos en esa comisaría más otras pruebas permitió comprobar que Bru había sido torturado hasta la muerte en esa dependencia. Recibieron prisión perpetua Walter Abrigo (fallecido) y Justo López.
Miguel "El Gaucho" Vera 8/4/2001 (Córdoba)
El Gaucho Vera desapareció el 8 de abril del 2001 en el paraje Cerro Negro, cercano a Vª Albertina, en Córdoba. Su hermano, Ariel Eligio Vera (57) lo mató de dos balazos y ocultó el cadáver. Fue condenado a 10 años de prisión sin haberse encontrado nunca ni el cuerpo ni el arma. El debate oral y público se desarrolló a fines del 2012 en la Cámara 3ª del Crimen, numerosas fueron las pruebas que evidenciaron el crimen, a tal punto que antes de la sentencia el acusado confesó su responsabilidad.
Annagreth Würgler 29/8/2004 (La Rioja)
En noviembre del 2007, en La Rioja, un tribunal condenó a 18 años de prisión efectiva al hotelero Alcides Cuevas por el homicidio simple de la turisa y bióloga suiza Annagreth Würgler. El cadáver desapareció el 29 de agosto del 2004 y jamás fue hallado. Había pruebas, como prendas de vestir de la mujer; uno de los argumentos fue que "Cuevas se relacionó con la víctima como operador turístico de la zona, negar haberla conocido fue un serio indicio de que algo debía esconder".
Beatriz Argañaraz 31/7/2006 (Tucumán)
El 22 de diciembre de 2009 dos exnovicias fueron condenadas a 20 años de prisión por el crimen de la docente Beatriz Argañaraz, desaparecida el 31 de julio de 2006 en Tucumán, sin que se encontrara el cuerpo. El fallo recayó sobre Susana Acosta y Nélida Fernández. Según argumentaron, el móvil del asesinato fue una diferencia laboral entre las imputadas y Argañaraz, quien estaba por ser designada directora de un colegio franciscano.
Stella Maris Pugliese 5/5/2007 (Buenos Aires)
El remisero Diego Hervatín fue condenado a prisión perpetua acusado de asesinar a su novia, Stella Maris Pugliese, embarazada de tres meses, desaparecida el 5 de mayo de 2007 en Buenos Aires. La investigación policial concluyó que la asesinó a golpes, la descuartizó y luego en una parrilla quemó las prendas de vestir y los pedazos humanos de la mujer. Además de las declaraciones de testigos, encontraron rastros de sangre en paredes, piso y muebles.
Marcela Monzón 25/9/2009 (Buenos Aires)
El 25 de septiembre de 2009, en Buenos Aires, Marcela Monzón fue asesinada por su esposo, Mauricio Severi, quien tras una discusión la mató de un balazo. Severi, quien se retractó de una confesión inicial, limpió la sangre de su mujer, tomo el cuerpo, lo cargó en su camioneta y lo enterró en un lugar que nunca nadie pudo encontrar. Fue hallado culpable de la muerte de su compañera, condenado a 16 años de prisión por homicidio calificado en 2012.
Roxana Núñez 1/3/2009 (Buenos Aires)
El móvil del crimen estuvo relacionado con que los asesinos sospechaban que la víctima estaba relacionada con la policía y los delataría en su práctica narco. En la madrugada del 1 de marzo de 2009 Juan Carlos Zárate (expareja), Néstor Leguiza y Alejandra Danza, la mataron en la casa de Zárate en Buenos Aires. Este último fue condenado a 20 años de prisión y la pareja de amigos a 18 años. La víctima vivía en España y estaba de paseo en el país.

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