Julieta es de Rosario de la Frontera. Está casada con Paul y juntos formaron una hermosa familia con 4 hijos, 3 mujeres de 9, 2 y 1 año y Juan, de 7, el protagonista de esta historia.
La vida del matrimonio era normal. Se casaron, tuvieron a su primera hija, Barbarita y después de un año Julieta quedó nuevamente embarazada. Así nació Juan, su primer y único hijo varón. A medida que fue creciendo, las sospechas de que algo no andaba bien eran cada vez más firmes ya que tenía dos añitos y no hablaba. El desarrollo de su hermana tampoco era el mismo que el de Juan y por eso decidieron hacerle estudios.
"Cuando nos diagnosticaron que tenía Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) se nos vino el mundo encima. Todos los sueños y proyectos que teníamos pensado para nuestro hijo no iban a poder realizarse. Jugar al fútbol, salir con sus amigos, tener una novia, todo lo que un chico normal hace, él no lo iba a poder hacer. Recuerdo que lloré todo el camino desde Salta hasta casa", expresó Julieta.

El diagnóstico

Ella se quedaba hasta las 6 de la mañana leyendo y hablando con un doctor de Brasil que tiene un centro de estimulación. "Uno siempre tiene la esperanza de que el diagnóstico no sea cierto. Compara y busca las características que no corresponden con la enfermedad. Yo pensaba que no hablaba y era muy estructurado como características heredadas de su papá", continuó la madre.
Cuando se habla de "estructuración", los niños con autismo (también pasa en adultos) tienen la necesidad de equilibrar constantemente cualquier hecho que les parezca fuera de serie. Juan, desde chico, siempre alinea las cosas y las pone a la misma altura. Por ejemplo, en las fotos que hay personas con distinto tamaño, él las recorta y las pone a todas a la misma altura. Lo mismo pasa con los juguetes.

Hacer feliz a un hijo

Sin embargo, como bien lo refleja su apellido, una leona toma fuerzas de donde no hay. Si bien el dolor seguía, sabía que algo tenía que hacer. "Recuerdo que Paul me dijo que aunque sea lo último que hiciera en su vida iba a hacer lo imposible para que su hijo sea feliz. Y así lo hace todos los días, es un padre ejemplar", describió la mujer.
Luego, Juan empezó a ir a la escuela. Lo llevaron a un colegio común, como niño integrado, con chicos que no tenían ninguna patología pero él debía tener una maestra especial.
Con el tiempo, sus padres se fueron dando cuenta de que no evolucionaba y sus expectativas no iban de la mano con lo que necesitaba el niño.
"Desde el año pasado está yendo a una escuela especial. Cuando llegamos fue un impacto muy grande para nosotros ya que es donde asumimos que nuestro hijo es especial. Pero hoy vemos cómo evolucionó, ya que le generaron los hábitos que le faltaban, como cambiarse, fijar límites, cepillarse los dientes, lavarse las manos, alimentarse", dijo Julieta a El Tribuno.
Juanse, nombre en homenaje a su bisabuelo, al igual que la mayoría de los niños con autismo, tiene problemas del desarrollo en tres áreas: el lenguaje, los intereses y la sociabilización. Para considerarse autismo tiene que tener afectada por lo menos una de esas tres partes. La falta de interés es una de las características principales. No miran fijo a la cara y tienen un lenguaje que se llama "ecolálico", el cual funciona como un eco ya que siempre repiten lo que uno les dice. También tienen déficit sensorial, es decir, tiene muy agudizados los sentidos.

Algunas características

"Juan se vuelve loco con los ruidos de los escapes de las motos o cuando una música está fuerte. En la comida pasa lo mismo. Los capeletinis los separa por color y los verdes no los come. A los 5 años recién pudo empezar a comer fruta porque no toleraba su textura. Al igual que tuvimos muchos problemas con sus dientes, ya que no soportaba la pasta dental ni la cerda de los cepillos", describió la situación la mamá.

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