María Vázquez, arquitecta y aficionada al dibujo, conoció un día a Sebastián, su marido. Tuvieron a su hijo Nippur, y lucharon legalmente para que ese nombre de personaje de historieta sea aceptado.
Lo lograron, pero María enfermó sin retorno y, a manera de despedida redactó un largo texto -que incluye simpáticos dibujos infantiles- dirigido a su hijo contándole cómo lo ama, qué piensa ella de la vida y de la muerte, de la esperanza y la cotidianeidad que la rodeó y de muchas historias de la familia; escribió también sobre el amor que prodiga a Nippur, hoy con tres años.
Como la historia no es una más, se tomó la decisión de publicarla como "El cuaderno de Nippur" (Ediciones Planeta, 2015) que terminó en un best-seller.
El libro es el recuerdo de una madre ausente, pero hecha presencia enternecedora para que su hijo la conozca y se perpetúe en la memoria de la letra, con su propio relato escrito. ¿Qué dirá Nippur cuándo sepa leer ese regalo?
El fin inminente le permitió pensar de otra manera y coronar toda su vida en la realización de un afán: hacer un texto original y autobiográfico, escrito como si no estaría por partir.
María elige el arte para despedirse y toma el derecho de que su angustia se sublime o se transforme en literatura, dibujos y ocurrencias para su hijo.
"El cuaderno de Nippur", es la vivencia que le permitió comprender la diferencia entre la presencia y la ausencia al final del camino. Ella salió a buscar un lector, en principio Nippur, pero sabía que habrían más interesados en conocer cómo fue su abnegación frente a lo real de la desaparición, pero solo física.
El filósofo Joseph Renan se imponía "no hallar límite al horizonte que ante mí se abre"; la sublimación por vía de "El cuaderno de Nippur", extendió el límite de María y abrió otras puertas a su corta vida.

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