Desde las restricciones para participar en las exposiciones en Salta hasta los serios incidentes registrados en Neuquén, donde la reunión tuvo que ser suspendida, la primera jornada de la audiencia pública por el tarifazo del gas dejó una sensación de poco debate y mucha exposición política.
Las marchas de sectores sociales y sindicales que se cumplieron en los centros virtuales y en la Usina del Arte en Capital Federal hicieron el aporte a un clima altamente politizado, que dejó poco lugar para el debate técnico y la confrontación de cifras y realidades.
Es inocultable que el ministro de Energía, Juan José Aranguren, avanzó en esa línea, pero no logró disipar la incómoda sombra del tarifazo que, en cualquiera de sus formas, tiene el estigma social y cuenta con las líneas kirchneristas siempre comedidas y dispuestas a defender la doctrina subsidiaria frente a la opinión pública.
El planteo inmediatamente posterior de los empresarios, ávidos de una rápida recomposición de ingresos, terminó por exaltar los ánimos en la teleconferencia que en simultáneo se efectuaba desde Ushuaia, Neuquén, Salta, Córdoba, Paraná, Mendoza, Rosario y Santa Rosa. Las próximas exposiciones de legisladores hacen prever que se mantendrá la carga partidaria, aunque sería una buena oportunidad para plantear otras estrategias.
A mediados del año pasado, un completo documento de exsecretarios de Energía de la Nación advertía sobre el desmembramiento de la producción y la matriz energética en el país, luego de años de políticas aplicadas a las importaciones, sin reparar en las inversiones de las cuencas propias.
Ese documento puede ser el camino al entendimiento. El análisis objetivo para superar este inaudito desbarajuste energético debe estar por encima de cualquier especulación política.

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Sección Editorial

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