No hay magia en los botines

Rodolfo Ceballos

No hay magia en los botines

Lionel Messi donó un par de sus botines usados para una subasta solidaria en un programa de televisión de Egipto.
El portavoz de la Federación Egipcia de Fútbol, Azmi Mogahed dijo: "Sé que es judío. Hace donaciones a Israel y visitó el Muro de las Lamentaciones" y agregó: "los pobres de Egipto no necesitan ayuda de alguien que es judío o de nacionalidad sionista".
En la cultura del país africano, los zapatos son considerados como lo más bajo, pues literalmente tocan el piso y son objetos sucios. Así, los botines quedaron degradados, no provenían del fútbol mágico de Messi.
Había aparecido el odio racial en contra del jugador. Esa interpretación es un odio al ser de Messi, pasión antigua que produjo muchas crisis humanitarias y destrucciones de símbolos.
El odio al ser de una raza o religión parte de un mal entendido. Afirma el discriminador ser omnipotente, y hasta llega a planear la destrucción o segregación del otro.
Lo grave es que esta pasión violenta es íntima a cada sujeto racista, el goce de odiar que tiene esta civilización binaria: una cultura se cree mejor a la otra, y viceversa.
Esta pasión también es "éxtima" al sujeto.
El psicoanalista Jacques Lacan inventó el concepto de "extimidad" para explicar una paradoja, que lo éxtimo también es lo íntimo al sujeto, aplicable, por ejemplo, al racismo contra los botines que sufrió Messi.
El futbolista fue representado como un donante extraño para los egipcios, un mal "éxtimo" que cosechó segregación y violencia.
El jugador y la presentadora fueron llamados "hijos de zapato" por la donación.
El ídolo, tal vez, pensó sobre el choque de cultura que protagonizó en la filosófica frase del exfutbolista y escritor, Angel Cappa, en torno de los avatares de un jugador: "El triunfo y la derrota son dos impostores".

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