Hay experiencias que se bastan a sí mismas para transformar como concebimos el mundo, para modificar nuestra mirada y devolvernos a la vida con flamantes posiciones, con renovadas ideas. Eso mismo está experimentando hace dos años Juan Cañizares (33), profesor en Ciencias Políticas y artista plástico. Él migró a Bruselas (Bélgica) y la "capital de Europa" lo abrazó con toda su calidez y profundidad hasta enriquecer aún más su sentimiento de comunidad, de arraigo y de humanidad.
"Sin ánimos de arrogancia, intento que los lugares no me determinen, intento que sean espacios de mis desplazamientos, ilusiones, objetivos y formas. Sin dudas hay contextos más propicios que otros, y unos te permiten más que otros, pero todos sabemos que al fin y al cabo todo siempre va con vos adonde vayas", reflexiona sobre el allá y el acá, a más de doce mil kilómetros de Salta y trasluciendo su capacidad de ver por encima de lo evidente.
Juan llegó a Bruselas en septiembre de 2013. Esa ciudad acoge las sedes de numerosas empresas nacionales y extranjeras, y de grandes instituciones políticas tanto belgas como de la Unión Europea (la Comisión, el Parlamento y el Consejo de Ministros). Además de centro político y administrativo de Europa, por sus plazas, monumentos y magníficos museos es una de las capitales más bellas del mundo.

De lenguas

El primer aprendizaje al que se sometió Juan en su calidad de inmigrante fue el de las lenguas extranjeras: francés y neerlandés. "Empecé a ser consciente de lo importante que es aprender a escuchar, educar la escucha. Cuando eso se realiza como proceso humano las palabras tienen y salen con otra energía... Desde ya el punto de partida fue otro, contemplar desde la escucha, y eso creo que es algo bueno, como también lo es el silencio cuando no hay nada por decir o cuando es necesario madurar el pensamiento", describe. Sin embargo, el riesgo de la imposibilidad comunicativa para un migrante es alto. "Si bien estaba aquí con mi pareja, al principio he pasado mucho tiempo solo y hubo días en los que no he hablado con nadie. Sin duda fue aprender de todo y quizá eso es lo que más me ha costado: armar un proyecto propio y tomar la decisión de llevarlo a cabo", recuerda. Justamente el francés fluido y "un muy mal hablado neerlandés" le allanaron el terreno para sus experiencias de trabajo.
"Pude llegar a colaborar modestamente en el Kunstenfestivaldesarts, un festival que reúne lo experimental de la danza, el teatro, el cine y el arte. Así pude conocer otras maneras de trabajar la cultura, bajo otras concepciones y otros procesos de producción de piezas que llegaban desde Taiwán, Nueva York, Berlín, Buenos Aires, etcétera", relata. Luego las oportunidades se fueron concatenando por obra del destino.

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La muestra

En Bon, una institución del gobierno neerlandés de Bélgica, Juan llevó a cabo un proyecto en el que trabajó con la historia fotográfica de las madres del personal que allí estaba empleado, enfocándose en la multiculturalidad que le ofrecían esos retratos. El impacto que produjo el conjunto de imágenes de mujeres originarias de países como Irán, Marruecos, Polonia, Alemania, El Congo y Bélgica puso a Juan a la puerta de otra ocasión favorecedora. Esos clientes le compraron tres de esas fotos para integrar a su colección. "Así conocí a Razia, una amiga portuguesa que me contactó con la Galería Rossicontemporary, con la cual inauguré una muestra que duró del 23 de enero hasta ayer", explica. La Rossicontemporary es, desde 2008, un ambiente propicio para jóvenes artistas belgas y de otras nacionalidades que se dedican a la pintura, el dibujo y la fotografía contemporáneas. Juan aquilata esta ocasión de poder comunicar su arte. "Los espacios para el arte de aquí son lo que más me maravilla. No hay grandes edificios que se impongan como megamuseos. Esto es muy consecuente con lo modestos que suelen ser los belgas, pero la programación de los museos es realmente seria y profesional, lo cual disfruto mucho e intento ir a ver todo lo que puedo", dice. A continuación destaca la posibilidad de visitar exposiciones interesantes, conocer otros ritmos de producción y un sólido sistema de mercado para el arte. Bruselas, en la mirada de Juan, se presenta como una ciudad que acerca al ciudadano a las dimensiones humanas del arte y a los derechos culturales.
"El año pasado un amigo me regaló un abono por un año para asistir a la Ópera Nacional de Bélgica. Así pude ver todas las piezas, conocer a los artistas, visitar los ateliers y asistir a algunos ensayos. Fue una experiencia maravillosa, que me acercó a un mundo absolutamente increíble. Como así también volví al mundo de la danza contemporánea y al cine, que llegó por otra amiga y ahí estoy, metiéndome de a poco", cuenta entusiasmado.

"Los belgas son modestos"

Consultado acerca de las diferencias entre belgas y argentinos, Juan se muestra cauto. "Si tuviera que hacer una descripción general de cómo son los belgas lo primero que habría que decir es que no existe aquí una cultura dominante que configure una identidad bien demarcada. Por lo tanto, entran en juego las subjetividades y, sin dudas, las características regionales demarcadas por las lenguas que hablan cada una de sus regiones", arriesga. Sin embargo, no abandona su identidad de "buen argentino, amante de las generalizaciones y opiniones apresuradas" y añade: "A los belgas les gusta llevar una vida modesta. No son muy amantes de las grandes ciudades, siempre están dispuestos a compartir una buena cerveza belga, cuidan mucho a los animales y les gusta la naturaleza". Hace una salvedad no del todo favorecedora: "Ellos nunca dicen lo que realmente piensan, no son directos para decir las cosas. Esto creo que es por la idea del respeto que aquí se maneja".
Existe una pregunta obligada para los Lejos del pago, que desencadena una súbita toma de conciencia en algunos o incluso libera energía atascada en otros: ¿Qué debiéramos aprender de los belgas y ellos de nosotros? "Considero que cada lugar desarrolla una cultura y con ello un patrón de comportamiento acorde con su tiempo. A veces -por suerte- hay adelantados que proporcionan cambios profundos, rompiendo estructuras y haciendo que sociedades enteras evolucionen y avancen hacia aquello que las mismas consideren importante. Desde ese lugar lo que me maravilla -allá y aquí- es el comportamiento humano y las manifestaciones que este puede adquirir según el contexto. Pero claro está que ciertos comportamientos -allá y aquí- me desagradan. A otros los considero hermosos, otros me afectan y otros los logro adquirir. Es nada más que eso", simplifica (o complejiza).

"Extraño Salta"

En la serie de fotografías de su último proyecto, el que fue expuesto hasta ayer, Juan trabajó un posible cruce conceptual entre la pintura y la fotografía, atravesado por la memoria y los recuerdos. Para ello tomó como punto de partida lo autorreferencial: a sus padres. ¿Será que extraña?
"Creo que al origen siempre se vuelve. Ha pasado poco tiempo desde que me fui, pero sí que extraño", se sincera.

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