Desde principios del siglo XX la comunidad científica dirigió su atención hacia la dañosa relación entre sobrepeso, obesidad y cáncer. Si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había reconocido que los kilos de más y la acumulación de grasa favorecían la aparición de seis tumores (de mama en mujeres que han superado la menopausia, esófago, riñón, útero, endometrio y colon), en agosto pasado sumó a esta ominosa nómina ocho más. Luego de revisar más de un millar de estudios, su conclusión es que existe suficiente evidencia para afirmar que el exceso de peso está relacionado con la aparición de tumores digestivos como el cardiasgástrico (zona de unión del esófago y el estómago), de hígado, vesícula y páncreas. También encontró pruebas determinantes en cánceres no relacionados con el tracto digestivo como el de ovarios, tiroides, el meningioma (tumor cerebral benigno) y el mieloma múltiple (un cáncer de la sangre).
De esta manera, ya existen datos suficientes para afirmar que eliminar el exceso de grasa corporal es un factor protector frente al cáncer.
La revisión que permitió emparentar el sobrepeso y la obesidad con ocho tipos de cáncer cuyo vínculo con el exceso de peso se desconocía fue elaborada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), una institución dependiente de la Organización Mundial de la Salud y que trabaja en prevención del cáncer. El análisis fue efectuado por una veintena de expertos internacionales independientes que han revisado más de un millar de estudios que incluían análisis del comportamiento de varias generaciones, experimentos con animales e investigaciones en pacientes reales. El informe, además, duda de que la ausencia de un exceso de grasa corporal reduzca el riesgo de morir por cáncer de próstata, cáncer de mama masculino o linfoma de las células B grandes. No lo descarta por completo, pero sí indica que existe una evidencia limitada. También se reconsideraron los datos disponibles sobre la obesidad en niños, adolescentes y jóvenes de hasta 25 años para determinar si esta condición elevaba su riesgo al llegar a la edad adulta. La respuesta fue afirmativa. Se encontró que para algunos cánceres, como el de colon y el de hígado, la asociación entre sobrepeso y cáncer era similar a la observada para los adultos. Por ello, el director del IARC, Christopher Wild, dijo públicamente que este informe debe animar a la población a encontrar formas efectivas, individuales y colectivas de aplicar las recomendaciones de la OMS respecto de los hábitos alimentarios y el ejercicio físico si se quiere combatir el cáncer.
"Para cortar a la mitad el cáncer en el mundo, importa la grasa corporal, especialmente la que se acumula en el tronco, y los kilos de más. Sin tabaco y sin sobrepeso podríamos reducir en un 45% el cáncer en el mundo", aseguró Wild.
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Todo cambia
En diálogo con El Tribuno, el oncólogo clínico Ricardo Kirchuk, quien trabaja en el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, y en el Instituto Nacional del Cáncer de la Argentina, señaló que la relación entre la alimentación y determinados tipos de cáncer es bastante clara.
Así, a principios del siglo XX el cáncer que más prevalecía era el de estómago y esto se derivaba del consumo de ciertos alimentos. Por ejemplo, por nitritos y mala cocción de frutos de mar tenía alta incidencia este tipo de cáncer en poblaciones como la chilena, la japonesa y la costarricense. Mientras que en nuestro país -por el hábito de consumir carnes quemadas al carbón, como los asados y churrascos- existía una mayor prevalencia de cáncer de colon e intestinal.
"El caso más grosero es el que produjo el consumo de grasas saturadas en la población japonesa. Ellos hasta 1900 casi no tenían cáncer de mama, pero cambiaron sus costumbres y entonces empezó a crecer el cáncer de mama prácticamente a un nivel muy similar al del mundo occidental", señaló.
Luego detalló que para padecer un cáncer, una persona debe vincular elementos: uno genético, es decir, heredado de sus progenitores, que entra en combinación con factores medioambientales y entre estos se halla la alimentación.
"La propensión es genética, pero ayuda mucho el medio ambiente. Es claro que uno puede tomar sol y quemarse como un sapo, pero si uno no tiene los genes para hacer un melanoma o un cáncer de piel, solo va a tener quemaduras. Es muy claro lo que pasa con los escoceses e irlandeses que se trasladaron a Australia, donde reciben muchísimo sol: los que tienen predisposición genética contraen cáncer y los otros no", amplió.
Hábitos saludables
Acerca del último informe emitido por la OMS en relación con el cáncer, el Dr. Kirchuk subrayó que viene a confirmar que las dietas con restricción de calorías disminuyen el riesgo de padecer la enfermedad. Incluso el estudio va más allá al reconocer que mantener un peso adecuado es un factor reductor del riesgo potencial de cáncer.
"Para reducir el riesgo de cáncer hay que tener hábitos saludables en todo sentido. Hacer ejercicios, alimentarse lo mejor posible, y eso no significa comer comida vegetariana o hacer una dieta estricta, sino comer algo lógico", destacó. Así, un buen comienzo sería excluir de la dieta los embutidos y los alimentos que contengan grasas saturadas de origen animal, relacionados también con la aparición de enfermedades metabólicas y de diabetes.
Sin embargo, tampoco la restricción debe alcanzar los ribetes del exceso. "Si uno está acostumbrado a comer salamín o embutidos, va a hacer enfermedades rápidamente, pero si uno hace una dieta variada y cada tanto come un embutido, eso no le va a hacer mucho impacto. Comer bien significa comer variado, con menos sal y menos grasas saturadas", definió.
Acerca de los lácteos, en la mira de los químicos, dietólogos y nutricionistas de vanguardia, dijo que "el problema de los lácteos es que lo más importante de la leche es la grasa, una grasa de origen animal. Si uno consume muchísima grasa en su vida no hace bien, pero si lo hace dentro de una dieta variada y amplia, tampoco sería tan estricto como para restringirlo".

La situación en Argentina

Incidencia: se encuentra dentro del rango de países con incidencia de cáncer media-alta (172,3-242,9 x 100.000 habitantes), según estimaciones realizadas por la Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer IARC para 2012.

Casos: la IARC ha estimado para la Argentina una incidencia en ambos sexos de 217 casos nuevos por año cada 100.000 habitantes, basándose en datos provenientes de Registros de Cáncer de Base Poblacional (RCBP).

Por géneros: el cáncer de mayor incidencia es el de mama en mujeres, con una tasa de 71 cada 100.000 mujeres, seguido por los de próstata (44 x 100.000) y pulmón (32,5 x 100.000) en hombres.

60 mil muertes por cáncer al año se producen en el país, lo que equivale al 20% del total.

Hay que restringir las grasas saturadas

Por Patricia González, ingeniera química del INTI Salta


Todas las grasas nos proporcionan una forma concentrada de energía. Además, dentro de nuestro organismo son esenciales para transportar vitaminas liposolubles (que se pueden disolver en grasas) como vitaminas A, D, E, K, y para proteger nuestros órganos vitales. Las saturadas son un tipo de grasa que se encuentra en alimentos de origen animal, como leche, queso, carnes, manteca, grasa animal, fiambres y embutidos.
Debido a que muchos productos de panadería, las galletitas y los chocolates se elaboran utilizando grasa de origen animal, estos alimentos también contienen grasas saturadas. Estas provocan el aumento en los niveles sanguíneos de colesterol total y LDL (malo).
Por este motivo la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un consumo máximo de grasas saturadas menor o igual al 10% de las calorías de la dieta.
Por lo tanto, es recomendable reemplazar los alimentos con grasas saturadas por alimentos que contengan aceites vegetales (de girasol, oliva y maíz).
En cuanto a los alimentos envasados como las galletitas, de las que hay una gran variedad, debemos mirar los ingredientes que contienen y evitar comer las que tengan grasas de origen animal.
Además, si consumimos carnes rojas debemos elegir cortes que tengan la menor cantidad de grasa posible, y si comemos pollo quitarle la piel, que es donde se acumula la mayor cantidad de grasas saturadas.
Si se tiene sobrepeso u obesidad cualquier tipo de grasa es perjudicial, y por ello hay que reducirlas, la diferencia es que las grasas saturadas, además, nos perjudican al aumentar el colesterol en sangre y el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.


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