La Argentina superó el default que más fácilmente podría haber evitado, no sin enormes pérdidas en términos de lo que debió pagarse de más y de las oportunidades de crecimiento perdidas. De todos modos, la oferta de bonos fue verdaderamente exitosa por la cotización sobre la par que consiguió, lo que representó una ganancia de capital importante. Lo que sigue ahora es en qué se aplicarán, no ya los dólares conseguidos, que "entran por una puerta y salen por la otra", sino los que podrá conseguir, también a tasas razonables. Habría que preguntarse en qué se gastarán. Probablemente una parte se destine a obra pública -Plan Belgrano- pero inevitablemente, otra parte deberá volcarse a financiar el déficit fiscal que difícilmente baje en proporción al PBI, ya que este último por ahora no va a crecer mucho, y el gasto público tampoco bajará demasiado. Habrá que ver si el impulso de la obra pública logra desperezar el PBI, porque, por ahora, las inversiones externas y las internas seguirán en dosis homeopáticas, hasta tanto se vislumbre una Argentina más ordenada, sobre todo en términos de inflación.

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