"A mí me hubiera encantado tenerlo a Baeza en Gimnasia Formativa para trabajar la parte atlética y para que me exija mucho". Muchacho de "veintipocos", viajando a pie dentro del cole, a muchacha de la misma edad. Línea transversal. Primera rotonda de Tres Cerritos. 13 H. Salta Capital.
En muchas ocasiones lo que "la gente anda diciendo" se transforma en una nota.
Gustavo Baeza (59) está a un año de jubilarse del nivel secundario. Por teléfono es una voz amable, que suena tan comprensiva que provoca comentarle inquietudes personales para que aconseje. En la memoria de esta periodista él corre a buen ritmo los sábados por las mañanas por la avenida Roberto Romero -ida y vuelta hasta el aeropuerto- junto con un grupo de adolescentes confiados en su líder. En la foto de Pablo Yapura se lo ve un hombre con contextura de muchacho y mirada recia.

El "profe" Baeza cuenta que cuatro décadas atrás su inclinación inicial era ser veterinario, pero que la carrera no existía en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Hizo el curso de ingreso, lo aprobó y recorriendo las facultades, se dio con la escuela de Educación Física. "No era de mi agrado, es decir, tenía habilidades, pero no era lo que yo buscaba. Nunca pensé en llegar a ser docente; pero, bueno, recién en el tercer año supe a lo que me iba a exponer: a estar en frente de alumnos y tratar de brindarles todo lo que uno aprendió", relata. Dice que lo suyo es ser profesor de Educación Física, entonces, desde el 18 de marzo de 1980, cuando tomó tres horas cátedra en el colegio secundario N´ 5033 Dr. Ernesto M. Aráoz.
"Cuando llegué al Intersindical vi que dentro de una manzana había una casa nomás, no había infraestructura de colegio. Y entonces pregunté si ahí era y me dijeron que sí y que faltaba un profe para agarrar tres horitas. Las tomé porque no tenía nada en mano", cuenta. También pasó por otras escuelas y colegios, la pública y la privada, y hasta por el jardín de infantes.
Añade que recién cinco o seis años después dimensionó la influencia que tenía sobre los alumnos y ahí le cobró más cariño a su profesión. Hace veinte años ese compromiso lo llevó a correr por la zona sur de la ciudad con los alumnos que competían en los intercolegiales de atletismo representando al Aráoz y a Salta. "Ese grupo de alumnos estaba dispuesto a todo. Era algo extra que hacíamos por gusto. Nos juntábamos y salíamos a hacer actividad física durante una hora", recuerda. Esta estampa se repitió durante cinco años y ese pacto entre caballeros duró mientras esos jóvenes permanecieron en el sistema escolar. "Ellos egresaron y no hubo un semillero que les siguiera. Luego hubo ciertas actitudes de otros chicos, pero para otros deportes, no para atletismo o gimnasia", señala.

La era de la comida chatarra y los jóvenes hiperconectados no parece ser la más agradable para un profesor de Educación Física tan dedicado. "Esa es una charla que mantengo con los chicos de cuarto y quinto año. Ellos me atienden y están tratando de cambiar sus hábitos de vida porque son conscientes de que así no van a pasar de los 50 o 60 años. Su alimentación no es buena, tienen muchas salidas nocturnas y notan que el cuerpo se les resiente. Yo les digo que esto no es para dos días o para la próxima semana, es para que lo hagan en los próximos cuarenta años. Ese es el mensaje que les dejo para que vean que es algo que sí se puede lograr", comenta. Educación Física es una materia a la que el cuerpo puede oponer sus razones. De hecho, es un ámbito que tradicionalmente ha generado bullying docente.
"Depende de la persona que está al frente, argumenta Baeza- Dentro de mis horas, nunca hubo un trato diferente hacia la otra persona que tuviera problemas. El trato y la confianza que uno les da es igual a todos. Trato de que el joven que se siente menos que otro no compita con su compañero sino consigo mismo. Que practique y luego vea cómo ha superado sus miedos". El trabajo es firme y sutil. "El alumno trata de explayarse con todo lo que tiene internamente, ya sean saltos, movimiento, carrera, flexiones, creo que disfruta y hasta quiere quedarse", dice.

La universidad

En 1984 Baeza recibió una propuesta de la Escuela de Educación Física de la Universidad Católica. Por la casa de altos estudios dejó el sueldo seguro de la primaria. Nunca se arrepintió y actualmente integra la comisión de la cátedra Gimnasia Formativa de primer año del Profesorado de Educación Física. Puesto a reflexionar sobre si la profesión es valorada en el mercado analiza que "el docente por lo general busca su refugio en los colegios, pero hay algunos campos donde sí puede estar cumpliendo perfectamente funciones como centros terapéuticos y gimnasios privados, aunque hay instituciones que no los valoran como tiene que ser. Ellos tratan de bajar un poquito los gastos y el profesor como no tiene otro trabajo se tiene que quedar". Luego acota que entrar en la administración pública es más difícil que hace unos años.
"Está totalmente superado. Es uno de los problemas que están estudiando actualmente. En la universidad se les hace saber a los chicos que se inician sobre la posibilidad laboral. Hay profes que se recibieron hace ocho años y no han tenido la posibilidad de ingresar. Y si no bajan la jubilación a una edad más temprana, esos chicos nunca van a poder trabajar. Es demasiado el tiempo que estamos frente a los alumnos y la cantidad de horas. Eso genera problemas, un gran estrés", expresa.
A Baeza le resta un año para jubilarse del nivel secundario, aunque seguirá dando clases en la Ucasal. Le preguntamos si volvería a ser docente.
"Como está actualmente no sé, si fuera hace 20 años, le hubiera dicho que sí. La generación actual es complicada. Los chicos tienen ahora otras reacciones, hasta tratan de cambiar la forma en que se da la clase. Llego con la clase pensada y la tengo que cambiar porque ellos están pensando otra cosa", se sincera, pero no llega a engañarme.
Existe un proverbio viejo e infalible: "Si quieres aprender, estudia. Si quieres aprender más, estudia con buenos maestros. Si quieres aprender mucho más, enseña", que indefectiblemente habita el corazón de los profesores entregados. Por eso le cuento el caso de los alumnos de la Ucasal en el colectivo, que presencié. Le sentimos emoción en la voz. "Creo que valoran lo poco que uno puede dejarles. Es lo que uno le va ganando a la vida poco a poco. Lo que tengo es una gota en medio de una tormenta, pero me llena de satisfacción darlo. No tuve todas las verdades pero las pocas que tuve las di", cierra. Y dice que sí que volvería a elegir la docencia.

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