Dolorido e indignado, pero no desolado, François Hollande advirtió ayer que "no habrá piedad para los terroristas.
Fue una tácita declaración de guerra.
El presidente francés organizó una célula de crisis en el Ministerio del Interior, con los ministros Manuel Valls y Bernard Cazeneuve.
Luego habló a la ciudadanía: "Es el horror [...] Sabemos de dónde vienen esos ataques", dijo Hollande.
Poco después, y tras finalizar el asalto a la sala Bataclan, se dirigió en persona al lugar de la masacre.
Ataque a Occidente
El mundo occidental se puso a la defensiva, aunque este era un ataque esperado. Poco tiempo atrás, el fiscal de la República, François Molins, había advertido sobre la posibilidad de "un próximo once de setiembre a la francesa".
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, calificó en conferencia de prensa a los atentados como "un ataque contra toda la Humanidad y contra los valores universales que compartimos", y advirtió que "haremos lo que haga falta para llevar a estos terroristas ante la Justicia".
La canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro de Reino Unido, David Cameron, expresaron su solidaridad con Francia y con las víctimas.
El canciller alemán, Frank-Walter Steinmeier, que presenciaba el partido entre las selecciones aseguró que "estamos al lado de Francia". Por su parte, el canciller español José Manuel García-Margallo opinó que "todo parece indicar que esto responde a un terrorismo yihadista"
A la media noche francesa, mientras François Hollande advertía que "la Nación está en grave peligro", seguían registrándose tiroteos en diversos puntos.
A la espera del horror
La masacre de ayer muestra varios síntomas propios de una región que se encuentra al borde de una gran conflagración.
El terrorismo es un conflicto de "baja intensidad".
La oportunidad de los ataques es elocuente sobre la magnitud del desafío. Ayer era el primer día de la alerta policial lanzada por la Cumbre del Clima que se celebrará en París en diciembre.
El Gobierno y las fuerzas de seguridad esperaban algún ataque yihadista en Francia. Desde la masacre de Charlie Hebdo, el 17 de enero, la policía francesa desbarató más de media docena de atentados. Desde aquel aciago día de enero, también, más de 7.000 militares patrullan por las calles o vigilan centros públicos.
"Desbaratamos atentados a diario", decía hace pocas semanas el ministro del Interior Bernard Cazaneuve.
El más vulnerable
Francia es el país occidental más amenazado por los yihadistas. En guerra contra los grupos radicalizados en varios frentes, los atentados de Charlie Hebdo y el supermercado Hiper Cacher fueron una dramática llamada de alerta. Desde entonces, se ha librado de varios atentados, dos de ellos programados para causar auténticas matanzas.
Casi 2.000 ciudadanos franceses se enrolaron en las fuerzas terroristas que operan en Siria o Irak. Muchos de esos combatientes han regresado. El temor a un nuevo gran atentado estaba en el ambiente.
El arsenal de nuevas medidas antiterroristas también crece mes tras mes. Desde enero hay cerca de 40 mil policías y militares que vigilan 5.000 lugares sensibles.
El Gobierno socialista de Hollande aplica una polémica Ley de Servicios Secretos que autoriza el espionaje en la red.
El joven detenido en Toulon en octubre estaba fichado por la policía desde el verano de 2014 en razón, justamente, de sus proyectos de viajar a Siria y por su intensa actividad en Facebook con mensajes próximos al ISIS. Uno de los ataques abortados más importantes fue el del francés Yassine Salhi, que intentó en junio volar unos depósitos de gas en Saint-Quentin-Fallavier tras decapitar a su jefe. Como en casi todos los casos, el terrorista tenía ficha policial como sospechoso de extremismo islamista. También está fichado el marroquí Ayoub El Khazzani, que en agosto intentó una matanza en el tren Thalys que se dirigía de Bruselas a París con todo un arsenal de armas.
El enemigo dentro de la misma casa
La policía francesa recuerda que hay 5.000 fichados por presunto radicalismo y que es imposible seguir a todos 24 horas al día. El fiscal Molins asegura que se vigila a 1.733, y no continuamente. Y destaca la dificultad añadida de que no hay una organización, unas células, una cadena de mando. “Nos enfrentamos a comportamientos individuales, a lobos solitarios”. Desde 2012, 326 personas han sido detenidas por conexiones con actos violento
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