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Nosiglia y Salvatierra, como Maradona y Messi

En Barcelona hoy o en Nápoles 30 años atrás; niños, adolescentes, adultos y mujeres, todos lucen (lucían), las ropas de sus máximos ídolos así no sea un día de partido, lejos del Camp Nou o del San Paolo. En Bolivia ocurre algo similar, aunque en un deporte muy diferente al de la pelota, con Walter Nosiglia y Juan Carlos "Chavo" Salvatierra, los máximos representantes del país del Altiplano en el Rally Dakar. No importa si Nosiglia haya abandonado camino a Oruro o si "El Chavo" se encuentre décimo sexto en la general, en las calles de las principales ciudades de Bolivia por donde pasó la competencia, los trajes de estos dos pilotos lucen en muchos de sus fanáticos compatriotas.

Los supermercados, casas de deportes y empresas de telefonía, la indumentaria "oficial" de Nosiglia y Salvatierra sale "como pan caliente", mientras que en el mercado alternativo el merchandising también se hace notar.

En los paseos de compras, gigantografías están puestas para quien desee posar y tomarse una foto junto a la imagen del Chavo y también hay afiches donde le desean suerte para la próxima edición a Nosiglia, con la frase: "fuerza Lobo del desierto".

Los principales diarios también reflejan los históricos puestos de ambos pilotos en las primeras etapas (Nosiglia fue ganador en la etapa 4 y Salvatierra noveno en la 5). Sus páginas no mezquinan ni una línea para reflejar el paso a paso de cada boliviano y si queda lugar, se menciona al pasar al resto de los pilotos.

Respecto a la indumentaria oficial, los empleados de la firma boliviana 4K contaron a El Tribuno que la remera más barata cuesta 199 bolivianos (unos $450) y la prenda más alta llega a tener un costo de 450 bs (casi $1000). En el mercado alternativo cambia el precio notablemente: desde los 40 hasta los 120 bs ($90 a $250).

Bolivia vive la fiesta del Dakar como ningún otro país, porque en sus calles principales la gente espera desde muy temprano la pasada de los pilotos y porque es motivo de orgullo nacional, el arribo de esta competencia. Las banderas flameando con fuerza en cada boliviano, es un ejemplo de ello.

En Paraguay también hubo fanatismo, pero no se vivió la locura que hay en Bolivia desde su llegada en 2015. En Argentina ni hablar, pese a que mucha gente vive con entusiasmo la carrera más exigente del mundo, no lo toman con el fanatismo que si hay en el fútbol. Tampoco los argentinos caminan por las calles con las remeras de los hermanos Patronelli, Orly Terranova o Federico Villagra.

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