La persona que trabaja tiene un valor infinito y, para recompensarla, no solo se debe pagar un sueldo que permita vivir dignamente sino también ofrecer las condiciones óptimas para que un empleado pueda desarrolar sus tareas. En estos términos se refirió la economista Anouk Grevin a los mecanismos que impulsan actualmente el mercado laboral durante una conferencia que ofreció en Salta.
Grevin es doctora en Economía, profesora en la Universidad de Nantes, Francia, y miembro de la comisión mundial de Economía de Comunión (EdC). Disertó en videoconferencia en las 38ª Jornadas de EdC que se desarrollaron el 22, 23 y 24 de septiembre en Salta.
La especialista realizó su tesis doctoral sobre los incentivos que dan las empresas a los colaboradores. Su investigación se basó en una teoría que desarrolló Luigino Bruni, un economista italiano que también coordina la EdC a nivel internacional.
"Se sabe de la teoría sobre los incentivos que, en realidad, son eficaces sobre todo para las tareas para las que no se necesita pensar mucho. Pero no funcionan, o incluso empeoran la situación, para las tareas complejas o que requieren de creatividad", señaló Grevin.

Incentivos y premios

Grevin explicó que incentivo viene de la palabra latina "incentivus", que designa el instrumento que da la nota musical "la" a la orquesta, el que sirve para dar coraje en la batalla y la flauta de los encantadores de serpientes.
"Esto da la idea de que es algo que lleva a las personas a donde no hubieran ido solas, como la zanahoria que hace ir adelante al burro", sostuvo.
El premio es una recompensa por una cosa bien hecha. Es un modo de reconocimiento. Llega después y valoriza una acción. En cambio, el incentivo llega antes para que la persona realice una tarea.

El don del trabajo

La experta observó que "el trabajo tiene una dimensión de don". "El empeño, el ingenio, la capacidad de encontrar soluciones frente a las dificultades y la cooperación son siempre un don. No se puede comprar ni exigir con el contrato o con incentivos", sentenció.
"No se puede comprar aquello que la persona ofrece porque está caracterizado por la gratuidad. Cuando digo "gratuidad'' no es que tenga un valor cero, sino que tiene un valor infinito", ilustró.
"El sueldo se entiende como un premio, no como algo que se paga, porque, como la persona tiene un valor infinito, no se podrá retribuir eficientemente. Da de ella misma en su trabajo, entonces el sueldo se considera como una recompensa, una señal de agradecimiento por cuanto ha dado", explicó.
Grevin aclaró que "un sueldo no debería no ser suficiente para vivir". "Esto no es digno, pero si alguno se encuentra en esta situación, y desgraciadamente son muchísimos, ayuda recordar que nuestro sueldo no dice nuestro valor. Necesitamos llevar un sueldo a casa para vivir y hacer vivir a nuestra familia. Es un gran sufrimiento cuando no alcanza para una vida decente", opinó. "Debemos pensar en sistemas más dignos de la gente y de lo que da en el trabajo", concluyó Grevin.
"Decir muchas palabras, felicitaciones y gracias puede también arruinar todo porque tiene más valor el lenguaje de los hechos. Un premio en dinero a fin de año puede ser una recompensa, pero debemos recordar que el dinero siempre es el medio más pobre para expresar el reconocimiento", observó.
"No se trata de reconocer solo a la persona, se necesita reconocer su trabajo", expresó Grevin. "La persona está en su trabajo. Si se dice muchas gracias, pero no se da la posibilidad de trabajar bien, la persona siempre tendrá la impresión de que cuenta poco. Una de las cosas más importantes que resguarda las motivaciones intrínsecas es tener la posibilidad de realizar un buen trabajo", dijo.
"Uno de los modos más potentes para expresar el reconocimiento es dar los medios para trabajar bien, según los criterios que esa persona tiene sobre un trabajo bien hecho. Esto le dice a la persona que cuenta y que es apreciada", explicó.

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