Pasamos una semana con bastante ajetreo, con dos temas centrales aunque interrelacionados. Por un lado la conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia; por el otro la llegada de Obama.
Con una irresistible fuerza atávica, los argentinos rendimos culto a la muerte y a la violencia. Pocos países en el mundo bautizan con tal desmesura calles, monumentos, escuelas, aeropuertos recordando hechos bélicos o a sus protagonistas. Hemos puesto a los héroes militares en un pedestal inalcanzable para aquellos que, desde la civilidad, construyeron nuestra nación. Poco más de siete años duró la lucha por la independencia y las victorias alcanzadas por las fuerzas patriotas solo fueron siete (con igual número de derrotas). Ello bastó para que generales, coroneles, capitanes, sargentos y otros se adueñaran de nuestro pasado histórico y de la captación de generaciones de estudiantes que aprenden una cronología de guerras y combates, soslayando la grandiosa edificación de la patria por los simples civiles. A Belgrano se lo recuerda como general, olvidando su más importante y colosal obra cívica. Científicos, académicos, intelectuales, artistas son rara vez recordados. Pero lo más grave: conmemoramos las muertes, en una especie de necrofilia del subconsciente. Fue precisamente el ex presidente de facto Jorge Videla, quien mezcló los feriados con los días de conmemoración, al incluir en la Ley 21329, los fallecimientos de José de San Martín y Manuel Belgrano.
Quizá por ese impulso ancestral (aunque más probablemente por simple capricho) el matrimonio Kirchner se empecinó en que el 24 de marzo se convirtiera en feriado, aun cuando se opusieron tenazmente los organismos de derechos humanos (APDH), Pérez Esquivel, Madres de Plaza de Mayo (línea fundadora), etc. No hay que olvidar que tanto desde la etimología como desde la percepción popular la palabra feriado proviene de fiesta y tiene una connotación festiva.
La fecha elegida es un disparate es como que la "Fˆte de la Libération" con la que se celebra el fin de la Segunda Guerra Mundial (8 de mayo de 1944), se festejara el día que Hitler la inició, invadiendo Polonia el 1§ de setiembre de 1939. Es más lógico que nosotros festejemos la "Fiesta de la democracia" recordando el fin de la dictadura genocida, al asumir la presidencia el Dr. Raúl Alfonsín, el 10 de diciembre de 1983.
Es muy bueno tener memoria, pero muy malo cuando es parcial y se insiste en un relato que no resiste el menor análisis. No puede olvidarse ni ignorarse que fueron las propias organizaciones guerrilleras las que buscaron que se produjera el golpe militar. Guiadas por la lógica de la dialéctica enseñada por Carlos Marx que llamaba a "exacerbar las contradicciones del sistema", para impulsar la lucha popular. No puede ignorarse que el golpe contó con el inmediato reconocimiento del Partido Comunista Argentino. No puede desconocerse que tanto Rusia como Cuba, guardaron silencio ante el genocidio, le dieron apoyo tácito a la Junta Militar ante los organismos internacionales y que mantuvieron intensas relaciones comerciales. Sin duda EEUU desestabilizó muchos gobiernos democráticos de la región, pero no particularmente el de Isabelita; no puede ignorarse que el presidente demócrata Jimmy Carter jugó un importante papel en defensa de los derechos humanos en nuestro país. Tampoco puede ignorarse que el golpe tuvo un importante apoyo cívico, hasta de los mismos peronistas en el poder. La población, harta de los atentados y asesinatos diarios en medio de un descalabro económico, pensó con alivio que se trataba de otra de las varias "dictablandas" que tuvimos en nuestro país. Ninguno imaginaba lo que vendría después.
Es notable, pero nadie, nadie, se acordó de que el 24 de marzo se cumplieron doscientos años de la constitución del Congreso de Tucumán que declararía la independencia argentina el 9 de Julio de 1816. Este es el verdadero Bicentenario, ya que el 25 de mayo, comparado con la trascendencia de esta declaración, no deja de ser una revuelta pueblerina.
Recordar el Martin Fierro, siempre ayuda: "Es la memoria un gran don, calidá muy meritoria; y aquellos que en esta historia sospechen que les doy palo sepan que olvidar lo malo también es tener memoria"
El tornado Obama
Quedó poco espacio para nuestros "yankees go home".
Parecemos Página Doce, que en su tapa del viernes solo trae comentarios sobre la movilización de Plaza de Mayo. Si algún arqueólogo del siglo XXXII encontrara esa tapa (y el resto del diario) ignoraría que tuvimos una visita de tal trascendencia. Aprovechamos el espacio que nos queda con alguna "chanza". ¿Vió? Al final el homenaje al morocho tuvieron que hacerlo en el CCK (Obama no se tragó que era el Centro Calvin Klein), pero lo que es peor le sirvieron una torre de trucha (le llamaron "torre de título de abogada"). El principal era cordero, pero aunque quisieron ocultarlo lo tremendo es que era "patagónico".
Si bien estábamos acostumbrados a que los mandatarios fueran acompañados por sus primeras damas, primeras hijas, últimas amantes, nunca nadie antes había venido con su "primera suegra", que no le perdió pisada.
En este punto resulta inevitable un buen (­?) chiste de suegras:
-­Rápido Garrote Agudo! ­Un tigre dientes de sable está a punto de atacar a tu suegra!
- No me molestes. No me importa lo que le pueda pasar a un tigre dientes de sable.

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