Washington vivió ayer una de las jornadas más extraordinarias en tiempos recientes: el inicio del desembarco de un hombre de negocios y showman televisivo que ganó las elecciones tras una campaña de insultos y mentiras, nacionalismo y xenofobia.
Barack Obama recibió a su sucesor, Donald Trump, para iniciar el traspaso de poderes entre ambas presidencias. Obama, sentado junto a Trump en el Despacho Oval, envió un mensaje de estabilidad: la transición será fluida y respetuosa. El sistema funciona. Trump declaró su respeto por el presidente saliente y dijo que buscará su consejo en el futuro.
La liturgia democrática, más allá de las personas y las ideas, se dejó sentir con todo su peso en el primer encuentro de los dos presidentes tras los comicios, que duró 90 minutos.
El esfuerzo era visible en ambos. Obama, por separar entre la pésima opinión que le merece su sucesor y el deber institucional de garantizar su acceso al poder, una de las operaciones logística y políticamente más delicadas en la democracia de EEUU. Trump, por dotarse de una seriedad y un ropaje presidencial que se encuentra en las antípodas de lo que ha mostrado, no solo en la campaña electoral sino en su carrera como famoso en los tabloides y los reality shows.
En el espacio casi sagrado del Despacho Oval de la Casa Blanca, donde durante los próximos cuatro años dirigirá los destinos del país más poderoso del planeta, el presidente electo Donald Trump se reunió con Obama, el hombre al que acusó de haber fundado el Estado Islámico, el presidente cuya legitimidad cuestionó durante años lanzando falsas teorías conspirativas sobre su lugar de nacimiento.
Durante la campaña, Obama dijo que Trump no estaba calificado para ser presidente y alertó del peligro que sería tenerle cerca del botón nuclear. Tras la reunión, el portavoz de Obama, Josh Earnest, dijo que su opinión sobre la capacidad de Trump para gobernar no había cambiado.
Pero Trump ya ha puesto el primer pie en la Casa Blanca, y todos comienzan a adaptarse a la nueva realidad. Obama pasará el bastón de mando a Trump el próximo 20 de enero. Son 70 días en que EEUU se encontrará en una situación de provisionalidad, en los que el antiguo presidente no se ha marchado del todo y el nuevo no acaba de llegar. Trump deberá nombrar cargos de primer y segundo rango, construir de la nada una administración y definir sus prioridades. La transición concluye con la inauguración, la auténtica ceremonia de coronación del nuevo presidente.
"Mi prioridad número uno en los próximos dos meses será facilitar una transición que garantice que nuestro presidente electo tenga éxito", dijo Obama. "Y me ha alentado, creo, el interés del presidente electo Trump en querer trabajar con mi equipo sobre los muchos asuntos que este gran país afronta. Y creo que es importante para todos, independientemente del partido y de las preferencias políticas, que nos unamos, que trabajemos juntos, que afrontemos los muchos desafíos que tenemos enfrente".
El presidente saliente dijo que él y la primera dama, Michelle Obama, se esforzarían por que los Trump -Donald, y la futura primera dama Melania- se sientan bienvenidos en su nuevo hogar. "Sobre todo, quiero insistirle, señor presidente electo, que ahora queremos hacer todo lo que podamos para ayudarle a tener éxito. Porque si usted tiene éxito, el país tendrá éxito", concluyó.

Tono cordial pero frío

El tono fue cordial, pero frío. No se llamaron por su nombre, Donald y Barack, sino con el distante "señor presidente" y "señor presidente electo", que en el mundo de habla hispana equivaldría al trato de usted. Tampoco hubo, como en otras ocasiones una vez comenzado el traspaso de poderes, una foto de ambas familias.
El argumento de los derrotados -y Obama también aparece estos días como uno de los perdedores, con su herencia en cuestión- son las instituciones, fundadas en una Constitución que ha asegurado más de dos siglos de democracia.

Financistas y petroleros en el gabinete

Las especulaciones están a la orden del día en lo que respecta a los nombres que ocuparán los puestos clave del gabinete del presidente electo.
Los candidatos de Trump a los diferentes puestos clave de su gabinete son una colección de financieros, petroleros y en algunos casos millonarios, que se verán beneficiados por las políticas del empresario, y expolíticos que llevan años usando sus influencias para lograr negocios en la industria privada.
En los ejes de su campaña Trump se mostró como un hombre dispuesto a combatir la corrupción; además de mostrarse -en algunos aspectos- como un hombre normal que recuperará muchas de las cosas que se habían perdido en el país.
El suyo ha sido un combate contra “el establishment, que se jugó billones de dólares en estas elecciones” y contra “una estructura de poder global”. O, al menos, eso decía en el último anuncio televisado de su campaña, que parecía más de Podemos o Syriza que la campaña de un multimillonario del juego y los casinos.

Michele y Melania

Michelle Obama y Melania Trump se conocieron ayer en la Casa Blanca, mientras sus respectivos maridos buscaban en el Salón Oval organizar la transición presidencial.
El primer encuentro entre estas dos mujeres tan diferentes se llevó a cabo lejos de los periodistas.
“Michelle tuvo la oportunidad de recibir a la futura primera dama y hemos tenido una excelente conversación con ella”, comentó el presidente.

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Sección Editorial

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Guillermo Solá
Guillermo Solá · Hace 28 días

Igualito que aquí, cuando Cristina recibió a Macri ¡taaan democráaatica y amablemeeente...!


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