Si los autodenominados dirigentes siguen engañando al pueblo no es solo su ambición, sino la actitud de millones que pudiendo aspirar a cosas mejores para sí y su descendencia, lo permiten.
No hay cosa más fácil que aceptar la mentira cotidiana, pero tiene sus consecuencias.
Escuchamos a personajes hasta ridículos hablar de lo que no es como si lo fuera: igualdad de derechos, estadísticas, etc.
Cuando se dice que el problema de los pobres, es estigmatizarlos con la palabra, aunque lo que los destruye es no contar con mínimos recursos para vivir adecuadamente.
Deberíamos exigir lo que nos merecemos y merecerlo cada vez más. Para estar mejor, además de elegir bien hay que velar por el cumplimiento de las leyes.

Luis López Espinar
Salta capital

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