"La sonrisa es el lenguaje universal de los hombres", escribió Víctor Ruiz Iriarte y un equipo de profesionales, encabezado por el cirujano plástico especializado en microcirugía Paul Coronel, se propuso aplicar todo su conocimiento para que José Luis, un niño de 9 años, vuelva a sonreír.
La intervención se practicó en el hospital público Materno Infantil (HPMI) el 1 de noviembre y el martes pasado el niño fue dado de alta. Y está en su casa. La cirugía se realizó a través del equipo de profesionales que trabajó con la Fundación Reconstruir, cuyo presidente es el doctor Coronel. También contó con el apoyo de la Secretaría de Gestión Administrativa del Ministerio de Salud.
El próximo desafío es operar a otros niños que también tienen este mismo síndrome y que fueron rastreados por el médico junto a su equipo. Al menos son 20 dispersos en el interior de la provincia. "El hospital Materno Infantil cuenta con el mejor microscopio del NOA que nos permite realizar el tratamiento que estos niños necesitan", sostuvo el especialista.
Muecas y besos
José Luis no parece que haya salido de una intervención quirúrgica que duró seis horas en el quirófano del hospital público Materno Infantil. A la periodista la saludó con un beso y junto a su mamá, Patricia Valdiviezo, se sentaron en la mesa de la galería de entrada de su casa a conversar. Nada pasó aquí. Para Patricia, este recorrido cerró una primera etapa importante, desde que nació su hijo hasta este momento. "Llegar a este punto con él es un milagro porque cuando me confirmaron el síndrome de José Luis yo empecé a investigar. La única opción estaba en México, donde hacían la cirugía que necesitaba. Luego me enteré de que a la operación la hacían en el Garrahan y finalmente di con el doctor Paul Coronel. Con él existió concretamente la posibilidad de que lo operaran a José Luis en Salta. Eso fue maravilloso", expresó Patricia sonriente, feliz esquivando el quiebre de su voz emocionada.
Consideró que logró dar un paso importante para que la calidad de vida de su hijo mejore significativamente. Que él pueda sonreír, expresar sus emociones con los gestos de su carita, además de que con esta última cirugía se espera que tenga mejoras en el habla, la masticación, succión y más.
Mientras transcurre esta conversación, José Luis escucha atento. Él dice que esta muy bien. No tiene dolor, solo que por estos días tendrá que tener cuidado de no golpearse el lado izquierdo del rostro.
Cursa el cuarto grado en la escuela primaria de Atocha, lugar en el que vive junto con su familia. Él asegura con total naturalidad que no tuvo miedo de afrontar esta segunda operación y que Paul Coronel es el mejor doctor del mundo. "Algo le quiero regalar pero no se qué", lanza José Luis en medio de la charla.
Es hincha de Juventud Antoniana, también de Boca, fanático del fútbol. Juega en la sexta del club de deportivo de Atocha y le dijo a El Tribuno que le iba a pedir permiso a su doctor para ir a mañana a ver a su equipo en la cancha.
Patricia comentó que su niño hace una vida normal, desde pequeño. "Él neurológicamente avanzó muy bien y por eso va a una escuelita común".
Ella dijo que su hijo siempre le preguntó por qué no sonreía. "Siempre se lo expliqué, él estuvo al tanto de todo, pero José Luis quería la cirugía porque quería sonreír", aseguró.
Desde la primera cirugía, en la que le operaron el costado derecho de su rostro, ya presentó mejorías. Y José Luis no lo disimula, al contrario, lo demuestra haciendo muecas, tirando besos con la mano y también estirando sus labios hacia el frente. Ahora junto a su mamá, contó, quiere aprender a silbar.
El inicio
La primera cirugía a la que accedió José Luis fue en 2014. El doctor Paul Coronel comentó que con mucho esfuerzo, en esa oportunidad, logró operar a José Luis de un lado de su cara.
El síndrome de Moebius se caracteriza por la ausencia del nervio facial. La persona, al no tenerlo no puede hacer gesticulaciones. Esta es una enfermedad congénita, muy poco frecuente. "En el caso de José Luis, él tenía un síndrome de Moebius completo, es decir bilateral, de los dos lados de la cara. Por eso se operó una parte en primer lugar y, ahora, la otra parte de la carita", explicó el medico. "Gracias al equipamiento del Materno Infantil y el apoyo de la Secretaría de Gestión Administrativa podemos hacer estas cirugías porque nos colaboran con recursos para ir al interior y con insumos", contó Coronel. En el caso de José Luis la Secretaría colaboró con los insumos, lo que disminuyó las horas de cirugía. De 8 horas, en la primera, se pasó a 6, en la última.

Tratamiento de vanguardia
Paul Coronel mencionó que este tipo de intervenciones también se practican en el hospital pediátrico Garrahan, de Buenos Aires. Ahora existe la posiblidad de que se hagan en Salta con cierta regularidad en el hospital Materno Infantil. La intención es abordar con la microcirugía no solo síndrome de Moebius sino también reconstrucción de mamas, de paladar y todos aquellos cuadros que requieran de este tratamiento.
Unos veinte casos más
Para esta segunda operación el equipo de profesionales que participó de la cirugía forma parte de la fundación Reconstruir, cuyo presidente es Paul Coronel.
También participaron los doctores Renato Hernández, cirujano plástico; Ramiro Sández, cirujano maxilofacial; Sergio Humacata, cirujano maxilofacial; y Roberto Huidobro, cirujano plástico. Este último, quien trabaja en el HPMI trabajó junto a Coronel para rastrear a otros niños con este síndrome.
Hay al menos unos 20 niños en el interior de la provincia y esperan hallar más. Para que mejore su calidad de vida necesitan acceder a este tipo de cirugías, que es un procedimiento de alta complejidad.

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