Desde que estalló el conflicto en Siria, Occidente logró unificar toda información presentando al presidente Basher Al Assad como un oscuro dictador que el ejército "libre" pretendía derrocar en función del bienestar de los ciudadanos sirios. La falsedad temeraria de estas afirmaciones quedó desenmascarada.
La realidad se impuso. Hoy es imposible esconderla.
Las apetencias de los EEUU, Francia, Gran Bretaña, Israel, Arabia Saudita, y otros satélites se encuentran expuestas a toda luz. Ya poco queda por agregar.
La confrontación va mucho más allá de unos cuantos "barriles de petróleo" que los "rebeldes" comercializan con empresas británicas. Va desde la "puerta estelar de Irak" a una estructura de un mundo futuro, contrapuesto entre el programa occidental y el oriental.
Ese mundo oriental tiene como eje en la figura de un líder: Vladimir Putin. La participación rusa en Siria, es decir, la certera efectividad de Putin en desmedro de la "coalición occidental", no es producto de una casualidad.
Es el final de un proceso e inicio de otro, en el que los dignatarios orientales en absoluta sumisión a Dios, "fuente de toda razón y justicia", pusieron límite a las masacres y atrocidades efectuadas por los monstruos de la "coalición" que especializaron su foco destructivo en la cristiandad.
En 2013 la Iglesia Ortodoxa se vio enlutada por las víctimas cristianas, especialmente de la Orden de los Franciscanos Custodios de la Tierra Santa y por el asesinato del padre Francois Murad en el convento de Gassabieth (Homs), que se sumaba a las innumerables persecuciones y masacres de los "rebeldes sirios y asociados". Tales masacres efectuadas bajo la complaciente mirada occidental, incluso de un Vaticano que opta por evitar toda confrontación con el Islam en pos de un ecumenismo de alcance mundial, con centro en la autoridad clerical de Roma.
De allí que Vladimir Putin indique que los líderes mundiales deberían estar unidos para terminar con las persecuciones anticristianas que aumentan alarmantemente en Oriente Medio y en el norte de África. Tan es así que ya en 2013 convocó a una reunión con los 15 líderes religiosos de las Iglesias Ortodoxas y ante ellos afirmó: "En muchas regiones del mundo las tensiones interconfesionales están aumentando. Es importante hacer los esfuerzos para prevenir los conflictos interculturales e interreligiosos. Los intentos de expulsar a los cristianos de Siria conducirán a una catástrofe de la civilización".
En tal encuentro el jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, patriarca Kirill, reclamó severamente la falta de respuesta de los líderes occidentales, políticos y religiosos, para detener la matanza que enfrentan los cristianos de Medio Oriente.
Vladimir Putin enfatizó en que la "defensa de los cristianos perseguidos es uno de los ejes de la política exterior del país", elogió el crecimiento de la cooperación entre las Iglesias Ortodoxas y el Estado ruso.
"La Iglesia está dando a los rusos una brújula moral. Hoy en día el pueblo está de nuevo en busca de un apoyo moral, millones de nuestros compatriotas se fijan en la religión. Ellos confían en los sabios, en la palabra pastoral de la Iglesia Ortodoxa rusa", señaló.
Los pasos que efectúa Rusia en la actualidad no son producto de improvisaciones, sino la maduración de un proceso que se inicia con "juntar los pedazos" de las ex Repúblicas Socialistas Soviéticas para conformar la actual Federación Rusa basada en la educación de un pueblo, el convencimiento religioso, una saneada economía, una cultura basada en el idioma ruso, la literatura rusa, la historia de la patria rusa, en el gran respeto al estado, a los intereses sociales y a las metas del país.
En dos semanas las fuerzas armadas rusas cambiaron absolutamente el mapa bélico y geopolítico oriental que las potencias occidentales mantenían a "baño maría".
Con 120 misiones de combate destruyó 110 objetivos, más blindados, otros vehículos y centros logísticos, logrando mayor efectividad que los dos años de actividad de la Coalición Internacional.
El 7 de octubre de 2015 cuando la flota rusa desde el mar Caspio lanzó 26 misiles que destruyeron 11 específicos objetivos el ministro ruso de Defensa sostuvo: "Pasará a la historia como el inicio de una nueva era en la utilización masiva de armas de alta precisión a una distancia de miles de kilómetros". Advirtió, de paso, a Gran Bretaña por su relación con Arabia Saudita y a Australia por el envío de miles de vehículos Toyotas a los terroristas del Isis. ¿De qué lado están?
Los grupos: Al Qaeda, Isis, Al-Nusra, Islamic Front, Free Syian Army, Army of Mujahedeen, Union Islámica Ansar Al-Deen, Alianza Muhajirinwa- Ansar y conexos, son asesinos amparados por sus cómplices que les garantizaban inmunidad cuando cometen sus atrocidades.
Cómplices tan asesinos como sus protegidos.
Los recientes atentados en Turquía (Surue y Ankara) con más de 160 muertos y sin número de heridos, y la advertencia del riesgo estalle una nueva "intifada", indudablemente influirán en las futuras decisiones de los líderes Basher Al Assad y Vladimir Putin.
Decisiones que se reflejaran en todos los ámbitos geográficos de las naciones no sólo de medio oriente sino de todo el mundo.
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