Ossian Lindholm es ingeniero agrónomo y fotógrafo especializado en naturaleza. Es un trotamundos. Salteño por adopción, pivotea su vida entre Salta, Tucumán, Estados Unidos y los lugares más fantásticos que alguien pueda imaginar.
Recién llegado de una travesía por Pantanal en Brasil y la fantástica isla Galápagos, mientras prepara su viaje a Nueva York, accedió a conversar con El Tribuno, sobre el apasionante mundo de la fotografía y del cuidado de la naturaleza.

Un conservacionista

En un mundo conmocionado por hechos desafortunados de índoles diferentes, conversar con Ossian es esperanzador. Desde su lema "conocer para cuidar" se plantea más optimista ante las nuevas generaciones: "Tengo optimismo en cuanto a la conservación de la naturaleza, porque estamos frente a una generación que viene con otro tipo de conciencia. Ya no se puede abordar el cuidado y respeto a la naturaleza con el hombre afuera. El hombre tiene que estar adentro, tiene que aprender a convivir con la naturaleza", expresa Ossian.
El fotógrafo no es nuevo en estas lides. Por el trabajo de su padre, tuvieron que trasladarse desde su Tucumán natal a Buenos Aires. Siendo un adolescente comenzó con la fotografía que pasó de hobby a profesión en muy poco tiempo. Lindholm comenzó haciendo sociales, "tomaba fotos en los cumpleaños, casamientos. Y llegué a hacer fotografía en el mundo de la moda. Trabajé con top models como Tini de Bucourt, Mora Furtado, Evelyn Scheidl entre otras, pero a mí lo que me apasionaba era la foto de naturaleza. Poco después me volví a Tucumán a estudiar Agronomía. Cuando me recibí comencé a trabajar como agrónomo y lo hice hasta el año 2000 en que me agarró la crisis endeudado", sostuvo.

Crisis y vuelta a la pasión

"En la crisis de 2000, perdí todo, me fundí. Tenía 41 años, entonces decidí que iba a hacer lo que realmente quería. Era la oportunidad. Ahí dije que con la agronomía no quería saber más nada. Mis hijos estaban en el colegio y comencé a hacer cuentas, ¿cuánta plata necesito para poder pagar los gastos básicos?, así saqué un número y trabajé para eso. El resto pensé, vendrá de donde sea y arranqué con eso", dice con seguridad Ossian.
En 2003 publicó con gran éxito su primer trabajo profesional como fotógrafo independiente de naturaleza y consistió en un calendario con fotos del norte argentino. A partir de ahí, todos los años publicó sus calendarios, salvo en 2015 que por sus compromisos profesionales con la Universidad Nacional de Tucumán, le fue imposible hacerlo. Se llegaron a publicar 5.000 calendarios vendiéndose todos. Estos calendarios siguen siendo un éxito y es un material muy requerido por las empresas y los amantes de la naturaleza y la fotografía, ya que son obras de arte.
En 2003 también publicó su primer libro: 10.000 kilómetros por las rutas de Argentina, en editorial Grupo Abierto. Se imprimieron 3.000 ejemplares y se vendieron todos. Fue el libro de fotografía más vendido en Argentina ese año. Luego no se volvió a imprimir.
Después, "en 2005 publiqué otro libro sobre el norte argentino, dirigido fundamentalmente al turista. También otro sobre Ischigualasto -El Valle de la luna- Talampaya. En 2008 hice un libro sobre los valles calchaquíes que se llamó Valle Calchaquí con textos de Ana Inés Figueroa. El último libro se llama Las Viñas del Cielo, lo hice con Dolores Lávaque y Carolina Garicoche que son sommelier. Este libro ya tuvo dos ediciones y es probable que se vuelva a editar porque tenemos el apoyo de algunas bodegas", agregó. Lo que sucede es que reeditar un libro es tan costoso como hacer uno nuevo, por eso, dado la cantidad de material nuevo que el fotógrafo va generando, decide apostar por un nuevo producto. "Después decidí no hacer más libros. Es muy costosa la publicación y muy difícil lograr el apoyo empresarial para llevar adelante el proyecto. Además, en las publicaciones existe un cuello de botella que es la distribución. Si no hay una editorial de mucho peso detrás del producto, su distribución es muy complicada" y agregó: "Tengo en mente alguna publicación, pero tendría más que ver con la promoción de mi trabajo".

Travesías fotográficas

En agosto, Ossian Lindholm estuvo en Pantanal, un lugar paradisíaco en Brasil, en el marco de lo que se podría llamar zafaris fotográficos, que son viajes con turistas que se acercan a la naturaleza desde la mirada fotográfica. De allí fue a la Isla Galápagos, a la que describe como "un lugar fantástico. Allí se conjuga la biología, la conservación, Darwin... todo es una sola cosa".
En unos días viajará a Nueva York y de allí a Boston, en donde brinda capacitaciones sobre fotografía conservacionista. Sin embargo, merece un capítulo especial su trabajo como documentalista. Su ciclo "Travesías fotográficas", que comenzó en Canal 8 de Tucumán y que actualmente se transmite por el canal Viajar ya lleva cuatro exitosas temporadas. "Lamentablemente este año lo tengo bastante relegado porque lo hago con el canal Viajar y con la reestructuración y cambio de políticas televisivas del nuevo gobierno eso se paró. Viajar se está quedando sin presupuestos para aguantar producciones, por eso por el momento estoy un poco parado. Es un trabajo caro. Sin embargo cuando hago los zafaris fotográficos, trato de ocupar todos los recursos que tengo para ir tomando imágenes y después editar. Yo soy el camarógrafo, excepcionalmente puedo contar con alguien que me ayude, grabo el audio y además estudio mucho los temas que voy a abordar" , agregó el fotógrafo. Su ciclo de Travesías Fotográficas es utilizado incluso por docentes de distintos puntos del país para enseñar sobre geografía, fauna y flora. "Es muy gratificante cuando las maestras de lugares muy lejanos me envían emails contándome que usan mi material para dar clases", dijo.

Otra mirada sobre turismo

"La fotografía y el turismo tienen un rol importantísimo en la conservación de la naturaleza, porque una vez que viste, que conociste, te comprometés al cuidado. En Iberá, (provincia de Corrientes), por ejemplo, el turismo logró cambiar situaciones que parecían irreversibles, porque trae fuentes de ingresos a pobladores, cuya sobrevivencia era cazando, y ahora resulta que el animal vivo vale mucho más que el animal cazado. Cuando se revierte ese proceso es fantástico. Un cuervo vivo vale más que la piel del ciervo porque lo que genera ingresos es la observación de naturaleza y la necesidad de conservarla. Esto también ocurre en Pantanal, el jaguar, que era el enemigo porque se comía las vacas, ahora es el que genera los ingresos de la comunidad. Es un cambio de paradigma.

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