La discusión por las obras que se van a concretar en los municipios a partir del dinero obtenido con la colocación de títulos de deuda provincial parece una disputa infantil. En el fondo resulta increíble que los representantes del pueblo no puedan discernir y ponerse de acuerdo sobre las necesidades de la población en cuanto a la obra pública. En apariencia es un tema con una rápida salida constitucional sobre las facultades de los municipios y su autonomía, pero la confrontación va llegando a un estado crítico, donde no solo no hay acuerdo dentro de las sugerentes comisiones departamentales -un título que derrocha burocracia- sino que tampoco se sabe cual será la forma de administración de ese dinero.
Para el caso, la visión que tienen en las comunas apuntan a la necesidad del Gobierno de la provincia de reactivar la economía a través de la incorporación de esos fondos. Aunque el reparto de 80 a 20 no dejó muy contentos a los intendentes, hoy se discuten obras y la facultad de los municipios para decidir, pero también los plazos con la mirada puesta en las elecciones del año que viene. La lectura política toma en este punto una relevancia inocultable y el estado de campaña y proselitismo vuelve a surgir una vez más, luego del agobio de cuatro elecciones durante el año que pasó.
El municipio de Capital puntualmente y otros municipios que resultaron opuestos al oficialismo tras los últimos resultados electorales, no pueden alejarse de un pensamiento direccional sobre la connotación política en el manejo de los recursos que llegarán como maná en medio del desierto.
El espinel en Diputados y la conformación de los bloques ponen en riesgo las determinaciones del intendente Gustavo Sáenz sobre la acción ejecutiva que le corresponde como funcionario electo por el voto popular para el manejo administrativo de Salta capital.
Es allí donde la lectura superficial sobre la falta de acuerdos por las obras toma otro rumbo y las consideraciones se transforman en un juego de tiempo y temor sobre el manejo político de las obras. Ese es el límite hasta aquí irreconciliable entre los sectores que discuten el tema.
Es que todo se concentra en la actitud de los diputados capitalinos y dentro del PJ, con el inefable Manuel Santiago Godoy a la cabeza, pretenden aparecer como un conjunto de legisladores que defienden los intereses de los vecinos, aunque en la práctica conforman un bloque monolítico que no discute nada al momento de votar verticalmente los paquetes que bajan desde el Gobierno provincial.
En la práctica el PJ conforma un bloque monolítico que no discute nada al momento de votar verticalmente los paquetes que bajan desde el Gobierno provincial.
La lectura que hacen en la comuna es muy clara; saben que la actitud corporativa del oficialismo con el Partido Renovador y el Partido de la Victoria conforman una sumatoria determinante que pone en riesgo las decisiones constitucionales que le competen al intendente Sáenz.
Tanto es así que los cálculos que hacen en la intendencia no son precisamente por los montos de dinero. Es más: todavía no saben si la Provincia va a transferir toda la plata o irá pagando a los proveedores a medida que avancen las obras. Un tema tan importante como ese pasó a un segundo plano.
Lo que preocupa al municipio son los plazos y la proyección para el año electoral que se aproxima. El 2017 será de posicionamiento y de recambios legislativos muy importantes de cara a las elecciones provinciales de 2019 y nadie quiere ceder ni un centímetro. Esa es la discusión real.
Los cálculos entonces se traducen en días, semanas y meses con la mirada puesta en las elecciones que vienen.
En la semana la comuna entregará para el análisis de la comisión departamental el listado de obras propuestas, las que podrían estar definidas, con suerte, dentro de 15 días. Hasta que se acuerde con la Provincia el sistema por vía de administración o licitación de los trabajos podrán pasar otros 120 días, con lo cual el proceso llegará a diciembre, en plena época de lluvias.
Una demora por cuestiones climáticas dejaría el avance de las obras en plena época proselitista. La proyección política resulta entonces el plato fuerte pero que hasta ahora está oculto en toda esta discusión.
La obra pública y su impacto en la gente tiene un indiscutible condimento en los procesos eleccionarios y lo que se teme es que haya un entorpecimiento para la gestión de Sáenz. Lamentablemente si esto es así, los vecinos seguirán siendo los grandes perdedores.

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