El proyecto de ley del impuesto a las ganancias aprobado por la oposición en Diputados (y ahora postergado en el Senado) tiene groseros errores técnicos. La desordenada mezcla de iniciativas sin respetar un mínimo de coherencia derivó en un articulado complejo e incoherente que seguramente la mayoría de los que lo votaron no fueron conscientes de sus implicancias. Una de ellas es que se vuelve a la muy resistida tabla que impuso la Alianza en 1999 y que derogó Cristina Kirchner en el 2009. Es probable que la mayoría de los firmantes que acompañaron la iniciativa no hayan advertido el impacto de sus muchas y graves inconsistencias. Una de ellas es la forma en que se ampliaron y se regularon las deducciones. Es decir, los montos que se restan a los ingresos de las personas previo a aplicar las alícuotas que determina el impuesto a las ganancias. Entre los cambios incorporados por la oposición está que el monto de las deducciones se reduce a mayor nivel de ingresos. El impacto de esta regulación se puede mostrar con un ejemplo. Un trabajador casado con dos hijos empieza a tributar el impuesto a los $50 mil mensuales de remuneración.
El impuesto lleva a las siguientes situaciones:
a) Con un salario neto antes del impuesto a las ganancias de $58.500, se recibe como salario de bolsillo después de aplicado el impuesto $55.000.
b) Con un salario neto antes del impuesto a las ganancias de $58.510, se recibe como salario de bolsillo después de aplicado el impuesto $51.000.
c) Recién con un salario neto antes del impuesto a las ganancias de $65.000 se vuelve a tener un salario de bolsillo después de aplicado el impuesto de $55.000. Estos datos muestran que en el orden de los $58 mil mensuales un aumento de salario para un trabajador casado con dos hijos deriva en un menor salario de bolsillo debido a un desproporcionado salto en la incidencia del impuesto a las ganancias. En el caso de un trabajador soltero sin hijos esta inconsistencia se genera en los $36 mil de salario. Con la particular forma en que se regula el pago del impuesto sobre el aguinaldo también se produce un impacto análogo. Es decir, habrá trabajadores con ingresos más altos que terminarán cobrando menos por el pago del impuesto a las ganancias. En lo sustancial, el esquema impulsado por la oposición en Diputados implica restituir la "Tablita de Machinea". Esto es, que las deducciones se reducen a medida que aumentan los ingresos de los contribuyentes. Como estos cambios se hacen a "saltos", se producen puntos de "corte" que generan la paradoja de que a mayor salario el ingreso de bolsillo cae.
Más grave aún es que se contempla una deducción para los aumentos de salarios por productividad y horas extras. Esto genera poderosos incentivos a declarar parte del salario de los trabajadores de altos ingresos bajo el concepto de "productividad" y/o por "horas extras". Como para la AFIP será imposible demostrar que se trata de una artimaña, en poco tiempo ningún asalariado pagará impuesto a las ganancias. El resultado final será un sistema tributario más injusto y regresivo. Muchas gente de altos ingresos no pagará impuesto a las ganancias, por ser asalariado, mientras que los trabajadores autónomos con idénticos ingresos estarán alcanzados. Pero lo peor es que la pérdida de recaudación será sustituida por impuestos que inciden sobre los pobres, como por ejemplo ingresos brutos en el caso de las provincias y el impuesto inflacionario en el caso de la Nación.
Lamentablemente el proyecto de la oposición va en el sentido contrario. Esto genera una enorme responsabilidad para los senadores. Por un lado, evitar que avance un proyecto con tan groseros errores. Por el otro, aprovechar la oportunidad para promover un debate serio sobre un tema estratégico como es el sistema tributario.

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