*

Otro caso de una niña wichi embarazada en Santa Victoria
En una habitación desordenada y sucia que ocasionalmente funciona como consultorio, donde la limpieza y el orden parece que poco importan, se encuentran Fabiola Vallejos y Ayelén (nombre ficticio). Esta niña wichi del paraje Misión La Paz, de tan solo 11 años, se está realizando su primer control prenatal. La imagen de Ayelén recibiendo atención médica vuelve a poner de manifiesto el abandono que sufren las comunidades aborígenes.
El caso de niña wichi de 12 años víctima de una violación múltiple en la zona de la Triple Frontera llamó la atención sobre la desatención por parte de un Estado que no puede brindarles los cuidados necesarios a las comunidades originarias.
Fabiola Vallejos, oriunda de Orán, es obstetra y trabaja en el Programa Nacional Médicos Comunitarios, un grupo de profesionales que tiene el valor de asistir a esas comunidades olvidadas. En diálogo conEl Tribunose animó a contar cuál es la realidad que se vive en esas zonas inhóspitas del norte profundo de la provincia. Una de sus funciones es ir a los distintos parajes y realizar operativos de salud. "En Santa Victoria estuve dos veces hace dos años realizando controles prenatal", precisó.
A esos parajes solamente se puede ingresar en helicóptero o camionetas 4x4, lo que dificulta aún más su acceso para los médicos que se animan a recorrer esos lugares. "En uno de esos parajes, creo que era de Misión La Paz, había un centro de salud abandonado y ahí es donde yo le hago el control prenatal a esta nena de 11 años. Estaba sorprendida por la edad de la criatura", comentó la profesional. Y agregó: "Buscando información me enteré que a partir de que la niña tiene la primera menarca (menstruación) ya tiene la posibilidad de elegir a su pareja sexual".
Fabiola comentó que esta nena wichi estaba casada con un adolescente de 16 años que trabajaba en la construcción. "El marido tiene el compromiso de mantenerla a ella", aseguró. Por la pobreza extrema que se vive en esos lugares, los padres están de acuerdo que a partir de esa edad sus hijas ya tengan su pareja porque "es una boca menos que tienen que dar de comer", agregó la médica.
Pobreza extrema
Según Vallejos, existe una realidad que está caracterizada por la pobreza. "Hay mucha desidia, es un lugar que está totalmente abandonado. Pero es también porque no hay nadie que quiera ir a trabajar ahí, no hay ni siquiera agua. No hay ningún médico que quiera ir para allá", explicó.
Con la voz quebrada y la cara llena de lágrimas Fabiola Vallejos explicó la pobreza que se vive en esa zona y cómo viven esos chicos. "Nosotros llegábamos a la noche al hospedaje donde nos quedábamos y llorábamos todas porque es horrible. Viven muy abandonados y es muy feo, totalmente desamparados. Yo trabajaba y nos alumbrábamos con celulares y nos quedábamos hasta la noche atendiendo a los chicos porque nadie iba", expresó.
Casos de abusos
Otra realidad muy dolorosa que detalló Vallejos es el abuso a las que son sometidas la niñas pertenecientes a etnias aborígenes. "Después fuimos a otros parajes donde nos han contado que ocurren violaciones por parte de los criollos. Es algo que nos dijeron las maestras de la zona. Son los criollos que trabajan en la construcción", expresó la profesional. Según Vallejos, las niñas son conquistadas con la oferta de un poco de dinero. "Por la pobreza extrema que hay en esos lugares y con un poco de alcohol lograban el acceso sexual", describió Vallejos. Y continuó: "Pregunté si sucedía eso entre wichis y me dijeron que no porque son muy respetuosos y cuando eligen la pareja sexual están cómodos, así que no se necesita violar".

La historia detrás de la foto de la niña wichi embarazada

Vallejos decidió mostrar la imagen para concientizar sobre el embarazo en las niñas. "Lo que quise hacer fue mostrar el trabajo que se había realizado en Santa Victoria. Aparte, para visibilizar el tema, porque se están dando muchos casos de embarazadas muy pequeñitas", comentó Vallejos. Y continuó: "A lo que yo apunto es que respetemos a la cultura de los pueblos originarios pero también a la concientización de que una niña no está preparada para ser madre. A toda mujer en la edad fértil hay que darle anticonceptivos". La frase de cabecera de Fabiola Vallejos es: "El que no nace para servir, no sirve para vivir". Quizás eso explica su vocación para el trabajo que realiza. "A mí me generó mucha tristeza. Yo decía, esta nena tiene que estar en la escuela, después jugando y aprendiendo; no tiene que hacerse cargo de una criatura. Esto te genera mucha tristeza". Y continuó: "Esta criatura, a la que yo le hago el control prenatal, ya con la panza bien grande, nunca se había hecho una ecografía. Es más, ninguna tenía acceso a un médico que le haga una ecografía".
Los pueblos originarios están acostumbrados a ser silenciosos, ese silencio que provoca el abandono. "Es la cultura de ellos, de quedarse callados. Ellos se quedan sentados en un rincón y hasta que no te acercás a preguntarles qué necesitan ellos no van a decir nada".
Ser madre niña
"La Convención sobre los Derechos del Niño contempla que un niño es considerado como tal hasta los 18 años. Antes de esa edad no está contemplada la maternidad porque no hay una madurez psicológica, cognitiva ni física", destacó la profesional. Una menor de edad no está psicológicamente ni físicamente preparadas para parir. "A los 11 años todavía están en el inicio del despertar sexual, no han terminado de madurar cognitivamente para hacerse cargo de un niño. La cultura de ellos les enseña y les inculca que a partir de niñas ellas pueden", finalizó.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Debe iniciar sesión para comentar

Importante ahora

cargando...