Para los argentinos el general José de San Martín es un patriota ejemplar. La epopeya más formidable de nuestra historia es la Independencia, en la que este país se convirtió en Nación, y desde un territorio despoblado y pobre construyó el Estado y contribuyó de manera decisiva a la libertad de gran parte del continente americano.
Como sucede muchas veces en la historia, un hombre se convierte en factor determinante. Estremece pensar lo que significó organizar un ejército desde la nada, cruzar la Cordillera, presentar batalla en Chacabuco, sobreponerse a la derrota de Cancha Rayada, preparar y -luego de Maipú- realizar una larga campaña hasta el bastión realista del Perú.
Por sobre sus capacidades como estratega u organizador militar, José de San Martín es un ejemplo de conducta ciudadana y ese caudal es el más valioso de su legado para los argentinos de hoy. Eso explica que en un país tan propenso a confrontación, el general San Martín se levante como un ejemplo de excepción, que nos contiene a todos.
Tuvo el coraje físico para la batalla y el valor moral para subordinar sus intereses y pasiones personales al propósito común de la independencia, sosteniendo sus convicciones en circunstancias adversas. Por ello, se opuso a intervenir en disputas internas y realizó la gloriosa campaña aún contra la hostilidad de muchos compatriotas. A tal punto, que solo pudo regresar al país ya muerto y a casi 60 años de ser obligado al exilio.
Sus subordinados lo caracterizaban por una laboriosidad a toda prueba; organizador hasta en el detalle, tenía un concepto casi religioso del deber, con el sentimiento de responsabilidad siempre por delante. "Como jefe era grave en los actos del servicio, severo para conservar el orden y la disciplina, pero justo y de un trato ameno, respetado por sus hombres que comprendían que esa severidad, con la que se revestía, era necesaria", lo recordaban.
El Gran Capitán, el Santo de la Espada, como lo describió la historia, infundió a sus hombres la mística de luchar por el futuro. Los granaderos de San Martín no luchaban por el pasado, ni por la tradición, que aún no existía. El general les decía "para los hombres de coraje se han hecho las empresas". Así realizaron hazañas extraordinarias con ese espíritu de grandeza que se contagió y difundió por tres naciones, poniéndolas de pie.
Al retirarse del Perú decía: "En cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas (como en lo general de las cosas) dividirán sus opiniones. Los hijos de estos darán el verdadero fallo".
Para todos los argentinos es el padre de la Patria.

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