¿Cómo hacer mucho con poco? He ahí la cuestión. A esta pregunta, en materia de estilo, la mejor respuesta es: el pañuelo. Atemporal donde los haya, pocos accesorios son tan extremadamente agradecidos a la hora de dar un giro radical a un look, sin que esto suponga una apuesta demasiado arriesgada Äni costosaÄ. Del mismo modo, que escasos complementos pueden presumir de ser tan sumamente versátiles y de aportar tantos matices diferentes a nuestra imagen Äun toque retro, carácter estival, cierto halo bohemio, un guiño rockeroÄ. Los pañuelos se apoderan del verano gracias a sus infinitas posibilidades, dejando aparte su cara funcional y sacando a relucir su lado ornamental. ­Que se preparen los collares! Ha nacido un duro competidor que pide la palabra.
Sumamente estrecho, monocromático y anudado de forma sutil al cuello. Estampado y enrollado sin que sobresalga ninguna de sus puntas. O, sencillamente, colgado de forma deliberadamente descuidada sobre un look casual. Clásico ente los clásicos, el pañuelo es el aliado perfecto de looks muy sofisticados y hasta deportivos. Su presencia se hace más que notoria, siendo tan llamativo como muchas piezas de bisutería y con capacidad suficiente para hacer de un conjunto anodino, un look cautivador.
Se acabó aquello de quitarnos el pañuelo en cuanto cae la noche, o únicamente utilizarlo para resguardarnos del frío, relegándolo después a un segundo Äo tercerÄ plano. Lo cierto es que nunca un accesorio ofreció tantas posibilidades.

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