El papa Francisco visitó la cárcel de Ciudad Juárez y abogó por la reinserción de los reclusos. "A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar", declaró en su visita a México.
El Papa, en su viaje a México, visitó una de las cárceles más peligrosas del país azteca, ubicada en Ciudad Juárez: "El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando", manifestó.
"La misericordia nos recuerda que la reinserción no comienza en estas paredes, sino que comienza afuera, comienza creando un sistema que podríamos llamarlo de salud social", dijo su Santidad frente a los presentes.
"El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad que afectan a todo el entramado social"; agregó.
"A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de rehabilitación", manifestó el Pontífice en el Centro de Readaptación Social 3 de esa localidad fronteriza con Estados Unidos.
Le dijo a los presos que la historia no puede volver atrás, pero "quien ha sufrido el dolor al máximo, y que podríamos decir experimentó el infierno puede volverse un profeta en la sociedad".
"La misericordia divina nos recuerda que las cárceles son un síntoma de cómo estamos como sociedad, son un síntoma en muchos casos de silencios y omisiones que han provocado una cultura de descarte", expresó.
Última actividad
La jornada de Francisco en la localidad norteña comenzó con una visita al Centro de Readaptación Social Estatal 3, una cárcel mixta en la que celebrará una eucaristía.
El avión que transportaba al Papa ayer fue alcanzado por una luz láser desde tierra al momento de llegar a Ciudad de México, adonde visitó una peligrosa cárcel de hombres y mujeres, pero no pasó a mayores.
Luego se dirigió al Colegio de Bachilleres para tener un encuentro con 3.650 personas, en su mayoría empleados de las maquiladoras (empresas manufactureras), una industria que ofrece trabajo a unas 270.000 personas en esa población. Posteriormente tuvo programada una misa en un antiguo recinto ferial, a la que se espera la asistencia de miles de migrantes y representantes de otros grupos vulnerables, como familiares de desaparecidos o de víctimas de feminicidios, los asesinatos de mujeres que hicieron mundialmente famosa a Ciudad Juárez las dos últimas décadas.
Y rezó frente al río Bravo, que divide a México y Estados Unidos, a los pies de una cruz y acompañado de unos viejos zapatos y sandalias que simbolizan el drama de la migración.
Hubo un reclinatorio, se hincó, y oró por aquellos migrantes que han muerto, por aquellos que están en EEUU en la cárcel o están sufriendo las redadas, por todo lo que sufren los centroamericanos en México y a las 19 hora local partió con destino a Roma.
Mariachis despidieron a Francisco en México
Ciudad Juárez, rebautizada así en 1888 en honor del presidente liberal Benito Juárez, que se refugió aquí de los franceses, vive un furor por la visita de Francisco. La ciudad fronteriza tiene 1,3 millones de habitantes.
El papa Francisco fue despedido con mariachis en la nunciatura apostólica en la capital mexicana tras pasar su última noche en la Ciudad de México antes de partir a la frontera norte donde concluyó la visita de seis día. Un grupo de mariachis ingresó muy temprano a las instalaciones de la nunciatura, en un acomodado barrio del sur de la capital, para cantarle una canción en privado y tomarse una foto con Francisco. Momentos después el Papa salió a las puertas de la representación diplomática, donde saludó a las cientos de personas que desde la madrugada esperaron bajo el frío para verlo un momento y tomarle fotos.
El papa Francisco se molestó ayer con un fiel que lo jaló para saludarlo en medio de una multitud. Las cámaras de televisión captaron el momento en el que Francisco se molestó con el feligrés, que al tironearlo, hizo que perdiera el equilibrio cuando saludaba a una multitud al término de una misa a la que asistieron unos 85.000 jóvenes en esa ciudad.
"íNo seas egoísta, no seas egoísta!", le dijo el Papa con gesto firme y sacudiendo la mano, mientras personal de seguridad trataba de protegerlo de los tironeos.

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