Es sabido que la edad no es impedimento para estudiar. El momento en el que se toma la decisión de comenzar o continuar con los libros tiene que ver con la historia personal de cada uno. Aquí se hace referencia a aquellas personas que no hacen del estudio su actividad cotidiana como es el caso de docentes e investigadores, sino jóvenes, y no tanto, que por algún motivo abandonaron el secundario o lo terminaron pero luego no pudieron continuar estudiando.
El abandono de los estudios puede ser una decisión tomada por diversas circunstancias de la vida, algunas pueden estar relacionadas con paternidades o maternidades muy tempranas y la necesidad de buscar un trabajo para sustentar a su familia, pero a veces ocurre que cuando los hijos crecen y cada uno se hace responsable de su propia vida, reaparecen las ganas de hacer aquello que quedó en suspenso.
"El estudio es parte de las cosas que me quedaron pendientes", dice César Ramón Mascietti, padre de tres hijos que viven en Córdoba, dos mujeres y un varón y abuelo de Roma, una niña de 3 años.
César, con 50 años, cursa el profesorado de Física y el de Matemáticas en institutos dependientes de la Provincia. La historia de este hombre es también la de un trotamundos. Nacido en Salta, sus padres decidieron irse a Córdoba en la época dorada de las grandes fábricas cuyos obreros especializados eran, en su mayoría, egresados de las escuelas técnicas. Jóvenes bien formados y con una fuerte carga ideológica que canalizaban a través de la militancia en los gremios de la época.
En la década del 60 su padre comenzó a trabajar en Ika Renault, más conocida como la "planta de Santa Isabel" que aún existe, enclavada en el barrio cordobés homónimo. Junto a su madre y a sus hermanos se radicó en la ciudad de Alta Gracia, al pie de las sierras chicas, la tierra donde pasó su infancia Ernesto "Che" Guevara, donde vivió Manuel de Falla, está la Estancia Jesuítica y la casa del virrey Liniers.
"Fui a la misma escuela que el Che, la Santiago de Liniers. No me puedo quejar, viví una infancia hermosa. La gente era muy amable, todos nos integrábamos", contó a El Tribuno. César es uno de los cinco hijos del matrimonio Ramón-

Mascietti de los cuales tres son cordobeses.

Sin embargo, los tiempos políticos y el fuerte avance de la Triple A los hicieron regresar a Salta. "Mi papá era delegado de su sección en Renault. Los compañeros lo querían mucho porque él sabía aconsejarlos, era un buen guía en la vida, sin embargo para nosotros fue un padre ausente. Entraba a trabajar a las 15 y salía a las 23. Cuando hacía horas extras se quedaba hasta la madrugada y después dormía hasta regresar nuevamente a la fábrica", detalla. "Con el tiempo las cosas se complicaron. Él me contó que una noche escuchó que explotaron más de 60 bombas", ahí tomaron la decisión de volver a Salta. En esos tiempos convulsionados, César cursó parte de su secundario en el mítico colegio nacional de varones Deán Funes de la ciudad de Córdoba, por cuyas aulas pasaron hombres como el mismo Che Guevara y Marcos Aguinis, entre otros.

El regreso a Salta

Cuando retornaron a Salta su padre puso un taller mecánico pero no le fue muy bien. Finalmente terminaron con una despensa en la casa.
Era 1975, y al llegar aquí ingresó a la Escuela Normal Manuel Belgrano. "Eran 38 chicas y yo, me tenían castigado ahí porque el director no me quería", agrega con una sonrisa. "Después yo me regresé a Córdoba a estudiar Arquitectura en la Nacional. Cursé hasta tercer año y dejé porque me casé. Tuve tres hijos, Carla (27), Martín (24) y Camila (22). Ahora, además, tengo una nieta, Roma Esperanza, de 3 años", contó.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora