Las temperaturas que estamos viviendo en este verano son históricas: alcanzan picos que sorprenden para la región. Y aunque el organismo en verano no necesita trabajar tanto como en el invierno, por lo que consume muchas menos calorías, es también una época de "picadas" y aquí y allá y a cualquier hora, pueden surgir invitaciones para "hincar el diente" en los más variados platos, acompañándolos de diversas bebidas refrescantes. Nuestras costumbres cambian en verano y es más frecuente saltarse comidas, llevar un horario desordenado o comer en exceso en las reuniones propias del ocio y el descanso. Se trasnocha más, por lo que nos levantamos más tarde y no desayunamos, y, por supuesto, se consume más alcohol. Estos cambios en la rutina diaria favorecen una alimentación caprichosa y descuidada.
Pero comer en verano no debería suponer la pérdida de buenas costumbres y hábitos sanos, sino que deberíamos adquirir una rutina que favorezca una dieta sana, ordenada y completa. Para esto recordemos que deberían realizarse al menos cuatro comidas al día y no picar entre horas, ya que esto favorece el aumento de peso, tan difícil de perder.
Mantegámonos ordenados
No cambiemos la estructura de nuestra alimentación por más calor que haga. Debido al calor tenemos mayores posibilidades de deshidratarnos. Por ello es recomendable beber una mayor cantidad de líquido y priorizar el consumo de alimentos frescos, en particular verduras y frutas, ricas en agua, vitaminas y minerales, y sirven para rehidratar el organismo. Es recomendable evitar las grasas y, en lo posible, elegir quesos y cortes magros de carne. Guillermo Rodríguez, dietista-nutricionista, recomienda "consumir frutas, verduras, carnes y cereales como la quinua, la chía. También alimentos ricos en agua: la sandía, los espárragos, el tomate o las ensaladas de hojas verdes.
El principal consejo es que los platos sean fríos y ligeros. Es más recomendable cocinar a la plancha, al vapor, hervido, asado o hacer marinadas. Sobre todo, ­hay que evitar las grasas", dice Rodríguez.
Todo lo que se consume debe conservarse en la heladera, donde se coloca en recipientes tapados. Recordemos que es importante que lo que ya está cocido vaya en los estantes superiores, mientras que lo crudo debería colocarse en los inferiores. Por ejemplo, el arroz cocido arriba y la carne cruda abajo. De este modo evitamos que caigan cualquier tipo de residuos y afecte lo que ya está cocido. Otro aspecto a considerar es que no se debe guardar ningún tipo de alimento en el horno o a temperatura ambiente.
Si se recalienta una comida guardada en la heladera, deberá ser solamente la porción que se vaya a comer, ya que no se deben calentar más de una vez las preparaciones. Si lo que se recalentó no fue utilizado, ¡es preferible desecharlo!
Cola de caballo
La nutricionista Jenny García asegura que se debería tomar en verano el agua de la planta conocida “como cola de caballo”. La nutricionista señala que esa planta es “un diurético natural y regenerador de piel”, que en verano es acosada por las quemaduras solares.
“En la playa el cuerpo retiene líquido por el calor, y esta infusión ayuda a eliminar agua y recuperar la piel en caso de insolación por la exposición al sol”, asegura García.
La nutricionista aconseja tomarla como refresco después de las comidas, más un poco de limón que aporta vitamina C. Contiene antioxidantes y minerales como silicio, que equilibra el sistema inmune. García recomienda tomar de una a dos tazas al día de este té y cuidarse de los excesos. No es para embarazadas, lactantes ni menores de 5 años.

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