Conoce con precisión cada detalle de la imagen de la Virgen del Milagro. Sabe qué tanto puede mover sus pequeños brazos o si se necesita asegurar alguna joya o darle una puntada a la ropa. Puede hasta acariciar su rostro. Marcela Quintana es una de las mujeres que viste a la Virgen y también al Señor, una labor que realiza desde los años ''90.
"Es una especie de liturgia el vestir a las imágenes, especialmente a la Virgen porque es a la que se le dedica más tiempo y se deben tener en cuenta más detalles. Al Señor solo se le cambia la sabanilla, que es el faldón. Es más sencillo", contó. La "vestición" es una labor reservada para pocos y a puertas cerradas que se realiza dos veces durante el Milagro: antes de la entronización y de la novena. Actualmente, las responsables son Marcela junto con su hija Ana Isasmendi y Graciela López Sanabria. Además también colaboran Yolanda, en el arreglo de la peluca, y un grupo de señoras que siempre están listas con sus agujas.
La imagen de la Virgen del Milagro está tallada con vestido, por lo que la indumentaria que se le coloca, en realidad, no es un vestido común debido a que sería imposible ponérselo. Lleva un sayal, que recubre la parte de adelante.
Este año la Virgen tiene un sayal color natural, en brocato y el manto de terciopelo azul, todo bordado. La faldilla del Señor hace juego con ese vestido. Sobre un diseño del arquitecto Mariano Sepúlveda, parte del conjunto se realizó en Casa Granda, de España.
Antes de la entronización se bajan las imágenes para el cambio de vestimenta. Mientras rezan el rosario, las mujeres y algún sacerdote de la Catedral acondicionan a la Virgen y le cambian la ropa que conservará hasta el siguiente año.
"Necesitamos estar concentradas porque es una tarea muy detallada la que vamos haciendo y por eso tenemos que estar en un ámbito tranquilo, cerrado y silencioso si no, nos desconcentraríamos", explicó Marcela Quintana.

Trabajo difícil

Se trata de una responsabilidad enorme porque hay que cuidar la imagen. "Tenemos que ver que todas las cosas que lleva la Virgen estén bien aseguradas porque después sale a la procesión; por ejemplo, ella en la mano lleva una flor de cristal muy delicada y hay que cuidarla de los movimientos", señaló.
Quintana describió ese momento único: "Sabemos que es una imagen, pero la sentimos como una personita propia. Le conocemos todos los movimientos, cómo hay que moverla y tratarla. Es una gracia, un regalo de Dios y la Virgen que nosotras podamos estar cerca de ella. Es como el escultor cuando terminó su obra y sintió que la escultura estaba viva". La mujer se refirió a la fiesta del Milagro. "Esto es un regalo que tenemos los salteños, vivimos el Milagro con un clima que no lo vive nadie, es un clima pascual. Además está acompañado por la época de la primavera, en donde todo nace o renace de nuevo", señaló.
Quintana también afirmó que lo que se sumó estos últimos años es la solidaridad de las personas. "Todos los habitantes de Salta tienen un compromiso con un peregrino. Ellos son unos héroes. Acompañé la peregrinación del padre Chifri y caminé la entrada a la Catedral, es algo maravilloso".

Una llamativa anécdota

Una situación que puso nerviosos y asustó a Quintana y a los religiosos de la Catedral sucedió hace varios años, cuando la restauradora estaba en Buenos Aires. “Cuando bajaron la imagen, a pocas horas de la entronización, se dieron con una mancha negra en la frente de la Virgen. Se dijo que podría ser un hongo, pero no se sabía qué hacer. El arquitecto Sepúlveda resolvió tapar la mancha con algo. Entonces, pidió a mi hija Ana unas témperas. La puso y quedó perfecto y nadie notó nada. Al año siguiente, cuando se baja la imagen y la restauradora le saca la témpera, la mancha no estaba. Nunca supimos qué pasó”, contó Quintana.


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