Los días de esta lluvia temprana vienen y van a través del mapa del país. Y los salteños, se sabe, son reacios a salir mucho en esos días en los que reinan el gris, el viento y la lluvia. En general nos quedamos en casa, acompañados de una película, música o un buen libro. Por supuesto, aquí también debemos sumar una buena charla con amigos, con el murmullo de la lluvia de fondo.
¿Y qué pondremos en la mesa en una ocasión como ésta? Pues esta vez nos jugamos por un plato de pasta. Hacerlo es relativamente fácil -solo hay que tener cuidado con algunos pasos que describiremos- y siempre satisfactorio.
¿Cómo la cocinamos?

Primero, ¿la hacemos en casa? Es un buen fin de semana para armarse de un oflador y una harina de trigo de la máxima calidad, tal como lo exige la pasta fresca hecha en casa. Aunque en el mercado su precio puede ser muy superior a la tradicional, realmente vale la pena para conseguir un plato realmente delicioso. Aunque se puede preparar pasta casera sin huevo, la textura sin las harinas industriales distará mucho de parecerse a la que compramos. Además, el aspecto que le otorga este ingrediente la hace mucho más apetecible. Recomendamos incluirlo siempre como ingrediente. Bien, cuanto más amases la masa, mejor textura tendrá la pasta fresca hecha en casa.
Teniendo en cuenta que esa textura suave es la que realmente está buscando para una preparación sin aditivos, más vale prolongar un poco más este proceso para que esté deliciosa. No hay ninguna razón para no añadir sal a la mezcla. De hecho, si piensa no utilizarla en exceso en las salsas, o no tiene ningún problema de alimentación que la prohíba, lo mejor es que añada sal a las mezclas para hacerla en casa.
Luego, conservar la pasta fresca casera es una cuestión que no puede prolongarse por mucho más de unos 4 ó 5 días. La única alternativa para poder hacer que dure más en el tiempo es la de congelarla. La pasta se debe cocer siempre en abundante agua salada. Se calcula en general un litro de agua por cada 100 gramos de pasta. Pero ¿cuánta sal? Pues se agrega una cucharada sopera por cada dos litros de agua. Ésta es la medida.
Este es el punto justo para que no quede muy salado o con poca sal. Una buena recomendación para evitar que la pasta se pegue tanto al recipiente como entre sí, es añadir algunas gotas de aceite al agua donde vayamos a prepararla y de este modo la pasta no se pegará.
Cuando el agua comience a hervir será el momento exacto para añadir la pasta, manteniendo siempre la temperatura de cocción. Nunca la pasta debe ir antes de que el agua esté bien burbujeante, pues corremos el riesgo de que termine pasándose. Recordemos que la verdadera pasta debe comerse "al dente", lo que significa que la parte central de la pasta no estará cocida del todo y en sí mantiene su forma. Una vez que comprobamos que está justo "al dente", agregamos un vaso de agua fría sobre el agua que está hirviendo. Apagamos el fuego y hay que esperar unos segundos para pasarla por un colador, aunque lo mejor es dejar la pasta con un poco del agua de la cocción, no escurriéndola del todo. En los platos de pasta con salsas, cuya base sea el aceite, o por ejemplo si el plato lleva mariscos o pescado, no debemos poner queso parmesano, ya que arruina el sabor.
Eso sí, ya que estamos hablando sobre el queso parmesano, debemos indicar que, cuando lo pongamos para acompañar la pasta, se debe cuidar de hacerlo de la siguiente forma: rallar el queso grueso si va con pasta corta y fino si va con pasta larga. Las salsas cuya base sea el aceite, se usan fundamentalmente para acompañar la pasta larga; mientras que salsas basadas en crema, suelen ser para la pasta corta. La salsas de tomate, pueden acompañar ambos tipos.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora