"Yo les tengo fobia. De hecho un par de días antes del vuelo empiezo con vómitos y el sistema nervioso se me acelera al punto de sufrir dolores de cabeza y bruxismo. Por eso antes de subirme al avión tengo que tomar psicotrópicos y dejo todo lo que debo llevar listo, ya que me ha ocurrido en otras ocasiones que se me pierdan las cosas por ir drogado. Soy un viajero sufrido, pero no hay nada como llegar en un par de horas a un lugar y sin tener que sufrir tanto en un ómnibus".
El ingeniero Carlos Nibles (42) dice que pocos sonidos le causan tanta repulsa como el bramido metálico y acelerado del despegue de una aeronave. Él, como muchos, reconoce que tiene miedo a volar. Esta emoción hasta le genera vacilación y duda para viajar en avión y le produce sensaciones de ansiedad molestas, pero aún no le impide volar. Cuando se tiene temor a esta actividad las manos transpiran en exceso y es frecuente padecer taquicardia, expulsar suspiros hondos e involuntarios, sentir inquietud. Ya la aerofobia o aviofobia es un fuerte estado de ansiedad que no permite viajar. En este caso los síntomas son más intensos y, entre ellos, se cuentan ansiedad, ahogo, sudoración, mareos, boca seca, inquietud, desasosiego, turbación, sensación de falta de aire, diarreas, vómitos y temblores.
Según los especialistas esta fobia surge de un aprendizaje disfuncional. En algún momento, se asoció el viajar en avión con un peligro para la vida, ya sea por experiencias anteriores o por imágenes vistas en la pantalla, como películas de cine catástrofe o noticias sobre aviones siniestrados. También influyen la incertidumbre o la falta de comprensión acerca del fenómeno de volar, el estrés acumulado o la aprehensión por encontrarse en una situación desconocida.
Trastorno de ansiedad
Según la Lic. Carina Salas, directora del Cepsi (Centro de Psicoterapias de Salta) y facilitadora de EMDR (evaluación y tratamiento del trauma en la psicoterapia), el miedo irracional a volar es una fobia específica y está comprendida dentro de los trastornos mentales, aunque puede tener diversa gravedad en el cuadro clínico. Además es situacional, o sea, que la persona desarrolla una vida normal, pero se pone mal en situación de volar, próxima a volar, o cuando está en contacto con algo asociado al vuelo. "Los aerofóbicos primero utilizan mecanismos dubitativos: "Mejor me voy en el auto porque voy más seguro''. Postergan o dilatan la experiencia de volar. La otra reacción es que para lidiar con los síntomas de ansiedad recurren a la automedicación e incluso al alcohol", enunció. También expresó que se trata de personas que llevan una historia de vida traumática. "Tal vez ha tenido un vuelo en el que sintió temor o que su integridad física estaba en peligro, vio noticias en los medios de comunicación sobre siniestros aéreos o presenció la experiencia de miedo de otro y aunque no pasó por ello experimenta un trauma vicario (interiorizó el dolor ajeno y lo mezcló con sus propios traumas)", detalló. Así esta información le quedó almacenado en neurorredes de memoria y cada vez que la persona va a abordar un avión estos recuerdos se hacen presentes desde su pasado, por ello Salas señaló que se debe trabajar en la historia del trauma.
Cómo vencerlo
Varios senderos conducen hacia una experiencia placentera en la cabina de pasajeros: realizar un curso especializado para aerofóbicos, apelar a ejercicios de relajación y meditación, hacer terapia psicológica o recurrir a un médico para tomar medicación. El primero es un programa llevado a cabo por institutos especializados o por algunas aerolíneas que ofrecen un periodo (de 2 a 5 días) de información al participante acerca del funcionamiento de un avión y de su seguridad, combinado con técnicas de relajación. Idealmente, el entrenamiento culmina con un vuelo de cabotaje que lo expone a las circunstancias reales de vuelo y que sirve para convencerlo de la superación de su trauma.
Los aerofóbicos se quedan en tierra
El piloto aerocomercial e instructor de vuelo en la Escuela de Aviación del Aeroclub Salta Jorge Coisman dijo a El Tribuno que toda la tripulación -comandante, copiloto, comisario de abordo y azafata- tiene la instrucción de que una persona que no quiere estar dentro del avión no debería abordarlo porque puede causar, en su descontrol, que el resto del pasaje se ponga mal.
"Salvo que sea imperioso hay que tratar de que no suba y si no hay remedio lo que se hace es llevarlo adelante o atrás, dependiendo del avión. Primero debemos escucharlo y tratar de atender las necesidades que tenga y luego tranquilizarlo, explicándole cuánto tiempo falta para aterrizar, y cambiarlo de asiento para que a las personas que se encuentran en torno de él no les empiece a pasar lo mismo", señaló. Desde su experiencia de casi dos décadas de comandante se refirió a los entretelones que producen las molestias físicas en los pasajeros. "En un vuelo transcurren movimientos que tienen que ver con la turbulencia, la meteorología y la hora geográfica a que está volando el avión", dijo y agregó que a lo largo de la cabina de pasajeros la zona donde menos se sienten los movimientos es el sector cercano a las alas. "Esto queda cerca del centro de gravedad del avión, es decir, un punto por donde pasan los ejes y es el que menos se mueve y menos sufre la turbulencia. Cuando más atrás o más adelante un pasajero se siente, más va a sentir los movimientos. Entonces se les aconseja quedarse en la zona de las alas", especificó.
El momento de la presurización y despresurización de la cabina es cuando se produce esa sensación de estallido en los oídos. Coisman explicó que cuando el avión se pone en marcha en la superficie los motores generan aire. Ese aire se manda a presión a la cabina que actúa como un globo que se infla y queda estabilizada en una presión que le permite al pasajero estar confortable. Sin embargo, cuando la aeronave sube, con la altura la densidad del aire disminuye y, por lo tanto, la presión atmosférica baja. A estas modificaciones la mayoría de los pasajeros no las sienten.
La seguridad del avión infunde temor
Sin embargo, Coisman añadió que al haber un problema menor con una fisura, un burlete, una ventanilla o una puerta, la presión de adentro del avión tiende a igualarse con el exterior y cuando la presión afuera es mucho menor, lo primero que se siente es que se desinfla. "De esta manera el aire tiende a salir del avión y el órgano donde más se siente es el oído, porque es donde se aloja el aire acumulado a presión", dijo. Agregó que el dolor en los dientes tiene que ver con una burbuja de aire que pueda existir en una carie. Otro grande temor que aletea en la mente de los aerofóbicos como un gusano en una manzana podrida es el incorrecto mantenimiento de los aviones. En ese sentido, Coisman aseguró que los pasajeros pueden viajar tranquilos. "Los controles de los organismos son muy exhaustivos porque se hacen en talleres especializados, que si bien son propiedad de las compañías aéreas garantizan que el funcionamiento del avión sea el óptimo", enunció. La sospecha de que repuestos en mal estado sean colocados en aeronaves funcionales fue descartada por Coisman, quien señaló que se controla la trazabilidad de las piezas. Por ello cuando se cambia una pieza de un avión se debe demostrar al organismo de control el origen de ese repuesto. Agregó que las piezas de los aviones tienen un vencimiento por tiempo calendario o por tiempo de horas uso. "En el caso de que se tome una pieza debe estar habilitada por algunos de esos dos", concluyó.
Hay esperanza
Carina Salas señaló que aunque la fobia a volar es muy específica puede estar ligada a otros cuadros clínicos como el miedo al encierro (claustrofobia) o el temor a las alturas (acrofobia). "Lo alentador es que hoy la ciencia dispone de modelos de abordaje terapéuticos específicos y acotados con los que la persona recupera la posibilidad de decisión ante una posibilidad de vuelo", dijo.
La buena respiración alivia los síntomas
El maestro reikista y facilitador de Sat Nam Rasyan Carlos Aguilera indicó que las técnicas de relajación del cuerpo y la mente también ayudan a atravesar el trauma de volar. La meditación, la respiración y, sobre todo, los pranayamas son esenciales para ello. Explicó que "prana" significa energía vital y "yama" es la forma, y que estos ejercicios respiratorios resultan muy efectivos para estos casos. "Las personas sienten temor de estar desconectadas de la tierra. Hay algo en nuestro centro sutil que se llama "nabhi'' (que en sánscrito significa ombligo), que es nuestro centro y donde generalmente sentimos el vértigo cuando estamos desconectados de él. También tiene que ver con el balance y una conexión directa con el oído interno medio", detalló. Sin embargo, advirtió que una meditación antes de volar no va a ser tan efectiva como haberla practicado con constancia dos meses antes de abordar el vuelo. "Si sumamos la parte de la práctica física para fortalecer el metabolismo y la meditación para fortalecer los sistemas nerviosos y glandular que ofrece el yoga habrá un impacto positivo al momento del vuelo", aseguró. Sugirió realizar un pranayama sencillo para calmarse ante cualquier estado de ansiedad. Este consiste en bloquear la fosa nasal derecha con el pulgar de la diestra y llevar la mano izquierda a gyan mudra. Esto último implica colocar el pulgar y el índice juntos, es decir, el mudra que se ve en todas las posturas de meditación. Luego se inhala y exhala constantemente y bien profundo por la fosa nasal izquierda. Lo que hace este pranayama luego de tres minutos es calmar el estado de ansiedad, siempre dependiendo de la persona porque cuanto más lo practique más efectivo va a ser.
Por último, se puede echar mano de medicación como el Dramamine, que se usa para prevenir y tratar náuseas, vómitos y vértigo asociados con mareos devenidos del movi miento.

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Re KennethU
Re KennethU · Hace 12 meses

Personalmente me gusta viajar en avión, tuve algunos vuelos con muchas sacudidas y otros en los que después del despegue parecía estar sentado en mi casa. Un remedio para una situación molesta con los cambios de presión que molestan en los oídos: tapese la nariz y sople, no muy fuerte, como si estuviese limpiandose la nariz.