Celestina Martínez es una de las tantas mujeres que tiene una cruda historia en el loteo Parque La Vega. Quedó viuda, tiene 4 hijos a cargo y padece de tiroides.
Sin embargo, pudo llegar a tener su terreno y ahora lo mantiene impecable: el pasto corto, un cerco prolijo, la leña ordenada, la zanja abierta para la cañería de agua y la carpa totalmente limpia.
Sí, ella duerme con sus hijos en una carpa para 4 personas que armó sobre unos viejos pallets. Ella entró también el 5 de febrero pasado y no se pudo mover porque sabe que si se va van a venir a ocuparle su lugar.
Entonces no puede buscar dinero, no puede trabajar, la leña se le moja y todo eso hace que no pueda cocinar. Ella tiene que pedir comida.
La organización Corriente Clasista y Combativa (CCC) tiene al menos cuatro comedores en el barrio.
Celentina acude entonces al que está ubicado en la manzana 18, en donde Andrea Maurin mantiene con lo poco que tiene un comedor. Ella, un verdulero y un grupo de vecinos arman una olla popular para aquellos que no tienen ni pueden salir a buscar el pan.
Todos, hasta los niños, piden la presencia del Estado. Reclaman que ya sea la Cooperadora Asistencial, Tierra y Hábitat, el Ministerio de Salud o cualquier estamento del Estado se acerque para que vean cómo es vivir sin tener los servicios públicos.

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