Los tabúes ambientales que perjudican a Salta fueron el tema propuesto en mi publicación del 2 de febrero de 2013 en éste medio. En el mismo afirmaba la amenaza que significaban para nuestro desarrollo agropecuario los Mark Lynas "locales". Comparaba su atrevimiento a la valiente actitud del mencionado periodista que reconoció 20 años más tarde ante la Conferencia Agrícola de Oxford su error al haberse opuesto y desacreditar los beneficios productivos, ambientales y sociales de los alimentos transgénicos. Dije, que en virtud de que sus argumentos habían sido desoídos, transformaban en abstracto su valiente pedido de disculpas. A la vez afirmé que "nuestros Lynas locales", en algún momento iban a tener que asumir su error y reconocer el "mea culpa".
Hoy a ningún salteño escapa que la provincia está mal, lo reconoce desde el más encumbrado de los políticos hasta el último de los comprovincianos. No debe sorprender, ya que a una provincia con la potencialidad de la nuestra se le inactivó el campo, uno de los motores generadores de riqueza, trabajo, infraestructura y otros beneficios .
La ceguera seudoambiental pudo más, hirieron de muerte nuestras producciones agropecuarias, pusieron freno a nuestras aspiraciones agroindustriales, nos retiraron del escenario argentino. Ahora asoman con el rebuscado argumento de que el cambio de gobierno nacional posibilita ambientalmente una nueva mirada productiva.
"¿Quién paga el estancamiento de estos 8 años?, ¿cómo se atrae una inversión agropecuaria?".
Argumento tan falso como hipócrita. Después de maltratar nuestra provincia pintando a brocha gorda de amarillo su geografía, en lugar de reconocer su error- que hoy toda Salta paga- siguen sentados a nuestra mesa de decisiones incorporando ideas foráneas y vendiendo paquetes armados, amparados según ellos- en la novedad de el nuevo gobierno.
No es nada novedosa la idea del desarrollo agropecuario de Salta basado en la incorporación de nuevas superficies a la producción. Lo dicen los lineamientos agropecuarios, agroindustriales y agroalimentarios que tomaron fuerza en 2008. Venían de un abortado proyecto de ley nacional (Dafos) iniciado en 2005 y cajoneado tras lo conocido como "conflicto con el campo".
Este trabajo originó el Plan Estratégico Agroalimentario Argentino (PEA) al que nunca nos incorporamos, quedamos fuera de sus metas 2008 - 2016 y luego de la fase 2016 - 2020 y así seguimos.
Nunca entendimos el nuevo paradigma de razonar nuestro crecimiento a partir de ecorregiones transformando en anécdota los límites provinciales. Fue esa propuesta federal la que alentaba la incorporación de unas 4 millones de hectáreas nuestras al desarrollo, no es una novedad que nos trae el nuevo gobierno.
"En realidad al nuevo gobierno tenemos que decirle cómo sumarnos, mostrar un proyecto serio".
En realidad al nuevo gobierno tenemos que decirle cómo sumarnos, mostrar un proyecto serio, fundado sostenible, compatible con la estrategia nacional de incorporar a Salta en un mundo en cambio.
Se debe reconocer que hicimos y seguimos haciendo mal las cosas.
Que las hicimos mal no será difícil, una vuelta a vuelo de pájaro por los resultados productivos y estadísticas- honestas, obvio- será suficiente. Que se siguen haciendo mal será otro tema. Los Mark Lynas locales siguen en nuestra casa, pensando tal vez que resulta fácil transformar un ternero en yaguareté con un simple collar y montarse en un argumento apocalíptico. La ecolatría rentada en su calidad de funcionario público se da el lujo de ignorar el decreto de interés provincial de nuestro gobernador sobre el Plan 2030 anunciado en 2011. En materia ganadera postulaba -coincidiendo con la propuesta nacional- y en vista del estancamiento que sufría la ganadería en el último trienio, la incorporación de nuevas superficies, rediscutir las decisiones que crean una mácula sanitaria en la provincia y modificar los fracasados planes ganaderos locales de 2004 y 2009 como eje central superador. El OT se opuso, nada se hizo. Esta tarea, hoy por hoy, se ve facilitada toda vez que nuestro interlocutor nacional proviene de una de las regiones en las que el PEN prevé generar el desarrollo ganadero futuro.
Sabe y conoce la actividad. Potencialidades y limitaciones productivas, sanitarias, de aislamiento y ambientales, son comunes a todas las provincias fronterizas. Habla nuestro idioma, tal vez por primera vez nos encontramos con un escenario tan favorable. No podemos cometer el error de volver a perder otra oportunidad.
Al opinar sobre otra cuestión dijo nuestro gobernador "un grupo de funcionarios que, de manera sistemática, concertada y organizada... realizaron operaciones dañosas...", cuando leí, no pude evitar la comparación con los Lynas locales.
"No es novedosa la idea del desarrollo agropecuario basado en la incorporación de superficies".
Con la misma ley, todos los fundamentos que hace 5 años servían para decir no, sirven ahora para decir sí. Lo peor es que se habla -con pretendida autoridad- de las nuevas inversiones que vendrán a Salta justificando en un cambio de gobierno. ¿Quién paga el estancamiento de estos 8 años?, ¿cómo se atrae una inversión agropecuaria que necesita tanto tiempo inspirado en un gobierno que puede volver a cambiar dentro de 4 años?
Espantoso mensaje. Se trata de dar seguridad jurídica y la necesidad de mostrar que nuestra provincia y sus productores pueden y saben.
No asumen la culpa propia en la situación actual y les duele el desarrollo anterior. Tome las estadísticas productivas de las dos últimas décadas. Se les termina el argumento. Por el bien de Salta, muestren ese desarrollo productivo y los resultados comprobados del 1995-2008.
Si optan por otro camino, podrán maquillarlo y teñirle el cabello, pero Pelé, no será rubio.

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