Un grupo de niños, inspirados en la historia de los grandes artistas, realizarán desde agosto muestras itinerantes en cafés, librerías y diversos espacios públicos de la ciudad.
Se trata de los alumnos que asisten al taller Confetti, que desde hace un par de años trabaja en educación artística y desarrollo creativo para los más pequeños. Siempre enfocados en la Historia del Arte adaptada para los niños, pero con la impronta innovadora en materiales, formas y soportes de expresión.
Desde agosto las obras rotarán por varios espacios de la ciudad para dar a conocer el trabajo de los chicos y la frescura de sus interpretaciones y resignificaciones. Es, de alguna manera, "sacar el arte a la calle".
La impronta de los talleres se desprende del significado mismo de la palabra "confetti": pedacitos de papel con formas y colores variados usados en celebraciones.
Este nombre refleja a la perfección el espíritu lúdico y festivo que se pretende transmitir en las clases de arte, a cargo de la Marianela Rivas Cuba.
"Enseñar arte a los pequeños es un camino en el que descubrí cosas maravillosas del lenguaje, del mundo y de la vida a través de los ojos de un niño. Lo que ellos pueden enseñarte es algo que en ningún ámbito académico te dan. Busco mostrarles alternativas a un problema que pueden resolver desde la creatividad y la asociación libre", señala Marianela, licenciada en Diseño de Indumentaria y especializada en Creatividad.

Historia del Arte para chicos
Sin duda, la joven va más allá de la mera enseñanza de manualidades o la transmisión de teoría sobre tal o cual artista.
Se trata de desafiar a los chicos para que puedan desarrollar su potencial creativo a partir de ciertos estímulos.
Lo que menos se busca es convertir a los niños en intelectuales. Por el contrario, es animarlos a descubrir las diversas formas de interpretar y expresar la realidad. ¿El secreto? Enseñar arte a través del arte.
"La Historia del Arte acerca a los chicos a un modo de pensar creativo, que revela datos de la vida y obra de un artista. Son ideas que los chicos asocian y guardan en su memoria. Poner sobre la mesa materiales, obras y artistas es una forma de cocinar con distintos ingredientes la capacidad creativa que les permite a los chicos hacer uso de su imaginación".
La tarea de Marianela es guiarlos en la exploración de cada niño emprende, mostrarles dónde indagar para encontrarse con sucesos que formarán parte de su imaginario para toda la vida.
Las reacciones de los niños
Cada clase es una aventura única para Marianela y para sus alumnos, un pasaje de ida sin retorno a un mundo diferente, un mundo donde el límite es cada niño.
"Los más pequeños se quedan con aquello que más les llama la atención desde el punto de vista lúdico. Los más grandes retienen mayor información y comprenden los períodos artísticos estudiados. La reacción siempre es positiva, demuestran mucho interés", señala.
En este sentido, destaca que cada clase se organiza a partir de un eje temático. "Por ejemplo, si se trabaja con la obra "El Grito'', de Munch, abordamos la importancia de expresar sentimientos. Si se aborda a Paul Klee, se recuerdan historias oníricas que se comparten entre todos", destaca la joven docente.
Pero no todo queda allí. La historia de un determinado artista es el puntapié para conocer diferentes culturas y aprender de ellas. Ejemplos sobran: la cultura japonesa se hizo presente en el taller gracias a la historia de dos grandes artistas: Yayoi Kusama y Katsushika Hokusa, lo que dio paso al diseño de origami, ninjas y geishas, entre otros. Otro tanto ocurrió con el arte mexicano, a través de la figura de Frida Khalo. "El arte está en todo. Cada niño encuentra en las historias que se cuentan algo de su agrado y luego lo expresa en su obra".
Pero lo mejor, es que serán recuerdos imborrales que permitirán formar adultos con una mayor capacidad para enfrentar la vida en los diversos desafíos que el destino interponga en su camino.

Un día de "clases"

Para Marianela cada clase es un desafío. Se toma un personaje en especial y varias imágenes, que los chicos deben aprender a "leer". Aqui juega un rol fundamental la imaginación de cada niño y la guía del docente, en un permanente "ida y vuelta". Luego se prepara todo realizar las obras. Sobre las mesas, se disponen materiales, colores y herramientas varias, dejando de lado la hoja y lápiz. "Vamos más allá para que el aprendizaje sea un juego y sobre todo exploración. Pensar los trabajos para que sean entretenidos e interesantes no es tarea sencilla, pero poder enseñar a los niños es una bendición", concluye


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