Días pasados, el dirigente político Fernando "Chino" Navarro declaró que la fuerza política que él integra "está obligada a construir unidad" entre el peronismo y el kirchnerismo, porque "el peronismo sin el kirchnerismo no va a volver a ser mayoría, y que el kirchnerismo sin el peronismo, tampoco".
Evidentemente, el señor Navarro sabe que el peronismo y el kirchnerismo son dos realidades absolutamente distintas, que deberían unirse para "volver a ser mayoría" y así ganar elecciones. Pero con esto confunde lo táctico -lo electoral- con lo estratégico, el proyecto revolucionario que transforma a una sociedad. En esa confusión, pretende unir dos realidades que se han mostrado distintas y antagónicas, más allá de la "unidad" forjada en estos últimos 12 años a golpes de látigo y chequera, por un lado, y sumisión rastrera por parte de cierta dirigencia política, que convirtió al peronismo en una franquicia para hacer negocios.
Perón y Evita liberaron al país de las garras de la dominación económica, financiera y política llevada a cabo por Gran Bretaña durante más de un siglo, consolidaron la industrialización nacional, forjaron la unidad del movimiento obrero, dignificaron a los trabajadores, promovieron la movilidad social ascendente, rescataron la deuda externa; se mantuvieron fuera de las garras del poder financiero internacional e hicieron del arte de la conducción política un acto de servicio sagrado, a favor de la Nación y del pueblo argentino, hasta el último minuto de sus vidas. No se hicieron millonarios trabajando en la función pública, sino todo lo contrario.
En forma totalmente inversa, en sus 12 años de gestión el kirchnerismo gobernó apoyándose en las leyes económico-financieras del proceso de 1976, concentró y extranjerizó la economía como en los peores momentos de nuestra historia (como lo ha reconocido en estos días su "vocero" Página12), avaló y duplicó la fraudulenta deuda pública externa, utilizando las reservas del Banco Central, afianzó el esquema agro-
exportador dependiente de insumos industriales extranjeros, hizo del subsidio y clientelismo una política de Estado, incrementó la existencia de asentamientos urbanos, etc. Y sus dos máximos dirigentes hicieron de la función pública la fuente de su descomunal e inexplicable enriquecimiento personal. Pretendieron ser los jefes máximos de un movimiento superador del peronismo, promoviendo dirigentes extraños al movimiento nacional o decididamente antiperonistas (Amado Boudou, Martín Sabbatella, Carlos Zanini, Carlos Heller, Diana Conti, Axel Kicillof, etc.), para terminar siendo los gestores de una derrota electoral sin atenuantes frente a una fuerza política local de reciente formación, mientras que Perón se cansó de ganar elecciones, incluso desde el exilio.
Al poner en paralelo un discurso de Perón y otro del matrimonio santacruceño, se percibe la diferencia entre lo predicado por un conductor político que sigue enseñando desde la eternidad y la vanidosa actitud auto-referencial vacía de contenido de quienes se creyeron los gestores de una revolución que solo existió en su imaginación.
El peronismo no es un movimiento conservador que encajona la doctrina en formas rígidas, ni tampoco es un movimiento progresista que habla hasta vaciar la doctrina de conte nido. Es ortodoxamente humanista
y cristiano.

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Sección Editorial

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ajorge Villazón
ajorge Villazón · Hace 7 meses

El peronismo es una estrategia de Poder. Este señor confunde peronismo con Justicialismo.


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