Miles de brasileños se volcaron a las calles este domingo por cuarta vez en el año para exigir la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, pero sin conseguir aglutinar un apoyo masivo que encienda la alerta.
Las protestas contra la acosada mandataria izquierdista, blanco de un procedimiento de impeachment en el Congreso por maquillar las cuentas públicas, reunieron a unas 22.000 personas según la policía y a 82.000 según los organizadores en 39 ciudades, informó el portal G1 de Globo. Aún faltan las cifras de Sao Paulo, donde se espera que alcancen su clímax.
Aunque gran parte de la población está harta de la corrupción y Brasil atraviesa la peor recesión económica en décadas, la inflación supera el 10% y el desempleo crece, esta protesta contra Rousseff no igualó las cifras de las anteriores manifestaciones, que de acuerdo a la policía juntaron a más de un millón de personas en marzo y a cientos de miles en abril y agosto.
Los organizadores justifican la débil asistencia en que solo convocaron la marcha hace unos 15 días.
"Esperamos menos gente hoy porque en las otras manifestaciones tuvimos dos o tres meses para organizarnos. La de hoy es una señal de que la población está volviendo a las calles, que está muy atenta al proceso de impeachment", sostuvo Kim Kataguiri, coordinador nacional del Movimiento Brasil Libre.
"Hoy vamos a fijar la fecha de la próxima manifestación, que será el año que viene e igualará a las otras tres que ya hicimos", aseguró Kataguiri.

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