El sargento de la Policía de la Provincia Gastón Daniel Almanza protagonizó un indignante hecho de violencia de género cuando obligó a su esposa y madre de su hija de 12 años a arrodillarse frente a él y pedirle perdón, mientras le propinaba cachetazos y patadas.
Todo ocurrió en el barrio San Francisco, de la localidad de General Mosconi, y según la denuncia formalizada por la víctima y su hija, tuvo como protagonista al sargento ayudante de la Policía.
El hecho de violencia y humillación no fue el primero para esta ama de casa.
Según refirió horas más tarde la mujer de 40 años, los golpes los venía sufriendo desde hacía 15 años, cuando decidió convivir con el policía con quien se casó un año más tarde. Luego de las palizas, el sujeto le advertía que si se atrevía a denunciarlo, el primero en enterarse sería él mismo. "Imaginate lo que te va a pasar si me entero que andas lloriqueando por la comisaría", le advertía el sujeto, por lo que la mujer soportó años de malos tratos, golpes y humillaciones.

Se atrevió a contradecirlo

El último episodio de violencia se produjo el domingo anterior en horas de la madrugada, cuando la pareja se encontraba en su vivienda en el barrio San Francisco. Según refirió la mujer en su denuncia, ambos junto a su hija de 12 años habían estado en una fiesta en la casa de una familia amiga.
Almanza comenzó a beber como lo hacía habitualmente los fines de semana o cuando descansaba y discutió con algunos jóvenes que estaban en la fiesta. Al parecer, producto de su borrachera mucho más que de su responsabilidad como policía, no les permitía a los jóvenes sacar bebidas alcohólicas de un freezer, lo que produjo algunas discusiones menores con los asistentes a la fiesta.
"Yo me acerqué y le dije, dejá que la gente saque la bebida que quiera, no te metas", contó la mujer. Eso fue suficiente para que el sargento se ofuscara de tal manera que decidió irse de la fiesta y regresar a su casa, hecho que se produjo a las 4.30 del domingo.
Una hora después -aterrada porque ya suponía lo que le esperaba-, su esposa llegó con su hija y golpearon la puerta y la ventana de la casa para que el sargento les permitiera ingresar. "En medio de insultos me gritó que nos fuéramos a la casa de mi mamá, pero a esa hora teníamos miedo de andar por la calle y no tenía un centavo para pagar un remise. Me quedé parada en la puerta y al rato abrió. Se le fue encima a mi hija con intención de pegarle por lo que la nena corrió hacia el patio; yo lo tomé del brazo para evitar que la agrediera y ahí me agarró de los pelos y me llevó a nuestra habitación", contó. Y luego refirió: "Me dio una trompada en el estómago que me hizo arrodillar. Allí me dijo que le pida perdón de rodillas por haberlo humillado delante de otras personas y por contradecirlo en sus órdenes".
Recordó: "Siempre me golpeaba en la cabeza o el estómago porque decía que así se les hace a los detenidos para que no les quede huellas de los golpes. Me hacía que le pida perdón una y otra vez y así me tuvo no sé cuanto tiempo. Cuando se cansó de pegarme, se fue al placard donde guarda el arma. Yo le rogaba que no me matara y me dijo que por esa vez me perdonaba la vida".

Llamado a un familiar

Mientras el sargento le propinaba la paliza a su esposa, la niña llamó a un tío, que vive en el barrio 17 de Agosto de Mosconi. El muchacho (luego se supo que tiene 21 años) llegó junto a otro menor de 14 años, en una motocicleta hasta la vivienda y comenzaron a tocar las manos. Cuando el sargento abrió la puerta, el joven le mintió a Almanza que otro familiar cercano se encontraba en grave estado y que necesitaba que su esposa y su hija fueran urgente hasta el hospital.
El sargento creyó la mentira del muchacho, artilugio al que había recurrido con el solo objeto de sacar a madre e hija de la vivienda. Cuando estuvieron seguros y fuera del alcance de la violencia del sargento ayudante, todos se dirigieron a la comisaría 41 de General Mosconi donde formalizaron la denuncia.
La causa quedó a cargo de la Fiscalía Penal N§ 3, cuyo titular deberá decidir si ordena la detención del sargento ayudante y otras medidas restrictivas.
La mujer pidió la exclusión del hogar, y la restricción para que no se acerque ni a ella ni a su hija.

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Sección Editorial

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