El derretimiento de las capas de hielo -especialmente en Groenlandia-, está modificando la distribución de peso en nuestro planeta.
Según un nuevo estudio de la NASA, esto ha provocado que el desplazamiento que experimentan los polos celestes de la Tierra con respecto a los polos geográficos, conocido como movimiento polar, cambie de curso.
Científicos y navegantes han medido precisamente el Polo Norte verdadero y su movimiento desde 1899, y por la mayoría del siglo 20 ha migrado levemente hacia Canadá. Sin embargo, eso ha cambiado en este siglo y ahora se mueve hacia Inglaterra. "El reciente cambio de dirección es muy dramático", dice Surendra Adhikari, autor del estudio perteneciente al Jet Propulsion Lab de la NASA. Aunque la oscilación de los polos geográficos es de reducidas dimensiones y por ende no afecta nuestra vida cotidiana, los satélites de posicionamiento y comunicación, así como otras instalaciones tales como los observatorios astronómicos, deben tener en cuenta este efecto y realizar las oportunas correcciones. A principios de este nuevo milenio, en el año 2001, la rotación del eje terrestre dio un giro abrupto hacia el este y ahora su deriva es casi el doble de rápida de lo que era antes, a un ritmo de casi 17 centímetros por año. "Ya no se mueve hacia la Bahía de Hudson, ahora lo hace hacia las islas británicas", explicó Adhikari.
Asimismo, los nuevos cálculos muestran que la pérdida de masa en Groenlandia no puede por sí sola generar la gran cantidad de energía requerida para empujar el eje de rotación tan lejos. En el Hemisferio Sur, la pérdida de hielo en la Antártida Occidental y, por el contrario, la ganancia en la Antártida Oriental, están empujando el eje de rotación de la Tierra en la misma dirección que Groenlandia lo hace desde el norte. Sin embargo, esta combinación de fuerzas no alcanza para explicar la velocidad de la nueva dirección. Algo más allá de Groenlandia tiene que estar proveyendo un impulso adicional. Los investigadores hallaron la respuesta en Eurasia. "El responsable por el empujón adicional parece residir en un déficit de agua en Eurasia: en el subcontinente indio y el área del Mar Caspio", aclaró Adhikari.
Los humanos mueven tremendas cantidades de agua directamente por ingeniería hidráulica e indirectamente a través del cambio climático, lo que está causando que algunos lugares se vuelvan más áridos y otros más lluviosos. Al parecer, el nuevo estudio de la NASA ofrece una nueva pieza de evidencia sobre cómo el hombre se ha vuelto una predominante -y preocupante- fuerza en la Naturaleza del planeta que habita.

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