Son las 11. 45 y a través de la puerta de chapa entreabierta se asoman una, dos y tres caritas curiosas. "Esperen un poco chicos, todavía no está la comida", los frena Gloria.
Nadie cuestiona la advertencia y los chicos, todavía con el delantal puesto, se ponen a jugar hasta que se sirva el almuerzo. El menú del día es sémola con salsa y mazamorra.
"En estos meses aumentó mucho la cantidad de niños que vienen, y vienen con hambre", le cuenta a El Tribuno Gloria Escalante, a cargo del comedor comunitario "Sopita de Letras", en el barrio Ceferino Velarde. Y agrega: "Tuvimos que empezar a servir los sábados porque los chicos venían a pedir también ese día".
"Estamos viendo mucha necesidad. Este año fue tremendo", completa esta jubilada que desde hace 16 años lleva adelante su iniciativa sin ningún tipo de asistencia oficial. "Una sola vez pedí y no tuve respuesta, así que no volví a intentar", dice.
En el comedor se alimenta a unos 120 chicos por día con el aporte de donaciones particulares. También cuentan con dos carritos de venta que ayudan a sustentar el día a día, aunque Gloria asegura que no son pocas las trabas que les pusieron desde la Municipalidad.
La situación se repite en muchos comedores infantiles de los barrios salteños. Además de niños, en muchos también aumentó la cantidad de adultos.
En el barrio Primera Junta las sensaciones son similares. "Se ven abuelos y mamás que antes no venían", comenta Cristina Mamaní, la encargada de un comedor de la zona, que también coincide en que están asistiendo más niños. En el último medio año, según sus cálculos, la cantidad pasó de 90 a 120.
"Por una Sonrisa" es el nombre de este merendero donde se empieza a servir la comida un poco más tarde. Sobre la una de la tarde los bancos todavía están encima de las mesas. Los chicos llegan y los bajan entre varios. Luego cada uno busca su plato y se sienta a comer en silencio. "La sopa es un clásico de cada día, les encanta", revela Cristina. "Y el guiso es un manjar para ellos" agrega.
Desde hace un mes que en este comedor comenzaron a recibir la copa de leche de la Cooperadora Asistencial para la merienda, pero para el almuerzo de cada día los recursos los consiguen ellos. "Hacemos de todo. Vendemos empanadas y papas fritas en las ferias y, si hace falta, hasta revolvemos en la basura. Por suerte también tenemos aportes individuales y eso suma".
En este lugar la comida se sirve de lunes a viernes, pero como en el caso anterior, no alcanza. "Los chicos de aquí no esperan a que llegue el fin de semana, al contrario, esos días son duros para ellos, porque por ahí no comen", comenta.
La desnutrición es otra sombra que amenaza agazapada. "Hay casos muy delicados con esa condición, tanto de chicos como de sus madres" completa.
La situación está un poco más controlada en el Centro Infantil La Floresta, de la zona este. Para Amalia Rodríguez, la encargada, no se ha registrado un aumento en la cantidad de chicos que asisten.
"Está complicado pero lo vamos llevando", sostiene. "La cantidad de niños sube y baja pero no es que en estos últimos tiempos se haya visto un gran aumento", describe. Este centro atiende a cerca de 200 niños y cuenta con el soporte económico del Estado provincial y nacional.
Por la zona norte
Más allá de Ciudad de Milagro la situación también es compleja. Carmen Elina Méndez, del comedor "Dulce Esperanza", ubicado en el barrio Balneario, coincide en que aumentó la cantidad de personas que se acercan a tomar la merienda. "Hasta hace poco venía gente solamente de la zona, pero ahora vienen de otros barrios también". Como en los casos anteriores aquí también creció la asistencia de adultos. "Antes llegaban las madres, dejaban a sus hijos y se iban, ahora también se quedan", dijo Carmen.
se quedan a comer y no le vamos a cerrar la puerta a nadie" afirma.
En este merendero, que abre solo dos veces a la semana, "porque no alcanza para más", según afirma Carmen, el número de chicos pasó de 50 a 65.
"Y los chicos no perdonan", agrega. Tiene razón: a las cuatro en punto comienzan a llegar, cada uno con su tacita, a ocupar sus lugares en los tablones de madera.
Pero no se sirve la comida de inmediato. Una de las vecinas del barrio les da una charla y los hace rezar antes de servir el menú del día que, en esta ocasión y por voto popular, es anchi. "Los chicos eligen con anterioridad lo que quieren comer", comenta Carmen. El menú no es amplio pero hay cierta variedad: arroz con leche, mate con tortillas o buñuelos.
Pero tampoco hay que llegar muy tarde porque se acaba y eso, agrega la encargada, antes no pasaba.
En el caso de "Dulce Esperanza", el apoyo económico viene de Barrios de Pie, que a partir de un convenio con el Gobierno de la Provincia cubre aproximadamente un 80% de las necesidades de mercadería de los comedores sociales que esta organización maneja. En la ciudad de Salta son 73.
Rebrote de la pobreza
Ignacio Palarik, coordinador local de la organización social, asegura que se está viendo un fuerte rebrote de la pobreza, no solo a nivel local sino también nacional.
Según sus datos, en los últimos meses aumentó un 40 por ciento la cantidad de chicos que empezaron a asistir a merenderos.
Con respecto a los adultos, no hay mediciones pero también se ve un fuerte incremento en el número de mayores que comenzaron a ir a comer a estos lugares.
Y agrega que una de las causas es que los sectores medios frenan los niveles de consumo, lo que se traslada inmediatamente a los sectores informales, que ven paralizado su principal medio de subsistencia: la changa.
Y este análisis se ve confirmado en el terreno. En los merenderos, a la pregunta sobre la ocupación de los padres de los chicos, las respuestas son muy similares: "Es cartonero", "hace changas, pero últimamente no encuentra", o "tiene un plan social que no le alcanza" son las explicaciones de las encargadas, estas madres por vocación, que intentan luchar contra el hambre con lo que pueden, que aunque sea mucho o poco, siempre es bienvenido.

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juan carlos lopez
juan carlos lopez · Hace 1 mes

Hasta fin de año estos chicos, futuras mamas, abuelos y muchos mayores se incrementaran en los comedores de todo el pais, todo gracias al hdmp del impresentable que maneja el futuro de Argentina. macri = menem = hambre

franco gonzalez
franco gonzalez · Hace 1 mes

que hijos de puta.como se roban la plata , desde menem hasta aqui, todos robaron. y el pueblo paga las consecuencias. cuando la justicia sea realmente independiente y metan presos a los politicos ladrones esto va a alcanzar para hacer politicas publicas a favor de la gente.

RICO TIPO
RICO TIPO · Hace 1 mes

PERO A PESAR DE LA CRISIS Y EL HAMBRE LA GENTE SIGUE PARIENDO COMO CONEJOS.

Patricia Hidalgo
Patricia Hidalgo · Hace 1 mes

Y con Cristina TODOS ricos

sergio jesus  carrizo
sergio jesus carrizo · Hace 1 mes

Éste es el cambio de macri rico masa rico pobre cada vez más pobre

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