También el binomio campo-ciudad es interesante para analizar, según Felipe Medina. Así, aún es posible atestiguar devociones a dos santos populares y muy tradicionales: San Isidro Labrador, como benefactor del campo, los animales y las siembras cuya fiesta se celebra en mayo, y Santa Bárbara, la protectora contra las tormentas. "La gente dice cuando oye truenos: 'Santa Bárbara, bendita' y le pide que haga buen tiempo, que el granizo no destruya las cosechas", explicó Felipe. Además es vigorosa la devoción a la Virgen del Valle de Catamarca, que fue patrona de todo el norte argentino y del gran norte. "Ha bajado bastante en popularidad, aunque persiste entre los mineros como una virgen milagrosa que les protege el trabajo y la salud", recalcó. Ya el Divino Niño y la Virgen Desatadora de Nudos tuvieron su punto álgido en la década de los 90, entraron en una meseta y hoy su culto está declinando. De acuerdo con Felipe el primero entró hace 20 o 25 años. "Es una devoción muy simpática y le pusieron acá una fiesta el 20 de julio, Día del Amigo, por decir que Jesús es mi mejor amigo. Hoy permanece la devoción y es un referente para aquellas madres que tienen hijos con adicciones -porque es niño y los entiende a los jóvenes- o con problemas de salud", dijo. La segunda tuvo un periodo de alta intensidad también en la segunda mitad de los 90. Ahora está recobrando popularidad porque el cardenal Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, la trajo a Buenos Aires desde Alemania. "Él la puso en Santa Marta y se la sigue como la Virgen que desata todos los nudos que te atan en tu camino para poder caminar con libertad", detalló Felipe Medina.
La Virgen del Cerro
También se refirió a un culto que aún no se ha institucionalizado en Salta: el de la Virgen del Cerro. "Hay una cantidad de peregrinos que vienen desde otras provincias y países vecinos que demandan estampas, imágenes y libros. El tiempo nos va a indicar dónde termina. Si es de Dios va a seguir y si no va a desaparecer", reflexiona. Añade que desde Uruguay, Bolivia, Chile y Perú, sobre todo los sacerdotes, buscan material de referencia para las parroquias. El culto, dicen ellos, ha acercado a los jóvenes.

Tres testimonios de profunda fe

Marianela Pereyra: "Un milagro del Divino Niño"
"Mi hija tenía el peor diagnóstico y solo tres meses: atrofia cerebral y meningitis. Estaba en el shock room del hospital Materno Infantil. Después pasó a la guardia y luego a terapia intensiva porque tenía apnea y la conectaron a un respirador artificial. No me acuerdo si mi abuela o mi tía me dieron la estampita del Divino Niño. La llevaba en mi bolso y le rezaba frente a un altar que hay fuera de la terapia intensiva. Rezaba todo el día, pero una tarde bajaba por el ascensor y vi una imagen del Divino Niño. Estaba cubierta con cristales y además en un pasillo había también una imagen de él tipo bánner. Cada vez que miraba la imagen me sentía tranquila y con mucha paz. Le pedía que mi hija se recuperara y salió de terapia a los cuatro días. Pasó por una craneotomía y me decían que no iba a tragar ni a levantar su cabeza. Pasado un año está perfecta, aunque hace terapias de prevención".

María Oliva Cuba: "Devoción por San Cayetano"
"Tenía 5 años cuando llegué a estas tierras y corría el 45... en el oeste solo moraban las lomas y para llegar allí había que subir y bajar zanjones. Todos los miércoles y sin faltar con mi padre íbamos a rezarle a San Cayetano. En ese entonces solo había una gruta de 1,50 por 2 metros y dos bancos de piedra a los costados para descansar. Luego se comenzó la iglesia y éramos una multitud los que íbamos. Mis dos hijos heredaron la devoción. Muchos son los milagros y prodigios recibidos. Cuando mi hija era estudiante de Medicina y debía rendir hacía promesas de ir caminando desde mi casa hasta el santuario para que le fuera bien y hace años que está recibida. También le solicité que mi hijo pasara a planta permanente en su trabajo y sucedió. El 7 de agosto concurro al templete y no hay vez que no me emocione. Además, lo tengo en casa y le enciendo velas todos los días".

Mónica Soto: "El milagro del Milagro"
En un momento de su vida Mónica Soto, aquejada por un cáncer de cuello uterino, se quiso matar. Fue entonces cuando se puso bajo la protección divina del Señor del Milagro. Se curó, pero superada esta enfermedad otra dolencia le exigiría una dosis renovada de fe. Hace 8 años le diagnosticaron artritis, que la dejó postrada totalmente y atada a la cama. "¡Les pedí tanto a mis patronos que me ayudaran a tener fe! Les pedí que hicieran el milagro en mí a través de un tratamiento que me aplicaban con apitoxinas (toxina de las abejas). A los pocos días comencé a caminar", relata. Su agradecimiento a este doble milagro de sanación la transformó en peregrina de los Valles. Hace siete años camina junto a los promesantes de Cachi 160 kilómetros en 4 días y medio. "Hoy pido por la paz en el mundo y digo es tan bella la vida y no lo vemos. ¡Qué estúpida fui cuando me quise matar!", cierra.

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