Luego del sorprendente premio Nobel de Literatura al cantante y compositor Bob Dylan, por su contribución a la "gran tradición estadounidense de la canción" se estarían juntando firmas para proponer que en el 2017 los galardonados sean Chayenne o Ricky Maravilla, quienes también han hecho su gran contribución a sus respectivas tradiciones. Con Chayenne tienen en común que sus nombres fueron elegidos entre celebres vaqueros del Far West, popularizados en series televisivas (Cheyenne y el sheriff Mat Dillon). La versión más difundida dice que el nombre Dylan fue adoptado del poeta "maldito" Dylan Thomas (que murió de una borrachera a los 39 años); lo cierto es que cuando Robert Allen Zimmerman (Bob D.) quiso ponerse un nombre artístico, pensó en que fuera eufónico; de buen sonido. Públicamente reconoció que nunca le interesó la poesía de Dylan Thomas.
¿Estaría de acuerdo Alfred Nobel con que fuera Dylan el elegido para la premiación 2016? Probablemente no. El indicó que los premios fueran entregados cada año "a quien hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada". Aparentemente Nobel no pensaba en un premio a la "trayectoria", como el que entrega el simpático tío Oscar. En el caso Bob no se puede hablar de "una" obra sino de un montón de letras musicales, por más que sea un ícono cultural para muchos de nosotros. Infinidad de autores norteamericanos con trayectoria, obra y contribución a la cultura mundial no lograron el preciado galardón; entre otros: Gore Vidal, Truman Capote, Henry Miller, Susan Sontag, J. D. Salinger, Jack Kerouac, etc.; todos enormes escritores de la segunda mitad del siglo XX. Tampoco les fue otorgado a León Tolstoi, Émile Zola, Henrik Ibsen, Paul Valéry, Franz Kafka, Benito Pérez Galdós, o a nuestro Jorge Luis Borges.
La categoría de Literatura es muy limitativa, en realidad Dylan ha hecho más por la Paz que por la literatura. Para el Premio Nobel de la Paz estuvieron propuestos Stalin y Hitler, y les fue otorgado al belicoso Theodore Roosevelt, al creador de dictaduras Henry Kissinger, a los despiadados Yasser Arafat y Shimon Peres y a Barak Obama (a escasos meses de haber asumido como Presidente) el mismo año que reforzó las fuerzas de Afganistán. El premio a Dylan puede ser un punto de inflexión para los criterios de la Academia Sueca; lo que no hay duda es que "los tiempos están cambiando" (The times they are a-changing), y cambiarán más...

Viva la Doctora!

La Universidad de Salamanca ha enriquecido el idioma con una serie de expresiones surgidas de su milenaria tradición. Así "estar en Capilla" proviene de la espera del examen final que durante larguísimas horas debía realizar el aspirante al título de "Doctor". Al día siguiente y después de una dura prueba, si el candidato resultaba aprobado, salía por la "Puerta Grande", repicaban las campanas y se hacían grandes fastos en su honor; porque Salamanca tenía un nuevo Doctor. En cambio, si reprobaba, su salida se hacía por la puerta de Carros ("Puerta Chica"), bajo una lluvia de burlas y tomatazos.
Uno piensa que los doctorados honoris causa responden a una tradición milenaria; en realidad son un curro que comenzó a difundirse a mediados del siglo pasado. El nombre proviene de una locución latina cuyo significado es: por causa de honor, una cualidad que conduce a uno al cumplimiento de sus deberes, respeto a sus semejantes y a sí mismo, es la buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones de servicio, las cuales trascienden a las familias, personas, instituciones y las acciones mismas que se reconocen. Es un alto honor para personas de testimonio social, reconocido e intachable. Estas, precisamente, son las virtudes que engalanan a nuestra amada expresidenta CEFK, que fue galardonada no por una ­sino por dos! Universidades: Quilmes y Avellaneda. No serán Universidades Milenarias pero Avellaneda por ahí anda: ­ya tiene cinco años! y Quilmes; bueno, Quilmes es palabra mayor ya cumplió su aniversario de Plata (que tanta afinidad tiene con la familia Kirchner). Lo cierto es que a partir de ahora nadie podrá discutirle a Cristina su título de Doctora. En realidad ya tenía el doctorado H.C. de la Universidad de Negocios Internacionales y Economía de China, que nos costó dos represas y un enclave en Río Negro. Convengamos que los honoris causa están subvaluados en todo el mundo; no nos olvidemos que en 1991, Carlos Menem, (el gran lector de Sócrates), recibió el preciado galardón nada menos que en la Universidad de la Sorbona (por un error de tipeo o del subconsciente- yo había escrito "Soborna").
Mientras tanto, nuestro humilde Ingeniero se conforma con una medallita bendecida por el Papa y una mueca parecida a una sonrisa que le prodigó esta vez el Santo Padre. Bueno, no podían esperar que se riera a carcajadas si toda la familia fue vestida con un negro como para un velorio (no fueron con un negro, sino vestidos de luto riguroso).

Premio consuelo

Pero ­a no desesperar! Si Ud. se desvive por tener un doctorado honoris causa ­tengo la solución! Los Angeles Development Church & Institute, ubicado en California le ofrece la posibilidad de obtener un doctorado, un master o un profesorado, con diploma en sello de oro. Legalmente Ud. podrá usar estos títulos (al menos en EEUU). Por supuesto que no necesita realizar ningún curso, ni trasladarse al "Sunny State". Si tiene algún antecedente o por lo menos estudios primarios: mejor, pero no es imprescindible. El único requisito es realizar un pequeño donativo de USD 89 al prestigioso Instituto (el master a USD 69); hay promociones para recibir los tres títulos (­Llame ya!). No vaya a pensar que es un negocio: se trata de una entidad sin fines de lucro (bueno un poquito, puede ser), como lo afirma en su sitio en internet. No le informo la página web, para farolearme un tiempo con el título que ya brilla en las marquesinas de mi estudio. Mah, sí. Por si Ud. no me cree, busque en http://www.ladc-instituto.com/.

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