Ponerse protector con un factor solar superior al 50 y reaplicarlo cada dos horas, evitar la exposición al sol entre las 10 y las 16 y ubicarse a la sombra para reducir el alcance de la radiación ultravioleta (UV) en un 50% se están volviendo precauciones exiguas en las playas. No se trata de una mera sensación. Según un estudio del Instituto de Física de Rosario (IFIR), en verano el nivel de la radiación ultravioleta del astro rey que alcanza a las playas argentinas, uruguayas y brasileñas supera el doble del que reciben las del mar Caribe.
El índice se ubica en un valor promedio del 13,7, mientras que para la zona del Caribe (que comprende a Cancún, Santa Lucía, La Habana y Miami) es del 5,9. Aunque esta institución aclaró que la diferencia entre ambos valores se debe a que es verano en este hemisferio e invierno en el Norte, con esto no llevó tranquilidad a la población. Al contrario, advirtió además que en nuestra región se detectó que los niveles de radiación solar UV han aumentado alrededor del 7% entre 1970 y 2014. Este incremento fue consecuencia de la reducción de la capa del gas ozono. El ozono absorbe parte de la radiación ultravioleta B, emitida por el sol. Sin ella, las plantas reducen su capacidad para la fotosíntesis y ocurre una mayor incidencia de cáncer de piel y cataratas.
La aparición de agujeros en la capa de ozono de la estratósfera es un proceso natural. En ciertas épocas del año, reacciones químicas en la atmósfera producen aberturas que después se cierran. Pero la actividad humana acentuó este proceso. La principal responsable es la emisión de compuestos químicos halogenados artificiales, sobre todo los clorofluorocarbonos (CFC). Los CFC fueron creados en los años 30 y usados como fluidos refrigerantes en heladeras, aparatos de aire acondicionado y repelentes en aerosol. De ahí que hoy la cantidad de radiación ultravioleta que alcanza la superficie terrestre sea mayor.
El Protocolo de Montreal, en vigencia desde 1989, llevó a una caída en la emisión de las sustancias nocivas para la capa de ozono. Pero como los componentes permanecen más de cien años en la atmósfera, la reducción del problema ha sido lenta. Sobre la Antártida, donde el agujero es mayor, la recuperación se dará recién a fines de siglo. Por ello, desde el IFIR recalcaron que la gente debería prestar atención al índice UV diario que difunde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y que sugiere a la población cuándo no necesita protección, cuándo precisa protección y cuándo esta debe ser extrema.
Cifras que preocupan 7 por ciento En nuestra región los niveles de radiación solar UV han aumentado entre 1970 y 2014.
El índice UV se elabora con un método que desarrolló el IFIR, el SMN y la Fundación de Cáncer de Piel. Hay que tener en cuenta que si el índice diario señala "moderado" esto no significa que la persona pueda andar bajo el sol sin sufrir quemaduras. Si se expone mucho tiempo y sin protección, su piel también puede resultar dañada. Por ejemplo, en caso de un cielo despejado o con nubes tenues la radiación puede afectar de igual manera. De hecho, más del 90% de la radiación atraviesa las nubes poco densas. Otra opción para valorar la dimensión de exponerse al sol es observar la propia sombra. Si esta es corta, significa que el riesgo de exposición es alto.
Desde la Sociedad Argentina de Dermatología apuntaron que es importante saber que la radiación solar ultravioleta que alcanza a las playas de Argentina, Brasil y Uruguay aumentó, dado el ingente flujo turístico hacia esos sitios en verano. Además señalaron que debe haber un cambio de perspectiva. Así, se debe tener conciencia de que el bronceado es un daño acumulativo que se le hace a la piel. Ya no hay que verlo como una actividad saludable y revitalizadora porque exponerse al sol conduce a quemaduras y, a largo plazo, lleva al desarrollo de un cáncer de piel.
El problema del agujero de ozono no se agrava desde el 2000. Según consta en un estudio divulgado en 2010 por la Organización Mundial de la Meteorología (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) la capa de ozono se viene recomponiendo y podría volver a su espesor original alrededor del 2050. Sin embargo, esa recuperación también dependerá de las acciones de reducción de gases de efecto invernadero y de los gases que dañan al ozono. A este buen camino va a coadyuvar la COP21 de Cambio Climático, realizada en diciembre pasado en París (Francia) y que cerró con el consenso entre 196 países de mantener la temperatura media del planeta por debajo de los dos grados respecto de los niveles preindustriales y con el compromiso de doblegar esfuerzos para llegar a 1,5 grados a fines de este siglo.

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