A veces me invade la sospecha de que todos los empeños de la generación sesentista a la que pertenezco fueron efímeros, cuando no trágicos. Y, en realidad, es probable que así haya sido en el ámbito estrecho de la política.
Sin embargo, es bueno recordar que en la Salta de aquellos años intensos no todo se ciñó a la política. Existieron importantes manifestaciones culturales, intelectuales, deportivas y sociales -individuales y grupales- cuya reconstrucción y valoración esperan el abordaje de historiadores y sociólogos.
Cuando a principios de los años de 1960 una nutrida generación de jóvenes profesionales comenzó a llegar a la Salta natal, surgieron -desde luego- ilusiones y conflictos políticos. Pero, de manera simultánea, nos adentramos en el deporte, en las prácticas galantes (cómo no), y mientras se pudo- en la construcción de una "generación de amigos".
En lo que a los abogados se refiere, puede que todo haya comenzado en ese tiempo alrededor del entusiasmo de distinguidos magistrados de la Cámara del Crimen. Jueces, fiscales, secretarios y abogados litigantes nos dimos a la tarea de armar un equipo de futbol, unas veces para competir con los empleados judiciales, y otras para los inevitables partidos de solteros contra casados.
Ramón Alberto Catalano y Rogelio Pedro Burgos sobresalieron en las tareas de organizar y practicar este deporte, marcando exigencias casi profesionales; a su vez Tristán Arturo Espeche cumplía el doble papel de árbitro (lo que le valió el cariñoso apodo de Nai Foino) y de veterano animador del grupo.
Pronto nos uniformamos con camisetas que fueron amarillas primero, luego amarillas con rayas negras (colores de Peñarol de Montevideo), y más tarde adoptamos la casaca del Inter de Milán; utilizamos también, en señaladas oportunidades, las camisetas originales verdes con vivos blancos- de la Liga Salteña de Futbol; las mismas con las que el combinado salteño obtuvo su mejor clasificación en un campeonato argentino. Debo señalar aquí que no tengo la menor idea de cómo esas verdaderas reliquias llegaron a nuestro poder.
El paso siguiente del equipo de abogados fue desafiar a los médicos salteños que desarrollaban una experiencia similar, inaugurando así una legendaria rivalidad compatible con un ambiente de camaradería.
Para saltar, luego de una etapa de partidos ocasionales, a la construcción de una auténtica liga de profesionales que organizó campeonatos de fútbol y también de básquetbol.
Así fue como el 6 de octubre de 1966, en el local de la Asociación Odontológica, se celebró la reunión fundacional de una asociación de profesionales (universitarios en su mayoría) que se encargaría de promover y organizar actividades deportivas, culturales y sociales. Vale la pena aclarar que, más allá del valor simbólico que, sin duda, tiene la fecha de la fundación, antes de este acto los asociados veníamos desarrollando ya campeonatos y encuentros amistosos.
Nuestro primer presidente fue el doctor Héctor Salim (odontólogo), acompañado de Ramón Alberto Catalano y del Ingeniero Manuel Albarracín como vicepresidentes[1]. Participaron en las tareas fundacionales grupos de Médicos, Ingenieros y Arquitectos, Visitadores Médicos, Odontólogos, Escribanos, Farmacéuticos, y Abogados; cada uno de los cuales disponía de equipos propios.
Es oportuno recordar aquí que los partidos se desarrollaban, sucesivamente, en la Escuela Agrícola, en los jardines del Aeropuerto El Aybal (donde ahora funciona la chocante playa de estacionamiento), y en las canchas profesionales de Juventud Antoniana y de Gimnasia y Tiro. Recuerdo (y esto puede sonar extraño) que llegamos a jugamos un par de partidos en las instalaciones de la guarnición Militar Salta, pues los oficiales jóvenes habían conformado un equipo que llegó a medirse con los integrados por universitarios.
El clima político circundante que fue enrareciéndose hasta el desastre de finales de los años 70- no llegó a contaminar ni interferir en nuestra actividad deportiva, pese a que muchos de los protagonistas estábamos intensamente comprometidos en las luchas cívicas. En realidad, los vínculos nacidos alrededor del deporte sirvieron para atenuar muchos de aquellos conflictos.
Entre comienzos de los 60 y mediados de los 70, pasaron por el equipo de abogados alrededor de 80 colegas, más un martillero y dos escribanos que, dada la carencia de abogados deportistas, venían a completar la nómina. Me limitaré a recordar a los abogados-arqueros que, con suerte dispar, defendieron nuestra valla: Juan Manuel Lávaque, Jorge Garnica López, Andrés Martinelli, Néstor Michel David, Héctor Saá (escribano), Mario Salvadores y Lalo Estrada.
Han transcurrido 50 años de aquel momento fundacional y hoy la Asociación Cultural y Deportiva de Profesionales Universitarios de Salta es una pujante entidad que cultiva vínculos personales y alienta las prácticas deportivas.
Creo que todos aquellos que a lo largo de este medio siglo han bregado para la consolidación y engrandecimiento de aquella idea original, merecen el agradecimiento y el aplaudo de todos.

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Álvaro Figueroa
Álvaro Figueroa · Hace 7 días

Una linda y evocadora nota, del Dr. Caro Figueroa .


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