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Pronósticos positivos para un país impredecible
Cuando los meteorólogos te dicen que va a llover, ¿llevás paraguas?
Si lo hacés es porque crees en los pronósticos.
Bueno, si creemos en los pronósticos económicos tenemos que prepararnos para un repunte de la actividad económica en la Argentina en 2017.
Los números nos permiten pensar en una macro que crecerá un 2,7 por ciento, y no estamos hablando de pronósticos del gobierno sino de consultoras prestigiosas y de algunos organismos internacionales.

El impacto

¿Qué se desprende de esa creencia?
Uno, que el empleo va a aumentar. Por cada punto porcentual de aumento del Producto Interno Bruto (PIB) el empleo crece en 0,4 puntos porcentuales.
Entonces, si la cantidad de personas interesadas en trabajar sigue siendo la misma, ese aumento del PIB podría significar más de un millón de ocupados más.
La desocupación
Si las personas que se activaron durante la retracción del año pasado vuelven a la inactividad es probable que la desocupación se reduzca sensiblemente.
Si la inflación va por los carriles previstos por el Gobierno y las paritarias en torno de la expectativa inflacionaria, el aumento del empleo se va a traducir en un aumento del consumo y, en consecuencia, de la demanda agregada.
Esto podría impactar positivamente en el PIB, constituyéndose en una fuente adicional de reactivación.
El consumo es el principal componente de la demanda agregada y la demanda agregada es la que imprime dinámica a la economía en el corto plazo.
Los otros componentes de la demanda agregada, la inversión tanto interna como externa y las exportaciones netas dependen de otros factores para los cuales deberíamos imaginar escenarios diversos.
La inversión (más la externa que la interna) depende crucialmente de la conflictividad social y de la estabilidad institucional.
La cuestión política
Si la reactivación se produce, la razón principal de un posible conflicto desaparece, aunque la otra fuente, la política, es impredecible en la Argentina (o trágicamente predecible).
En el primer trimestre de 2016 las exportaciones tuvieron un repunte ostensible, un crecimiento del 13% con respecto a 2015.
Esto es más que prometedor, aunque en el segundo trimestre se apreció una leve retracción, mucho más leve de lo que venía sucediendo en los años previos.
Mucho de lo que ocurra en este punto dependerá de la economía de Brasil y de cómo evolucione el precio mundial de los alimentos y de las materias primas agrícolas.

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Sección Editorial

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