La estrategia populista de congelar los precios de la energía -junto a los de otros bienes y servicios- en un escenario inflacionario, naturalmente, conduce al retraso de estos precios congelados respecto a los que acompañan el ritmo inflacionario, provocando dos distorsiones principales.
Por un lado, se genera una grave complicación hacia el futuro, cuando tal congelamiento necesariamente deba ser revisado, porque genera las explicables molestias y dificultades a los usuarios al actualizarse los valores de los servicios.
Por otro lado, se potencia el consumo de los productos que han mantenido su precio congelado en forma desproporcionada respecto de los que han ido corrigiendo sus valores con la inflación, al abaratarse aquéllos relativamente, produciéndose un sobre-consumo que de otro modo no habría ocurrido, lo cual agranda la brecha ocasionada por este exceso de demanda, obligando a que los subsidios para cubrirla sean progresivamente mayores.
Evidentemente, las tarifas deben modificarse, y al ser imposible que los precios que han acompañado la inflación se retrotraigan a los niveles vigentes al momento del congelamiento de las tarifas, necesariamente deben ser éstas las que aumenten para ponerse en sintonía con los restantes precios al momento del sinceramiento.

La distorsión

Sin embargo, no es menos evidente que si la distorsión es demasiado grande, el salto de precios que debe producirse provoca casi seguramente quebrantos en muchos consumidores, a la vez que en el caso de las empresas usuarias de energía -obviamente, prácticamente todas- se presenta una nueva distorsión al obligarlas a elevar los precios de sus productos, lo que evidentemente produce una fuerte retracción de sus ventas al mismo tiempo que se deterioran los ingresos reales de los usuarios por los mayores precios.
Frente a esta situación, una alternativa es mantener los subsidios a las empresas proveedoras, reduciéndolos progresivamente, al paso que las tarifas van incrementándose de a poco, y otra, elevar bruscamente los valores que deben pagar los usuarios para ponerlos en línea con los costos de prestación de los servicios. Sin embargo, la primera alternativa, planteada en forma aislada, obliga al Tesoro a cubrir la diferencia, manteniendo el problema de su impacto sobre el déficit fiscal, en tanto que la segunda pone a muchos usuarios en la imposibilidad de pagar de una sola vez el costo de los servicios.

La progresión posible

Una alternativa diferente es producir la corrección en forma progresiva, indexando las tarifas con más un porcentaje adicional, hasta que éstas, así corregidas, alcancen el total del costo de prestación del servicio. Adicionalmente, por la diferencia entre lo que paga el usuario y el costo del servicio en el período hasta que se adecuen los pagos, el estado emitiría un Bono para la Energía (Boner) con el que se pagaría mensualmente a las empresas prestadoras esa diferencia.
La propuesta puede imaginarse considerando que el costo de las tarifas en términos reales es constante en todo el tiempo que requiera la adecuación, por ejemplo, cinco años. Si este costo es 100 y los usuarios pagan 10, se genera aproximadamente un triángulo de altura 90 -la diferencia entre 100 y 10- y de base 60, considerando los meses durante cinco años. Por lo tanto, el área que corresponde a la diferencia entre el costo y los pagos de los usuarios, será de 2.700, que es la mitad de 5.400, superficie que representa lo que los usuarios no pagan durante el período y que equivale a los Boner emitidos. De estos 2.700, el Estado debe pagar periódicamente la cuota parte mensual, lo que supone que conserva la diferencia que puede aplicarse a obras de infraestructura.
La propuesta presenta tres ventajas principales respecto a no hacer nada o bien cobrar de golpe el total a los usuarios. En primer lugar, se distribuye en el tiempo la actualización, permitiendo a los usuarios adaptarse a los nuevos valores. En segundo lugar, no se desfinancia a las empresas, que cobran periódicamente el total del costo del servicio.
En tercer lugar, se descomprime la presión sobre el Tesoro, al liberarse éste de cubrir la brecha entre el precio cobrado y el costo del servicio.
Finalmente, se dispone de una importante masa de recursos para realizar obras de infraestructura.
La razón por la cual es válido que el Estado nacional acuda en auxilio de los usuarios a través de la emisión de los Boner, es que, claramente, constituye una injusticia que los primeros deban pagar montos adicionales al valor histórico de las tarifas de una sola vez, con incrementos que exceden su capacidad de pago.
Al mismo tiempo, de la misma forma en que la deuda externa la debe afrontar la Argentina en su totalidad, no importa si la contrajeron gobiernos constitucionales o provenientes de golpes de estado y se busca su distribución en el tiempo con pagos de amortizaciones periódicas por medio de títulos de la deuda pública, es también ese mismo estado, no importa si gobiernos anteriores cometieron gravísimos errores, el que debe proporcionar una solución -como la que aquí se propone u otra superadora- sin que el peso de la corrección de tales errores deba descansar unilateralmente en los usuarios ni en las prestadoras del servicio que inexorablemente se deteriorará primero y se dejará de prestar en definitiva en tal caso.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia


Erik Larsen
Erik Larsen · Hace 1 mes

De acuerdo con el análisis, pero no con la solución. La solución que ud propone es seguir subsidiando a la demanda, pero en lugar de cobrarle al usuario del servicio, traslada el costo a todo el país, y para colmo lo diluye en el tiempo. Desde mi óptica, esto es "populismo light", y voy a explicar porqué. Que las tarifas están atrasadas es algo que se sabe hace ya mucho tiempo. Si ud es un industrial que usa energía como principal insumo, debería haberse enterado de que algo raro pasaba con las tarifas. Si el empresario basó toda su competitividad en la expectativa de que le regalaran el gas, la luz y el combustible, mal por él, debe pagar las consecuencias de su negligencia. Si ud es un empresario constructor, debe saber que en el momento que el gobierno no pueda seguir pagando la fiesta, le va a subir el cemento, el ladrillo, etc. Y debe prevenirse en consecuencia, pues ESE ES EL TRABAJO DEL EMPRESARIO. Hay que decir todos los que lloran a mares ahora por las tarifas, durante años aprovecharon un subsidio que todo el mundo sabía que era insostenible, y que hizo que sus productos pudieran ser más competitivos en relación a los productos que no tenían subsidios en sus insumos. Estos señores llorones de hoy, desde hace varios años vienen mamando de la teta del estado calladitos. Por eso, seguirles dando de mamar es la culminación de la injusticia. Lo verdaderamente justo sería que paguen desde hoy mismo la tarifa que tengan que pagar, y que devuelvan la multimillonaria suma de subsidios con los que se beneficiaron. Y no hace falta que salga papá estado a rescatar a estos pobres empresarios llorones. Son las mismas empresas las que pueden y DEBEN endeudarse, en nombre propio, si quieren seguir derrochando insumos por cinco años más. No hay nada de justo en endeudar al pueblo argentino para que unos cuantos sigan beneficiándose de la fantasía de que la energía vale dos mangos. Y tampoco es necesario. El empresario previsor, ya debería haber constituido un fondo para afrontar este momento, pues para eso viene ligando subsidios desde hace aaaaaaños. Es la fábula de la hormiga y la cigarra. El empresariado nacional siempre es la cigarra, y el pueblo la hormiga que labura y labura. ¿De qué bolsillo va a salir la plata para pagar los bonos que ud propone Dr Antonelli? Si es del bolsillo de la cigarra, pues estoy de acuerdo. Pero mucho me temo que va a salir del bolsillo de la hormiga. Fíjese que a cigarra nadie le quiere prestar plata, a menos que papá estado diga que, látigo mediante, va a obligar a pagar esa deuda a las hormigas. Y va lo mismo para los señores y señoras que pusieron estufas y aires acondicionados por doquier. Si no se enteraron que las tarifas eran ridículas, va siendo hora de que se enteren. La parte más sufrida del pueblo argentino tuvo que comprar garrafas a precio real y apenas usa la luz para lo indispensable. Viaja en bicicleta o en colectivo, y no en 4x4. Yo viví hasta los 30 años sin aire acondicionado y a la noche me tapaba con 3 frazadas y tomaba algo caliente para dormir, y no morí por eso. Nadie murió por eso. Entonces, obligar a que todo el mundo siga subsidiando al que mueve dos toneladas de fierros para trasladar su triste humanidad de 70kg, obligar a seguir subsidiando al que no sabe cerrar la puerta y la ventana para pagar menos luz y menos gas, es la injusticia más cruel que se puede cometer. Meterle impuestos a la yerba, al pan, a la leche y al fideo para subsidiar la 4x4, el aire acondicionado y la calefacción central. Las cosas deben valer lo que cuestan. Basta de subsidios, y basta de impuestos. Basta de transferir la riqueza del pobre al rico. Basta de sacarle al perejil para darle al influyente.

Se está leyendo ahora