Desde el "estudié, pero no me acuerdo" hasta el "se me puso la mente en blanco". Desde arrepentirse de ir al examen hasta borrarse a último momento del turno pedido para rendir en secretaría.
Hay alumnos que realmente tienen reacciones emocionales negativas a la hora de someterse a una instancia de evaluación. Su miedo no es irracional porque el desempeño en ellos determinará el futuro académico de la persona. Pero como ocurre la mayoría de las veces con la ansiedad, cuando se da a niveles muy elevados puede interferir seriamente en la vida del individuo.
Según la Lic. Carina Salas Machuca, directora del Centro de Psicoterapias de Salta (Cepsi), existe un agente real o percibido que activa la ansiedad. Este puede ser una experiencia anterior de bloqueo en un examen o el haber sido incapaz de recordar respuestas sabidas. También si la preparación para el examen ha sido la correcta, puede deberse a pensamientos negativos o preocupaciones. Por último, una buena razón para estar preocupado es la falta de preparación para el examen.
Los efectos de la ansiedad se dan en tres niveles: fisiológico, psicológico y emocional.
Las reacciones a nivel fisiológico pueden incluir taquicardia, tensión muscular, náuseas, sequedad de la boca o sudoración. A nivel psicológico se puede experimentar una imposibilidad de actuar, tomar decisiones, expresarse o manejar situaciones cotidianas. Como consecuencia, se puede tener dificultad para leer y entender preguntas, organizar pensamientos o recordar palabras o conceptos. También es posible experimentar un bloqueo mental, es decir, la imposibilidad de recordar las respuestas pese a que estas se conozcan. Por último, las reacciones emocionales pueden llevar a sentirse aprehensivo, inquieto, enfadado o desvalido. Según Carina Salas, a nivel científico la ansiedad conlleva dos aspectos: como rasgo de la persona, que es una característica estable, y como estado, es decir, cuando la persona se encuentra más o menos ansiosa. En ambos casos se puede desarrollar hábitos para modelar la ansiedad y se la logra trabajar terapéuticamente.
"Cuando tenemos que afrontar algunas situaciones que son particularmente difíciles o en las que sabemos que vamos a ser evaluados y nuestras capacidades y habilidades van a ser puestas a prueba es natural sentir ansiedad, que, en sí misma, no es algo malo", explica. Añade que el sentir ansiedad ayuda a afrontar la experiencia del examen al producir que el cerebro se ponga en estado de alerta y actualice aquellos saberes que ya hemos adquirido para que podamos responder de modo rápido y eficiente a lo que nos es requerido.
"Un poco de ansiedad ante una evaluación es normal, pero esta no es una situación adversa ni peligrosa, sino naturalmente ansiógena. Sin embargo, hay quienes la viven como una fuente desmesurada de ansiedad, entonces se les activan sistemas muy altos de alerta. Están excesivamente pendientes de su desempeño, de la posible evaluación del profesor, de todo lo que significa ese examen para esa persona en su vida", expresó. Agregó que como cada significado es propio de las personas y en cada situación ansiógena se actualiza la historia de cada uno, no todos la vivimos de la misma manera. Así la psicoterapia propone programas para reducir la ansiedad anticipatoria -cuando el malestar se produce a la hora de estudiar o al pensar qué pasará en el examen- o situacional, si acontece durante el propio examen. De esta manera se llega a entender que el examen es fruto de una postura (que se puede trabajar) ante el estudio.

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