Jóvenes y adultos de la comunidad de la iglesia Virgen del Rosario del barrio 20 de Febrero, realizan una silenciosa tarea y una fuerte apuesta para procurar alivio a los jóvenes adictos y a sus familias. En las inmediaciones del templo -Almirante Brown y Antártida Argentina- hay dos pasajes de apenas dos cuadras conocidos por las virulentas reacciones derivadas del consumo de sustancias entre los jóvenes y las agresiones a la policía, además del fácil acceso a todo tipo de sustancias.
"Ahí hay muchos chicos afectados por las drogas, muchas familias con serios problemas y un clima generalizado de violencia en el que ni siquiera la policía puede entrar. Por suerte, parece que desde hace un tiempo la situación no es tan crítica", describió una de las integrantes de la misión que formalmente comenzará el 15 de diciembre, en el inicio de la novena por la Navidad. Las misioneras ya están trabajando en las acciones preliminares a estas visitas que serán puerta por puerta, en esa zona de alta conflictividad social.
Salomé y sus acompañantes pusieron de relieve el hecho de salir de la Iglesia e ir en busca de los necesitados. Por eso, llegarán a las casas previamente identificadas con la imagen de la Virgen del Rosario, leerán la Palabra con esa familia y quienes quieran acompañar, compartirán la problemática que la afecta y tratarán de apuntalarlas desde la fe, el compañamiento. "Lo primero que tenemos que hacer es escuchar, tanto a los adultos como a los jóvenes, porque entendemos que parte del problema actual es la falta de diálogo, la falta de tiempo para sentarse a escuchar al otro", remarcaron las misioneras.
Todas las personas del barrio, adultos y jóvenes, están convocados a sumarse para este trabajo pastoral de contención y motivación.
"Descentralizar" la Palabra
El párroco de esa comunidad, Sergio Gustavo Carral, destacó la importancia de "descentralizar" la Palabra de Dios, tarea que comenzó a hacerse hace unos años a través de las organizaciones de base. "Hay muchas personas que por distintas razones no se acercan a la Iglesia, pero en cambio asisten si la convocatoria es en la casa del vecino", dijo el cura, quien explicó que hace unos años "empezamos a trabajar esta modalidad con la idea que toda la parroquia se organizara en esas pequeñas comunidades, pero muy pocas lograron perseverar". Al hablar puntualmente del problema de las adicciones, reconoció que en su zona hay chicos que a los 10 u 11 años "ya están en el círculo porque si no se drogan todavía, ya fuman y toman alcohol".
Es sobre esa base que el sacerdote consideró que el deporte es una de las actividades a las que se podría recurrir para sacar a los chicos del mundo de las adicciones. Incluso, describió que " muchos de esos chicos forman parte de las barras de los clubes de fútbol, desgraciadamente demasiados enfrentados entre ellos".
"Hemos conversado con autoridades del centro vecinal y con otros referentes barriales y coincidimos en que desde el deporte se pueden hacer muchas cosas. Incluso tenemos muchos espacios el entorno del Delmi, el Legado Güemes, Central Norte, Centro Vecinal con cancha techada.
Ahora deberíamos trabajar hacia la unidad de las acciones para poder avanzar en las tareas preventivas."
Carral cree que "tenemos la oportunidad de trabajar mucho a través del deporte y también la cultura. Alguna vez se analizó la posibilidad de continuar con talleres culturales una vez que los chicos terminan la catequesis. Que la parroquia tenga, por ejemplo, un ballet o un coro, que se dicten talleres artísticos".
"Lo que veo es la falta de una figura convocante que puede ser la parroquia, pero tenemos que decidirnos a hacerlo. Yo veo que todavía esta comunidad es muy curadependiente. 'Si el padre no dijo, nadie hace nada'", resumió.
El padre hizo hincapié, además, en la falta de espiritualidad que se observa en muchos casos. "Y no podemos olvidarnos del poder de la oración, de la confesión y de la vida en función de los valores trascendentes que nos hacen ver el mejor camino", destacó el padre Carral.

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