Hoy me ronda la desagradable sensación de que esta historia ya la vivimos y no precisamente como déj... vu. Porque esto que estamos contemplando a través de las noticias ya sucedió antes, y con el suficiente tiempo de tomar las previsiones para que no volviera a repetirse.
Sin embargo, se repitió. Dicen que no es déj... vu aquello que sucede verdaderamente. Ojalá sí lo fuera. Porque de ser así, las muertes en Arroyo Seco serían sólo fruto de nuestra fantasía. La historia tiende a repetirse, primero, como tragedia y luego, como farsa. Quizás sea necesario agregar que en la farsa también reside la posibilidad de repetir una nueva tragedia y de reiterar un ciclo inquebrantable. Porque la farsa es un montaje teatral ideado para el engaño, no para iluminar respuestas ni soluciones.
La farsa se autoabastece permanentemente de su propio engaño. Porque si esto no fuera una farsa, y si desde el Estado se hubieran delineado protocolos, programas y líneas de acción para manejar el fenómeno del consumo de drogas sintéticas en eventos masivos, Arroyo Seco no existiría como nueva tragedia.
Entre Time Warp y Punta Stage hay que contabilizar ocho meses de inacción y desinterés, sin consecuencias, responsabilidades ni rendición de cuentas por parte de nadie.
Más señales de la farsa: el último informe entre estudiantes de enseñanza media, elaborado por el Observatorio Argentino de Drogas, daba cuenta de la magnitud del consumo de éxtasis entre jóvenes de 14 a 17 años durante el período 2001-2011.
En diez años, la prevalencia de vida pasó del 0,2% al 2,1%, un aumento de casi mil por ciento. Hace años que el fenómeno es diagnosticado, estudiado, evaluado y vuelto a relevar. Pero el dato no cambia el hecho de que los jóvenes se están muriendo por consumir sustancias psicoactivas. Demasiadas alertas como para que en estos últimos años no se haya hecho nada en materia de prevención temprana. Demasiada farsa como para no pensar que hace diez años Giuliana Maldován, la joven que murió tras sufrir una "hemorragia irreversible", tenía justamente 10 años. Entre la herencia y la pasmosa ineficiencia actual, una década malgastada.
A casi un año de la tragedia, volvemos a las sirenas de Time Warp. La tragedia y la farsa que se retroalimentan permanentemente. El tiempo circular. Las caretas de un Estado ausente. Las máscaras de una sociedad apática. Y el extraño déj... vu de volver a redactar estas líneas de reflexión.
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