Hay muchos métodos para poner en práctica el cuerpo, pero todos apuntan a lo mismo y tan repetido de "sentir y vivir el presente", sin pensamientos futuristas ni pasatistas. Por ejemplo: si estamos en un abrazo con un amigo, habitemos cada hueco de ese abrazo. La mano que se posa en la espalda, siéntala, apoyada y presente en toda su extensión, tomando plena conciencia de las yemas de los dedos, las palmas, la tensión de nuestra mano y lo que hay del otro lado: la temperatura, la dureza o la blandura. Este "habitar" del cuerpo tiene etapas y es un proceso que hay que ir transitando. Lo primero es buscar sentir lo más posible y sensibilizarnos desde cosas que parecen tontas, pero esas cosas simples siempre son las más poderosas y reales, porque a la larga traen conciencia y generan un despertar.

Ejercicios

1. Elija una parte del cuerpo (mejor si es pequeña), por ejemplo, la mano. Puede hacer este ejercicio de conciencia corporal con una amiga: una se acuesta en el piso y cierra los ojos, la otra la guía con la voz y luego cambian los roles. Use un tono de voz suave que invite a sumergirse en esta exploración interna.
2. Respire profundo sintiendo cómo el aire entra y sale del cuerpo, cómo se ensanchan las costillas y se cierran al empujar el aire hacia afuera, cómo se infla la panza y se relaja, cómo el aire llega a otros rincones de su cuerpo.
Cada vez que exhalamos, el cuerpo pesa más y se funde con la tierra debajo. Sienta cómo el cuerpo se desdibuja como derritiéndose, sentí los huesos apoyarse contra la dureza del piso.
3. Ahora, elija solo un dedo de una mano y muy lentamente comience a moverlo. ¿Cuáles son las posibilidades de movimiento que tiene? Tome un tiempo para esto, en explorar cada movimiento pequeño. Sume al movimiento -de uno en uno- los otros dedos de esa mano. Abra y cierre su mano completa.

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