Los cuentos infantiles hoy transitan temas que hubieran sido los menos pensados cientos de años atrás.
Las editoriales con la lógica del arte y con la del mercado, producen los libros para niños y adolescentes.
Los temas ya no son las hadas, sino el miedo a crecer, la muerte, los conflictos con los padres, las malas palabras e, incluso, hay cuentos para los hijos de parejas de la diversidad sexual.
El presente de la literatura infanto- juvenil es acercar cuentos sin prejuicios a la infancia.
Los que gusta a los chicos son los cuentos que tratan los momentos conflictivos del vínculo con los padres y los que abordan también las cosas con humor.
Los cuentos introducen algo de la época, los miedos psicológicos o, como lo llama el psicoanálisis algo del orden de lo "real", lo que está más allá de la historia que se cuenta, es lo que inclusive la misma literatura toma como el síntoma que dará lugar a la historia contada.
Por ejemplo, están las que narran lo real de un suceso: un hermanito recién nacido en la vida del personaje, con los avatares y las alternativas que eso supone.
Hoy los chicos tienen muchos educadores, además de los padres: la policía, la escuela, las iglesias, en fin, no faltan los maestros sustitutos del hogar.
Antes de esos maestros ¿qué era el cuento para chicos?; seguramente la fuente que impregnaba de símbolos e imágenes ingenuas el gusto por la lectura.
El objetivo directo era evitar - en la actualidad es todo lo contrario - la presencia de lo real, como la angustia, los traumas de la misma infancia, los desencuentros amorosos, El desengaño en los lazos sociales, en fin, los traumas de la vida.
Hay una figura de la retórica llamada oxímoron que implica siempre una dualidad, como lo agridulce, por ejemplo.
Ese registro de lo real que también es la literatura infanto - juvenil actual, se pone frente al lector como la ambigedad de la historia narrada.
La trama cuenta a la vez lo interno o externo del ser de los personajes, pero en realidad hace literatura de lo que no se puede ni imaginar ni simbolizar el lector. Aparece así el oxímoron que seduce a los chicos y jóvenes.

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