Es difícil coincidir con Michel Foucault (1926-1984). El pensamiento de este filósofo francés es tan variable que no puede identificarse con ninguna doctrina conocida. Pocos podrían coincidir o disentir absolutamente con él. La explicación de su ambigedad viene de sus propias palabras: "La verdadera razón es la que sigue los caminos que le señala la locura". Provocador, irrespetuoso, escandaloso y por momentos temerario, su obra cambió el modo de ver el poder del gobernante frente al delito y su castigo.
Foucault anota que el gobernante se hace poderoso y necesario frente al pueblo porque vigila al delincuente, y el pueblo teme al delincuente.
Cuando lo descubre y encarcela, su poder disminuye, porque el pueblo se liberó del temor. Si el castigo o la pena fuesen eficiente para curar al delincuente, muy pronto el delito se acabaría, y con él, acabaría también el poder del gobernante.
Así fue como, bajo la premisa de no terminar con el delito sino sólo controlarlo, el gobernante inventó las prisiones modernas, que sirven para "apartar" un tiempo al delincuente sin eliminarlo ni educarlo. Lo cuidan. E incluso favorecen que siga siéndolo y que perfeccione sus delitos.
Aclaro: para Foucault tampoco la "tortura" es la solución. Constituye un espectáculo que también beneficia al gobernante.
Repasando la historia, advertimos que las bandas delictivas que entre los siglos XVI y XVII se adueñaron del poder y crearon el "Estado moderno", usaron como justificativo la necesidad de dar "seguridad".
También es cierto que antes del nacimiento del estado moderno, el delito se castigaba duramente y estaba controlado con la pena y el castigo.
Los griegos ataban al corrupto desnudo en una plaza durante horas o días para que los ciudadanos pasen a escupirlo e insultarlo. Pronto no hubo corruptos.
Los árabes cortaban la mano del ladrón. Pronto no hubo ladrones. En la cultura egipcia el violador era castrado. Pronto no hubo violadores.
En Roma al homicida se lo mataba. Pronto no hubo homicidas. Hasta la edad media los castigos eran tan fuertes que los hechos violentos se limitaban a peleas de familia y guerras sectoriales.
Concluyendo con Foucault, podríamos decir que el castigo asusta al delincuente y hace que deje de serlo. Y que como al gobernante necesita del delito para sobrevivir, siempre evitará una pena demasiado fuerte.
Dejemos por un momento a nuestro filósofo invitado.

Los fondos esfumados

Conforme informó la prensa, en algunos municipios se investiga la disposición de fondos públicos sin cumplir los pasos legales previos. Algunos intendentes que terminaron sus mandatos en diciembre de 2015 emitieron cheques por millones de pesos, sin respaldo presupuestario.
Los "pagos" se hicieron sin expediente administrativo, sin contrato y no existe constancia de haberse realizado obra alguna o prestado servicio o entregado un bien como contraprestación.
Se trata de cheques emitidos durante los últimos días de gestión (en muchos casos se emitieron el 9 de diciembre de 2015) que comenzaron a “llover” sobre los nuevos mandatarios.
Muchos de los nuevos intendentes están recibiendo intimaciones de organismos nacionales para que rindan los fondos prestados. Pero los fondos no están en las cuentas municipales y tampoco las obras o los bienes que se hicieron o compraron con esos préstamos.
Se trata de fondos públicos que debían destinarse para ayudas sociales, como viviendas, alimentos y asistencia de la niñez, pero nunca llegaron a destino y “desaparecieron” de las cuentas municipales con la aparente connivencia o complicidad de personas privadas beneficiadas.
Si los municipios afectados debieran pagar las millonarias sumas que resultan de los cheques emitidos, entrarían en cesación de pago, quedarían miles de empleados municipales sin cobrar sus sueldos y los “bienes” públicos absolutamente desprotegidos (recolección de residuos, obras de pavimentación, viviendas sociales, enripiado, etc.
Los pagos se hicieron pero las obras y los bienes no están. Esto es una realidad no una presunción sujeta a investigación.
También es una realidad ya probada que no había partidas presupuestarias previstas y que no existen licitaciones ni contrataciones previas. Los ciudadanos de esos municipios merecen una explicación fundada. De lo contrario, la responsabilidad del pago debe recaer sobre los funcionarios emisores de los cheques. La Constitución de la Provincia de Salta establece que tanto el Estado con dinero público como los funcionarios y agentes con su propio patrimonio “son responsables por los daños que ocasionen”.
Los pagos con fondos públicos se hacen con dinero de los ciudadanos. Los cheques emitidos sin partidas presupuestarias y sin los procedimientos legales deben ser pagados por el funcionario que los emite no por los ciudadanos.
Dichos funcionarios deben ser oportunamente citados a las causas para ejercer su defensa porque tienen derecho a ello. Pero si los fondos faltantes no se justifican, la pena debe ser la inhabilitación para ejercer cargos públicos y la devolución del dinero.
Dice Platón (427-347 AC): “La peor forma de injusticia es la justicia simulada”. El riesgo del “eterno delito” está en simular que hacemos justicia castigando al Estado, sin advertir que el bolsillo con el que responde el estado es el bolsillo de los ciudadanos.
Es necesario dejar de castigar al fisco. El castigo eficiente es el que recae sobre el funcionario público y sus cómplices (públicos y privados) no sobre el Estado.
Obligar a pagar al Estado es obligar a pagar al ciudadano. Y el ciudadano no es el delincuente sino la víctima.
* El autor de esta columna actualmente integra un equipo de abogados que procura el juzgamiento de los hechos descriptos. Esta opinión se funda en hechos concretos y comprobados (no en presunciones o supuestos) y sólo para aclarar hechos de público conocimiento dados a conocer por parte de la prensa salteña.

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Sección Editorial

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Erik Larsen
Erik Larsen · Hace 2 meses

Excelente. Gracias Nallar.


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