"Estoy conforme con el castigo que la Justicia le dio a Vargas por matar a mi hija, pero no estoy conforme con el resultado. Todavía no sabemos qué hicieron finalmente con ella. No sé el lugar donde dejarle una flor. A mi hija nadie me la devuelve", así se refirió Juan Alberto Rodríguez a la condena por el crimen de su hija, sin que se haya podido establecer dónde la dejaron o qué hicieron con el cuerpo.
Las tres semanas de audiencias develaron la pobre investigación realizada por la policía y la Justicia en esos tristes días de 2014, en procura de dar con el paradero de la joven que fue vista por última vez con vida la noche del 4 de mayo de ese año, en la tranquila localidad de Guachipas, al sur del Valle de Lerma y a unos 95 kilómetros de Salta capital.
Esta carencia de elementos terminó por condenar al amansador de caballos Aldo "Gringo" Vargas a prisión perpetua por probabilidades fácticas y acumulación de indicios. No se sabe cómo la mataron y el lugar del crimen. Menos el sitio donde habrían ocultado el cadáver. Sí quedó en claro la relación tormentosa que unía a Vargas y Noelia, las pistas plantadas para desviar la investigación y la cadena de encubrimientos en el cual participaron al menos media docena de vecinos del pueblo que conocían a Vargas y a su mujer, Carina Cardozo.
"Hay más personas que deberían haber explicado por qué mintieron y por qué la fiscal de entonces no detuvo con inmediatez a Vargas y sus secuaces. La historia quizá hoy se hubiera contado de otra manera", le dijo a El Tribuno Juan Alberto Rodríguez.
El hombre soportó escuchar en el juicio que Vargas maltrataba a su hija por el solo hecho de ser mujer, incluso que habría estado embarazada.
"Me hubiera gustado que a los dos (Vargas y Cardozo) les den la misma condena. No estoy del todo conforme. Espero que algún día se encuentren los restos. La familia quedaría más tranquila. Algún día estos condenados y sus cómplices abrirán la boca y sabremos la verdad de dónde está el cuerpo de mi hija", insistió.
Rodríguez no pierde las esperanzas. En estos días en la Sala III del Tribunal de Juicio solo se escucharon testimonios y se observaron gráficas de la gran cantidad de comunicaciones que hubo entre los condenados con la víctima. Se careó a José Cayetano Sulca, el amigo y primo de Vargas, con una joven para saber si mentía sobre una coartada para evitar la cárcel. Tuvo resultado positivo. Cayó en la trampa y fue detenido por encubrimiento y falso testimonio. Pero no hubo nada nuevo. No se ordenaron nuevos rastrillajes o pericias para saber el paradero del cuerpo de la jo ven.
La familia no tuvo asesoramiento para designar un querellante. Los abogados que tuvieron se esfumaron y los dejaron solos. El fiscal penal Pablo Paz fue el único que los acompañó en estas maratónicas audiencias del juicio oral y público. Este detalle no es menor; el pedido de resarcimiento económico de la familia de la víctima se debe hacer por medio de un actor civil.

Condenas y cuentas pendientes

El amansador Aldo Vargas deberá purgar cadena perpetua por el femicidio de la joven Noelia Vargas, mientras que su concubina Celia Cardozo fue condenada a la pena de 20 años por el delito de homicidio simple en grado de coautora, por el mismo crimen ocurrido el 4 de mayo de 2014.
El que zafó, por ahora, de la Justicia es Sergio "Kelo" Villagrán, quien estaba acusado de encubrimiento y fue absuelto por el beneficio de la duda.
Otro que deberá explicar sus contradictorias expresiones sembradas durante la investigación es José Cayetano Sulca (primo de Vargas), detenido en la última audiencia por encubrimiento y faltar a la verdad. Incluso podría haber un nuevo juicio por el mismo hecho.
Otras que deberán explicar en sede judicial por qué incurrieron en falso testimonio para beneficiar a Vargas y Cardozo, son Carmen Videla y Camila Cardozo. Se supo que el fiscal penal Pablo Paz podría apelar sobre el caso de Villagrán, una vez que conozca los fundamentos de la sentencia que motivaron su absolución.

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